Coronavirus: la peste en mi pago

Los casos individuales van de boca en boca y terminan por ser parte del día a día de la vida cotidiana.

Por Raúl “Bigote” Acosta

Los casos individuales no resuelven una pandemia, pero con la peste en mi pago estos, los casos individuales, van de boca en boca y terminan  por ser parte del día a día de la vida cotidiana, tan fuera de cauce o mejor, tan encausada.

El dueño de un yate, de una empresa y un yate, que dijo e hizo: me voy a pasar la cuarentena al yate. De las pestañas y a su casa, multa, escarnio y castigo. Y el del camillero amigo de unos paraguayos con quienes comió, repito, comió con ellos festejando el retorno, un asado, hace unos días y, cuando volvió al trabajo, días después, páfate, estaba enfermo y uno se enoja porque el asado estuvo de mas, no reportar a los paraguayos que habían retornado estuvo de menos, y la fiebre cuando retomó el turno y empezó a “camillear” en el Hospital del Centenario, terminó siendo un peligro. Los casos individuales no salvan, pero si no estuvieran esas transgresiones mejor.

En una fugaz mirada al único sitio de los inventos, a la memoria, recordé aquellas películas con los leprosos vagando fuera de los pueblos, con una campana colgada, tintineando para avisar la llegada. Es tan lejana aquellas pestes en el 700, pero la peste / peste trae las cosas lejanas hasta la puerta. Vamos, el miedo, el miedo a la muerte y la resistencia a ser solidarios son parte de las cosas que están en el umbral. Como el desmadre por comida. Hoy es reflexión y advertencia. Sordos ruidos oir se dejan. Aviso, vendrá el desmadre por comida.

Qué cosa el camillero descuidado. Qué cosa ése Hospital Centenario de Rosario. Construido con aporte de inmigrantes, conmemorando el 1910, año del Centenario de la Revolución de Mayo. Otras épocas. Otros años. Otros inmigrantes. Otro país. Otro mundo,

Hace días que me da vueltas por la cabeza que, con la peste en mi pago, estamos despidiendo definitivamente al Siglo XX. Si: estamos despidiendo al Siglo XX. Por varias imágenes caprichosas. Las agendas del viejo ruso, Moleskine, que se las proporcionaba a Hemingway, Scot Fitzgerald y toda la bandada de los años locos, los años 20 en París, capital del mundo. Hace un siglo, el que miramos. Al que saludamos  con el último adiós que brinda el 2020, con la última lágrima, la del coronavirus. Hoy esas agendas no las usamos mas. Ni como artículo de petimetre demodé, tirada sobre la mesa de utilería, en programas culturosos de tele.

Hoy no se menciona mas que a los años locos se llegó con Lenín, Trotsky y el gordo Stalin en la cima del mundo (no se olviden de Bakunin… y de John Reed, muerto de tifus en Moscú en esos años ’20). No se menciona pero están, de allí venimos. Argentina viene de Europa.

El Siglo XX brindó otra leva, mas allá de la del 14/18 y no hay quien cierre el análisis de la peste sin mentar Europa de pos guerra. El ejemplo que todos entienden del coronavirus azotando la tierra es el de 1945. Eso es Hitler, Mussolini, Japón e Hiroshima. No es fácil dejar India y China fuera del siglo XX, como tampoco del coronavirus y tal vez, solo tal vez, lo que suceda es que ya no importa por quien diablos doblan las campanas y siquiera si hay campanas. Con esta peste decidieron no hacer velatorios en mi pago. Los entierros juntan gente y el rejunte le sirve al virus, vamos, que al virus le sirve el llanto, porque entra y sale por boca, nariz y ojos. Eso dicen. Ojalá no lo sepa nunca de modo efectivo.

Donde se nota que estamos despidiendo al Siglo XX es en la recuperación soñada de la economía. Una suerte de Plan Marshall sin la ironía de García Berlanga. Un plan que llegue y se quede.

Celso Furtado en un libro que aconsejo, refiere a que “todo el dinero que haga falta”, con “tasa negativa mientras sea necesario” permitieron recuperar Alemania, Francia  Italia, en ése orden. El libro: “La Fantasía Organizada”, es su experiencia en la Europa de pos guerra y el Plan Marshall reformulando Estados, recuperando a pueblos como los mencionados: Alemania, Francia, Italia. Celso Furtado era un niño rico que, por su inteligencia, entendió todo en su época.

No es totalmente feliz, excepto por la desgracia colectiva, imaginar una peste mundial como el despelote mundial del Tercer Reich. Acaso en la falta de prevención, las distracciones… fácil decir, para que se entienda, que es una tragedia mundial. Un virus no es la decisión de los hombres por volverse asesinos.

Esta peste, que intentan resolver acusando a un camillero ignorante o un empresario egoísta (dos símbolos fenomenales del Siglo XX) es la primera con redes globales y dirigentes analógicos, los últimos.

Ricos y pobres, inteligencia artificial, virus de probetas, quien vive y quien muere, que se compra y se vende, que se informa y olvida resuelto por algoritmos asépticos es la puerta de entrada. Hola Siglo XXI. Bienvenidos a casa dicen los multichips; ponga “enter” y vamos ya. Usted y yo. Yo con pretensiones de eternidad. Usted ojalá. Si sobrevive al coronavirus, el primero de la serie. Perdón, el primero no, el 19. COVID 19. Los números no están al cuete.