Un diagnóstico de cáncer puede generar diversas emociones, desde profunda tristeza y bronca hasta miedo e incertidumbre. Se trata de la etapa más difícil de afrontar para la mayoría de las personas y tomar conciencia de la imposibilidad de tener todo bajo control es uno de los aspectos más complejos de transitar, por lo que el rol de la familia y los amigos será clave en la evolución del paciente.

los profesionales van a proponer desde el conocimiento científico, pero las decisiones serán siempre del paciente

A partir de este diagnóstico, el círculo íntimo intentará ayudar como sea posible. Es primordial entender que cada caso es individual y que lo que es útil para algunas personas no lo será para otras. La escucha es una herramienta fundamental en el acompañamiento, y darle espacio al paciente para expresarse es tan importante como acompañarlo. Preguntarle cómo se siente, qué necesita y qué quiere será más beneficioso que cualquier sugerencia o consejo que, en el afán de ayudar, puede confundir y desestabilizar aún más.

Paciente y protagonista

Considerar que el paciente es el personaje principal o protagonista, y que familia y amigos cumplen un rol secundario ayuda a ubicarse en la situación. Del mismo modo, el paciente es el principal integrante del equipo de salud. Esto significa que los profesionales van a proponer desde el conocimiento científico, pero las decisiones serán siempre del paciente; y es importante que la familia pueda también darle ese lugar a elegir. Acompañar en este caso significa respetar la necesidad de su ser querido, con el objetivo de hacer lo que realmente es mejor para él o ella.

Se debe tener en cuenta que muchas veces el paciente se identifica con la enfermedad al punto de perder identidad por fuera de ella. Deja de ser una persona con diversos roles para pasar a ser un enfermo de cáncer; donde estudios y tratamientos ocupan gran parte del día a día y todo ello pasa a ser tema exclusivo de conversación. En cuanto al círculo más cercano, es tanta la atención puesta en el paciente, que lo que le sucede a la familia a nivel emocional queda en un segundo plano y en muchos casos puede jugar en contra al aspecto psicológico de quien padece la enfermedad y en definitiva de todos los integrantes de la familia.

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Pausa mental

Cabe destacar que el impacto de una enfermedad, desde una gripe hasta un cáncer, es una señal de alerta que le está diciendo al cuerpo que necesita parar. Sin embargo, muchas veces la mente no responde a esas mismas indicaciones. Cuando eso sucede, es necesario hacer una pausa en nuestra mente y buscar ayuda.

Es vital aceptar que tanto el paciente como la familia necesitarán fortalecerse y contar con el sostén y guía de profesionales. Ya sea a través del propio profesional que diagnostica la enfermedad, como psicólogos o grupos de apoyo que puedan ayudar a afrontar esta situación.