Durante miles de años, los humanos vivimos de acuerdo con los ritmos impuestos por la naturaleza, ya sea para dormir o para comer. Pero después de la invención de la electricidad, la televisión, internet y los teléfonos inteligentes, la oscuridad no es inevitable, por lo que ya no significa mucho para los miles de millones de personas que viven en áreas urbanas.

Del mismo modo, los puestos de los supermercados tampoco acompañan el ritmo de los “alimentos de estación” desde hace mucho tiempo. No hacemos más comidas a horas fijas, cada uno desayuna almuerza y cena cuando puede o cuando quiere.

¿Cuáles son las consecuencias para el organismo, muchas de cuyas funciones se rigen por ritmos estrictos? ¿Podría la desregulación de nuestros estilos de vida estar relacionada con la explosión de enfermedades metabólicas observadas en la mayoría de los países del mundo? ¿Reajustar la ingesta de alimentos en nuestros ritmos biológicos puede ser beneficioso para la salud?

Un proyecto de Lausana-Ginebra que tiene como objetivo estudiar los ritmos biológicos relacionados con la dieta para comprender mejor los trastornos metabólicos como la obesidad y la diabetes arrojó varias respuestas a estas hipótesis y por ello recibió el Premio Leenaards 2019 para la investigación médica traslacional.

“Cuando se habla de alimentos, la mayoría de los consejos de los profesionales se centran solo en la cantidad y en el tipo de calorías ingeridas, por lo que es muy probable que el impacto del momento de la ingesta de alimentos y la frecuencia con la que se los consume hasta ahora haya sido subestimado “, señala Tinh-Hai Collet, director médico en el Departamento de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo del Centro Hospitalario de la Universidad de Vaud (CHUV), que codirige la investigación. El científico desarrolló un protocolo que evaluará en voluntarios la existencia de una desincronización entre el ciclo de vida y el reloj interno, así como el papel de este cambio en la aparición de problemas metabólicos.

“Solo podemos notar que el consejo dietético que damos no es efectivo para todos, incluso en pacientes que los siguen diligentemente. Así que es hora de tratar de explorar otras formas “, dice el Dr. Tinh-Hai Collet. Los voluntarios responderán un cuestionario para determinar su cronotipo, es decir, si son más bien madrugadores o de levantarse tarde. Luego se utilizarán análisis de sangre para establecer perfiles biológicos e identificar personas con trastornos metabólicos.

“La parte innovadora de nuestro enfoque se basa en el análisis, a través de una biopsia de piel y los relojes biológicos de los participantes”, dice el especialista. Esta técnica, utilizada en el laboratorio de la doctora Charna Dibner del Departamento de Medicina y Fisiología Celular y Metabolismo de la Universidad de Ginebra (UNIGE), consiste en estudiar la expresión de genes presentes en la dermis y cuya actividad refleja los diferentes relojes que rigen el funcionamiento de nuestras células.

Según los autores la crononutrición es un campo nuevo y prometedor para la medicina, y será preciso seguir investigando para dilucidar si el cronotipo modifica la asociación entre la dieta y los resultados de salud cardiometabólicos. En conclusión, se requiere más investigación para comprender la interacción entre los resultados de cronotipo, crononutrición y salud cardiometabólica.