Tiene 30 años y trabajaba junto a su hermano en una pizzería del macrocentro. En su casa hallaron elementos que lo comprometen con la causa.

Siete de las nueve víctimas de una saga de abusos sexuales y robos denunciados desde enero pasado hasta los primeros días de este mes en distintos barrios de la ciudad, reconocieron ayer en una rueda de personas a Pablo Nicolás B. como el hombre que las atacó.

Tras esa medida, realizada en el Centro de Justicia Penal bajo la atenta mirada de la fiscal de la Unidad de Delitos Sexuales Alejandra Raigal, el sospechoso quedó detenido. Y la mañana del domingo será llevado a una audiencia imputativa bajo los cargos de abuso sexual agravado, abuso sexual simple y robo. En su contra no sólo jugará el reconocimiento que ayer hicieron las mujeres ultrajadas. Sino también una serie de elementos secuestrados en tres allanamientos.

La trama oscura de esta serie de abusos empezó a develarse la noche del jueves cuando agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) realizaron un procedimiento en el cual fue detenido el sospechoso. Para llegar al hombre ahora detenido fue necesario el trabajo de peritos informáticos que permitió el mejoramiento de las imágenes captadas por domos municipales y cámaras de videovigilancia privadas sobre la moto negra en la que se conducía el agresor para cometer sus delitos, según las denuncias radicadas. En ese marco “se logró obtener la totalidad de los números de la patente de ese rodado, los que fueron coincidentes con los números aportados por una de las víctimas en su declaración”.

En una pizzería

Con esa información en sus manos, los pesquisas y la fiscal Raigal lograron identificar al titular de la moto e ir tras él. Así las cosas la funcionaria del Ministerio Público de la Acusación libró tres órdenes de allanamientos. La primera se realizó en una pizzería de Zeballos al 2000 donde en horario nocturno trabajaban tanto el agresor como su hermano, identificado como Sergio Ignacio B., quien anoche quedó desvinculado de la causa ya que las víctimas no lo reconocieron.

En ese local comercial fueron apresados los dos hombres y se secuestraron dos motos, una de ellas una Honda CB dominio 863JMT, el que una de las víctimas logró aportar a la investigación. También se incautaron cascos de color negro (uno de ellos similar al captado por las imágenes de las cámaras de seguridad) y un camperón azul y amarillo también mencionado por las mujeres abusadas.

Ya en la PDI, Pablo Nicolás B. “admitió de forma espontánea la comisión de los hechos que se le imputan, desvinculó a su hermano y manifestó sus datos personales y su domicilio actual”, según refirieron pesquisas policiales. Asimismo comentó que en su domicilio real tenía algunos de los elementos robados y que en la casa de su pareja guardaba su vestimenta, entre las cuales había prendas usadas en los hechos que se investigan. Claro que esa declaración carece de sustento judicial y recién será válida cuando la ratifique o no delante de un juez y en presencia de la fiscal.

Siguiendo con los procedimientos, los policías allanaron ayer a la mañana el domicilio legal del sospechoso, ubicado en Ocampo al 400, donde no hallaron elementos vinculados a la causa. Luego se dirigieron a un departamento de pasillo de Moreno al 3700, donde según la declaración primaria de Pablo B. residía actualmente y tenía alguno de los objetos robados en los hechos cometidos.

En la casa

De esa manera, en el departamento 2 de ese pasillo se encontraron tres cajas con juguetes que el acusado había sustraído en el último de sus ataques, una librería y juguetería de España al 3800 en la cual no abusó de la empleada pero si robó. Y también los pesquisas se llevaron de ese departamento una caja blanca como las que utilizan los repartidores de deliverys similar a la que describieron las víctimas además de un casco blanco para motociclistas.

Mientras los policías allanaban el lugar se hizo presente una joven que dijo ser pareja de Pablo B. y que, más allá de la sorpresa que se llevó por la presencia policial en el lugar y el motivo por el cual los agentes estaban, no se interpuso a la requisa, que derivó en el secuestro de ocho precintos plásticos negros como los que usaba el abusador para maniatar a las mujeres, vestimentas como las descriptas por las mismas en sus denuncias y tres teléfonos celulares en desuso, los cuales habrían sido de propiedad de la joven.

Los nueve hechos que investiga la fiscal Raigal fueron agrupados bajo la sospecha de haber sido cometidos por un mismo atacante con un patrón serial. No sólo por la mecánica de los ataques sino porque todas las víctimas reconocieron al agresor en un fotofit efectuado por una de esas mujeres y que tuvo trascendencia pública. Esa imagen comenzó a circular luego de que Jorgelina, dueña de una veterinaria de San Nicolás al 300, contara a La Capital su historia el pasado 4 de julio. Esa mujer, de 42 años, logró echar al agresor de su negocio amenazándolo con una tijera cuando éste le exigió que le practicara sexo oral. A partir de esa experiencia contactó a otras mujeres que habían sufrido la misma situación.

Siempre igual

De los nueve casos denunciados, siete hechos fueron cometidos en comercios y dos en la calle. Tres abusos fueron con acceso carnal, cuatro fueron abusos simples y en dos ocasiones el agresor se limitó a robar. En la mayoría de los episodios se pudieron obtener muestras biológicas que ahora permitirían realizar un cotejo genético con el hombre apresado. Un rasgo reiterado es que las víctimas son muy jóvenes: siete de ellas son chicas de entre 17 y 20 años; y las otras dos, de más de 40.

La mecánica siempre fue similar. El abusador llegaba a un negocio atendido por una mujer y consultaba por un producto u ofrecía un servicio. Luego se retiraba y al rato regresaba para cometer el robo seguido de un ataque sexual. Así ocurrió en la veterinaria de Jorgelina, donde preguntó el precio de unas cuchas para perro, dijo que tenía que consultarlo con su esposa y volvió más tarde para ejecutar el robo e intentar el abuso.

Una vez adentro asumía su rol de asaltante y realizaba el ademán de portar un arma. Incluso, una de las víctimas dijo haber visto un arma que parecía de juguete. Exigía dinero y obligaba a las mujeres a encerrarse en el baño. Las ataba de pies y manos con precintos plásticos que llevaba para la ocasión (como los hallados en los allanamientos de ayer) lo que da cuenta de la planificación de los ataques y a continuación cometía los abusos. A una de las víctimas llegó a atarle el precinto al cuello y amenazó con estrangularla. Después huía con sumas de dinero a veces escasas, de 1.500 a 5.000 pesos. En uno de los hechos también sustrajo una notebook. Nunca robó celulares, lo que daría cuenta de que siempre evitó ser rastreado.

La saga

El primer caso de la saga ocurrió el 7 de enero en Buenos Aires al 3400. El siguiente se registró tres meses después: el 28 de abril en Riobamba al 300. En esta ocasión el agresor entró al local comercial con un arma, llevó a la víctima al baño, la ató con precintos, le bajó la ropa y la tocó pero no llegó a violarla y se masturbó. A las tres semanas, el 14 de mayo, una mujer fue abordada en pasaje Blanque y Mitre por un hombre que la obligó a practicarle sexo oral.

A los seis días hubo otro ataque, el lunes 20 de mayo en Sarmiento al 3400, a metros de la comisaría 15ª, violó a una chica de 19 años en una librería tras comprimirle el cuello con un precinto. En junio, tres casos se reiteraron en una misma semana. El lunes 24 en Uruguay al 1100, el miércoles 26 en Londres y pasaje Hopkins, y el jueves 27 en la veterinaria de San Nicolás al 300.

En tanto en julio, la noche del día 9 abusó de una joven en cercanías de la Facultad de Medicina y un día más tarde atacó a la empleada de una juguetería de España al 3800 a la que sólo le robo algunos artículos que ayer fueron recuperados en la casa del agresor.