Comenzó a formarse en el deporte en Santa Fe cuando tenía 15 años. A los 20, se mudó a Mendoza a estudiar la carrera de Guía de montaña. Viajó a Perú para terminar la parte práctica de sus estudios y recibirse.

Juan Pablo Cano conoció su verdadera pasión a los 15 años. Al por ese entonces adolescente oriundo de Santo Tomé se le despertó la curiosidad por la montaña y ese particular estilo de vida, por lo que decidió aprender en Santa Fe las nociones básicas sobre montañismo.

Un santafesino murió en Perú practicando alpinismo

Tal fue el interés que le generó el deporte, que una vez que fue mayor, decidió radicarse en la ciudad de Mendoza para estudiar la carrera de Guía de alta montaña y dedicar su vida a eso. Desde ese momento se perfeccionó en una gran pasión que comenzó de la mano de Ulises Luna, en un gimnasio de escalada santafesino.

El viaje de Juan Pablo a Perú, lugar donde perdió la vida el fin de semana mientras escalaba el nevado Caraz, se dio en el marco de ese perfeccionamiento. Para otorgar el título profesional, la escuela de Guías de montaña pide, además de aprobar todas las materias, un “currículum deportivo” que incluye este tipo de travesías. El joven transitaba el último año de la carrera y decidió viajar para engrosar su CV, presentarlo, y finalmente ser guía de montaña.

Su amigo Ulises contó que está en constante contacto con la familia de Juan Pablo y que aún no se conocen los motivos del accidente en el que murió el montañista: “Ni siquiera los rescatistas peruanos que estuvieron a cargo de la evacuación de los cuerpos todavía han emitido un comunicado; podrían ser miles de cosas pero no decimos nada porque no queremos hablar de algo que quizás no sea”, explicó.

La carta de la familia del alpinista santafesino que murió en Perú

“Juan Pablo era un chico muy educado, muy compañero, se hacía querer por todos en todos lados. Los escaladores de la ciudad estamos muy conmocionados”, indicó Ulises que compartió todo abril con el chico de 24 años que había llegado a Santo Tomé a visitar a su familia antes de partir hacia Perú.

“Contagia ver a un chico con una sonrisa de oreja a oreja y que respiraba montaña. Era su vida, su pasión: por ahí se van las ersonas que no se deberían ir”, concluyó su amigo.