Según la Organización Mundial de Gastroenterología, los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se ingieren en las cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud de quien los consume. Se trata de bacterias o levaduras que están presentes en alimentos, medicamentos o suplementos dietéticos.

A pesar de que los yogures están asociados con una importante cantidad de probióticos, existen otras comidas que contienen bacterias beneficiosas para la intestino, de forma natural. Algunos de ellos son:

  • Chocolate negro: el chocolate de alta calidad posee cuatro veces más cantidad de probióticos que los lácteos diarios que digerimos.
  • Pepinillos, aceitunas y vegetales en vinagre: son una fuente extraordinaria de probióticos, ya que la mayoría de las salmueras contienen en algún grado un valor microbiano.
  • Chucrut: extremadamente rico en cultivos vivos y sanos. Asimismo se recomienda para contribuir a disminuir los síntomas de las alergias.
  • Levadura de cerveza: considerada como probiótico, es rica en nutrientes como cromo, vitaminas B, proteína, selenio, potasio, hierro, zinc y magnesio.
  • Quesos blandos: algunos quesos como el gouda contiene lactobacilos fundamentales para la salud de la flora intestinal y el buen funcionamiento del sistema inmune.
Sobre los estados de ánimo

Las investigaciones revelan que poseemos una red neuronal que cubre el aparato digestivo. Este universo microscópico puede potenciar tratamientos como el de la obesidad, la diabetes, las enfermedades inflamatorias, las autoinmunes u otras neurodegenerativas como el párkinson. Ahora un nuevo camino explora su influencia en las emociones.

“Hay un meta análisis -conjunto de herramientas estadísticas- hecho con una muestra de treinta y cuatro controles clínicos donde se demuestra la evidencia que relaciona el efecto antidepresivo y ansiolítico de los probióticos en poblaciones que tienen la tendencia”, explica a ConBienestar la licenciada Silvina Tasat (MN 1495), miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).

Estos organismos vivos son beneficiosos para personas con enfermedad mental
El neurobiólogo Michael Gershon, ‘El Leonardo del intestino’, que en 1998 rebautizó este órgano como el segundo cerebro, descubrió que las serpenteantes tripas del estómago son inteligentes, tienen neuronas, capacidad emocional e incluso un sistema nervioso autónomo (llamado entérico) diferente del central. Entre ambos se comunican sin parar.

En la práctica

Una mujer deprimida, angustiada, sin energía, con una fuerte alergia al sol y dolores de estómago consultó con Jesús Mier, psicólogo pionero en el estudio de las bacterias buenas en España. Llevaba años visitando especialistas y se consideraba irrecuperable. “Con cambios en la dieta, un aporte de suplementos regeneradores de la flora, un entrenamiento de relajación del sistema nervioso y ayuda para que pudiera verbalizar sus recuerdos y enfrentarlos, estaba recuperada a los seis meses”, señala el responsable de Vidalia Salud, un Centro de Psicología y Escuela de Bienestar de Santander.

“Estos organismos vivos son beneficiosos para personas con enfermedad mental”, dice Sari Arponen, especialista en Medicina Interna del Hospital de Torrejón Ardóz (Madrid) y doctora de Psiconeuroinmunología Clínica. Los primeros apuntes señalan que la ansiedad, la irritación y la hiperactividad podrían tratarse con psicobióticos. “Pueden reducir el estado inflamatorio provocado por un desequilibrio en la microbiota y que se muestra en patologías neuropsiquiátricas. Además, calman los ejes del estrés crónicamente activados”, declara.

Entre las investigaciones que avalan la eficacia de los lácteos llamados probióticos hay un estudio del Centro de Neurobiología del Estrés de Los Ángeles (California) realizado a 60 mujeres sanas que tomaron yogures normales y el mismo número optó por otros enriquecidos especialmente durante dos semanas. Los resultados concluyeron que aquellas que ingirieron los que presentaban mayor número de bacterias respondían mejor frente a situaciones de estrés. Pero la comunidad científica recomienda cautela porque estos no proveen los mil millones de bacterias vivas de una misma familia necesarias para movilizar la microbiota.