Muchas personas tienen por costumbre poner la alarma del despertador o del celular entre diez y quince minutos antes de la hora en la que realmente quieren levantarse a la mañana e ir apagándola cada vez que suena, la popular opción snooze. Se cree que con este sistema uno se puede ir desperezando de a poco pero, en realidad, es lo peor que se puede hacer.

El sueño cumple ciclos que le permitan al cuerpo recuperarse durante la noche y prepararse para encarar la próxima jornada. Si esto se ve alterado, el organismo sufre las consecuencias.

Cuando te despertás y te volvés a dormir iniciás un nuevo ciclo de sueño y cuanto más lo interrumpís, más confundís y cansás al cerebro. El resultado de esto es que iniciás tu día más cansado de lo normal y de peor humor. Es decir, que la estrategia para lograr levantarte perjudica tu bienestar para el resto de la jornada.

Por otro lado, esos “5 minutitos más” en los que postergás el despertador también podrían arruinar tu rendimiento. Según Robert S. Rosenberg, director médico del Centro de Trastornos del Sueño en Prescott Valley, de Estados Unidos, esta costumbre provoca somnolencia persistente.

“Apagar la alarma y volver a dormir ralentiza tu capacidad para tomar decisiones; hay un deterioro en la memoria y, en general, se ve perjudicado tu rendimiento”, consignó el experto.

Ante es existe una solución sencilla: dejá de lado el snooze y poné alarma cuando realmente pensás levantarte. Aunque al principio pueda parecer muy complicado, si lográs repetir esta acción durante 66 días ya lo vas a convertir en un hábito y no te supondrá tanto esfuerzo.