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Es el efecto de la pérdida de matrícula y el aumento de la morosidad. En algunos casos tuvieron que fusionar cursos por la caída de estudiantes. Subió también la cantidad de trámites para pedir becas y ayudas económicas.

El aumento en las tarifas de servicios públicos y las dificultades económicas que atraviesan las familias de sus alumnos, ponen en jaque a las escuelas de gestión privada. La pérdida de matrícula y el crecimiento de la morosidad en el pago de las cuotas o los pedidos de becas afectan tanto a las instituciones más costosas como a las que prestan sus servicios en contextos más vulnerables. En algunos casos, hasta se fusionaron cursos por la caída de alumnos.

“La situación es más que preocupante. La pérdida de la capacidad de consumo de las familias está produciendo una baja de matrícula en muchas escuelas. De hecho algunas ya tuvieron que cerrar divisiones”, advierte el presidente de la Federación Santafesina de Instituciones Educativas Privadas (Fesaiep), Osvaldo Gallardo.

La entidad representa a las escuelas de gestión privada que no dependen de la Iglesia Católica. Instituciones laicas o de otros credos que, en el sur provincial, suman una centena de colegios y una universidad privada.

El inicio del ciclo escolar causó zozobra en muchos institutos terciarios de gestión privada, donde la migración de alumnos hacia escuelas oficiales se manifestó en forma rotunda. Pero los colegios de nivel primario, secundario y especial tampoco fueron ajenos a la pérdida de alumnos. Sobre todo estos últimos, también afectados por el recorte de subsidios de discapacidad.

Desde la Fesaiep advierten que desde que comenzó el año se nota “un corrimiento” de los alumnos desde colegios de mayor valor hacia instituciones con cuotas más económicas.

“La gente reconoce nuestros servicios y se somete a todo tipo de privaciones para mantener la escuela de los chicos, pero hay límites”, señalan y cuentan que en las tesorerías de los colegios se viven situaciones de “papás que sacan créditos o que venden un auto para, entre otras cosas, ponerse al día con la deuda del colegio”.

El pedido de becas o de ayudas económicas para los chicos es otra de las novedades que se presentaron este año escolar. Según los colegios, estos trámites aumentaron entre un 10 y un 15 por ciento.

Uno de cada tres

En Santa Fe hay 834 establecimientos educativos de gestión privada, que albergan a unos 200 mil estudiantes. En el nivel primario, el 70 por ciento de los alumnos asiste a colegios estatales, mientas que el 30 por ciento está matriculado en colegios privados. En el nivel medio, los porcentajes son similares: 68 y 32 por ciento, respectivamente.

Gran parte de los colegios recibe un subsidio del gobierno provincial para el pago de salarios. Del presupuesto del año pasado, la asistencia económica representó unos 9.000 millones de pesos.

Los montos de los fondos públicos que recibe cada colegio se ajustan a la planta docente de cada establecimiento, cubriendo, según los casos, entre el 100 y el 40 por ciento de los cargos.

De acuerdo a estos porcentajes de ayuda estatal se fijan distintos topes a las cuotas que pagan los alumnos. El último aumento de cuota autorizado fue en marzo pasasdo; desde entonces los aranceles oscilan entre 1.500 y 6.800 pesos para las instituciones subvencionadas.

Una situación crítica

El secretario ejecutivo de la Fesaiep, Carlos Arrebora, destaca que “los subsidios están destinados sólo a afrontar sueldos y cargas. Pero en algunos colegios este aporte no alcanza al ciento por ciento del personal. Muchas veces hay un divorcio entre el subsidio formal y el real. En la mayoría de los colegios, entre el 80 y el 90 por ciento de los ingresos está destinado a afrontar sueldos. Y apenas queda un diez por ciento para sostener la infraestructura y los servicios”.

En medio de esta situación, a la caída de la matrícula se suma el aumento de las tarifas de energía eléctrica, gas y agua, y los servicios relacionados con el mantenimiento escolar.

“Los edificios escolares son construcciones de alto uso, con alto consumo de servicios públicos y sobre los que hay que estar interviniendo constantemente, reponiendo materiales e instalaciones. Además si bien somos instituciones sin fines de lucro no tenemos descuentos en las tarifas de electricidad ni de gas”, explica Arrebora.

Por esto, desde la Fesaiep están gestionando ante Educación que se autorice a las escuelas incorporar en las cuotas parte de esta inversión. “El perfil que se conoce de la educación privada, el de Capital o el Gran Buenos Aires, no se condice con la realidad de las escuelas de nuestra provincia. No son empresas comerciales y son contadas con los dedos de las manos las que tienen cuotas por fuera de lo que fija la provincia. Incluso hay poblaciones donde las escuelas privadas son la única oferta educativa”, destaca.

Mientras tanto, los ingresos que no llegan con las cuotas se suplantan con aportes de las comunidades a las que pertenecen las escuelas: de cooperadoras, fiestas, rifas o kermeses. Incluso, en el caso de algunas escuelas especiales, con aportes económicos de los mismos docentes que ayudan para que las cuentas cierren.

>> Señales de alerta

Desde el gremio que nuclea a los docentes de escuelas de gestión privada (Sadop), señalaron que a los colegios “les caben las generales de otros rubros de la economía” y, si bien no hay instituciones que hayan presentado procedimientos de crisis, sí algunas registran atrasos en el pago de sueldos o han suscripto convenios para abonar jubilaciones o contribuciones patronales. “Hay mucha incertidumbre”, sostuvo el secretario general de Sadop Rosario, Martín Lucero. Las situaciones más agudas se registran en los institutos de educación superior, “donde se empiezan a notar primero las grandes migraciones de alumnos, ya que generalmente en la primaria o en la secundaria los padres tratan de mantener el proyecto educativo que eligieron para sus hijos”, explicó.