En la mayoría de los centros médicos, sólo se hacen exámenes psicofísicos cuando un profesional se incorpora.

Luego de que un médico pediatra del Hospital Garrahan quedara detenido por producción y distribución de pornografía infantil y aparecieran, en el marco de esta causa, fotos de niños con camillas de fondo, surgieron dudas sobre los controles dentro del ámbito de salud. Se confirmó con médicos y autoridades que no existen protocolos de acción para chequear psicológicamente a los especialistas que trabajan con chicos. Desde el Garrahan no quisieron responder sobre este punto. Negaron a través de un comunicado que se hayan encontrado imágenes registradas en el interior del hospital. Y se presentaron como querellantes en la causa iniciada contra Ricardo Russo.

Revisiones

“Se hace una revisión psicofísica cuando el médico ingresa al hospital. En adelante, no hay chequeos periódicos ni protocolos. La estructura está formada por jefaturas y coordinaciones que controlan. Pero están más atentos a temas de horarios, no a la práctica en sí. La relación médico-paciente se da en un ámbito de privacidad”, explica Oscar Trotta, ex miembro del Consejo Directivo del Garrahan. Y actual director del Instituto de Políticas Sociales y Acceso a la Salud de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad.

A su vez, aclara que “se atiende al niño acompañado de un familiar responsable”. La excepción, afirma, se da cuando se trata de un adolescente y el joven pide lo contrario. “En esos casos, el médico puede solicitar que otro profesional se sume a la consulta. Incluso las internaciones son en conjunto”, destaca.

Trotta, que fue uno de los referentes a cargo del Garrahan entre 2012-2017, cuenta que en esa época Russo ya era jefe de servicio. Pero que no llegó a tener una relación personal con él. “En el hospital son unos 4.500 empleados. Del total, alrededor de 450 son jefes. Este era uno más, todos quedamos anonadados”, remarca.

Falta de protocolos

Eduardo López, jefe del departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, sostiene que allí tampoco cuentan con un protocolo. “Hablamos con psicólogos pero son interconsultas que pedimos nosotros para tratar la situación de algún paciente. También contamos con un comité de Docencia e Investigación que realiza un seguimiento tácito de los residentes”, detalla López. En tanto, los especialistas deben realizar un test psicológico cuando son ascendidos. Si esto hubiera ocurrido en el Garrahan, la última evaluación a Russo tendría que haber sido hace 11 años cuando lo nombraron jefe del área de Inmunología y Reumatología.

López coincide con Trotta en los lineamientos básicos que tienen que ver con “no atender a los chicos solos, salvo que sean adolescentes y lo pidan”. “Hay charlas para los médicos que ingresan al hospital. En esos encuentros se destaca esa cuestión. Lo mismo con no revisar a los pacientes con la puerta cerrada con llave”, agrega.

Examen psicofísico

Celeste Celano, jefa de Pediatría del Sanatorio Modelo de Caseros, afirma que en esa clínica se hace un examen psicofísico cuando el profesional se incorpora pero que, en adelante, no existen otros controles semestrales o anuales. “Los jefes de servicio realizamos entrevistas con los médicos, además de estar encima de los pediatras cotidianamente para verificar cómo es el trato con los pacientes y el contacto con los padres”, expresa.

“A veces el paciente de 13 o 14 años quiere estar solo en el consultorio porque le da vergüenza compartir el momento con sus padres. En esos casos, pedimos que el familiar espere en el pasillo. Si no está el padre o la madre, hay pediatras que deciden no atenderlo para evitar sospechas o malos entendidos”, suma Celano.

Según Javier Indart de Arza, que forma parte de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría, “no existe un protocolo pero sería ideal contar con una herramienta de ese estilo”.“No tengo muy claro cómo debería ser ese protocolo porque no es fácil detectar este tipo de situaciones. A la vista, estas personas pueden parecer maravillosas y ser aceptadas socialmente. Suelen ocultar muy bien su identidad”, advierte. A pesar de esta dificultad considera que sería bueno que “les hagan controles psicológicos a los médicos en algún momento de la práctica profesional”.

Necesidad de prevenir

Javier Moral, abogado de una de las víctimas de Jorge Corsi, el psicólogo condenado por abuso sexual infantil y pedofilia en 2012, insiste sobre la falta de acciones para prevenir estas prácticas y la importancia de modificar esta realidad. “Entre paciente y médico existe una relación asimétrica. Hay dominación por ser un mayor sobre un menor y se agrava por tratarse de un profesional que hasta tiene cierta licencia sobre el cuerpo del niño”, dice Moral y resalta como otro punto alarmante que la Justicia tampoco obliga en estos casos a apartar al acusado de su cargo.

“El fallo de casación penal Juncos-Possetti de 2018, sobre un caso de abuso sexual infantil, estableció un test de evaluación que debía utilizar el cuerpo médico forense para detectar situaciones de pedofilia en imputados. Creo que una guía de estas características debería usarse para chequear a los profesionales que estén en contacto con niños”, opina Moral.

La gestión del Garrahan es mixta, depende de la Nación y la Ciudad. Desde la Secretaría de Salud de la Nación ratificaron que no cuentan con protocolos vinculados a chequear el estado psicológico de los profesionales. La Ciudad también fue consultada sobre este tema pero no respondió.

Al enterarse de lo ocurrido, desde el Hospital Garrahan decidieron apartar a Russo de su cargo. Así lo destacan en un comunicado en el que volvieron a manifestar “su total repudio y condena de toda acción que vulnere los derechos de un niño”. Como parte del mismo texto informaron que “las autoridades del hospital han decidido que la institución se constituya como particular querellante”.

La causa está a cargo Daniela Dupuy, de la Fiscalía Especializada en Delitos Informáticos de la Ciudad. Interviene la jueza en lo Penal, Contravencional y de Faltas N° 24, María Alejandra Doti.