Salomón y Chamala Vázquez, arriba. Monchi Cantero, Pillín Bracamonte y Mariano Ruiz, en julio de 2011.

Daniel Vázquez quedó procesado junto a líderes de Los Monos por lavado de dinero. Le atribuyen 17 viviendas, 7 taxis, dos edificios sin soporte legal.

Es común en Rosario que las historias de actores destacados de la criminalidad local se escriban mucho antes en la prensa que en las agencias que investigan el delito. La de Daniel Germán Vázquez salió la semana pasada de su ámbito vaporoso con una resolución de la Justicia Federal. La misma lo señala por haber amasado un patrimonio vasto en contacto con miembros conocidos de la banda de Los Monos.

Capitalización de la violencia

A este hombre nacido en el corazón de barrio Tablada hace 41 años no lo acusan en concreto de ningún hecho violento. Sino de haber capitalizado la violencia de otros para volverse un magnate de bajo perfil mediante lavado de dinero. Le atribuyen haber destinado fondos del delito para comprar 17 inmuebles en la ciudad, siete taxis, acciones en una estación de servicio. También dos casas de fin de semana, un establecimiento rural cerca de Rosario, un edificio entero en Seguí y Maipú y otro en Gaboto y Maipú.

En el procesamiento que Daniel “Chamala” Vázquez recibió la semana pasada por blanqueo de activos del narcotráfico cobran ahora explicación formal historias que se contaron al menos desde hace nueve años. También se menciona en la resolución a Sergio Ramón, conocido como “Teto” y sindicado como el otro miembro de una mentada asociación familiar: los hermanos Vázquez, conocidos en zona sur como “Los Gordos”.

En un informe de la Unidad de Información Financiera (UIF) se anotan referencias sobre el poderío económico de los Vázquez que hasta ahora sólo sonaba como una fábula urbana. También se detallan, partida por partida, los inmuebles que fue comprando Daniel tal como están inscriptos en el Registro de la Propiedad de la provincia: terrenos en Gaboto, Piñero, casas y edificios en calles de la zona sur de Rosario.

Invisible

Tanto como para asegurar sus inversiones Chamala Vázquez dedicó esfuerzos a ser invisible. Atravesó situaciones complicadas como ataques a su casa sin salir de la penumbra. Pero nada complicó tanto su culto al anonimato como una imagen que recorrió los medios de todo el país. Fue una foto en un cumpleaños de una hermana del Pájaro Cantero, entonces líder de Los Monos, acompañado por el líder de la barra brava de Rosario Central, Andrés “Pillín” Bracamonte, por el asesor financiero del grupo, Mariano Ruiz, y por Ramón “Monchi” Machuca.

Esa imagen que cristalizaba una conexión entre facciones del delito y barras líderes de los mayores clubes de la ciudad fue un golpe fuerte para el afán de reserva de Chamala. La foto fue tomada en julio de 2011 en un conocido salón de La Florida. Ocho años después tres de los que aparecen allí —Vázquez, Ruiz y Machuca— figuran procesados juntos en la resolución del juez federal Marcelo Bailaque por lavado de activos, que incluye a referentes de Los Monos: Ariel “Guille” Cantero, Máximo “Viejo” Cantero, Patricia “Cele” Contreras y Lorena Verdún.

Las primeras menciones

El 8 de octubre de 2010 una casa de dos plantas adjudicada a Chamala Vázquez, en Maipú 3335, fue acribillada con 15 balazos, en un episodio nunca aclarado. Una crónica policial refirió al día siguiente la dificultad para identificar al dueño.

“Algunos lo vinculan al rubro inmobiliario y sostienen que es dueño de dos edificios de departamentos cercanos a su vivienda, más precisamente en Maipú y Seguí, y en Maipú y Gaboto. En tanto, otros voceros arriesgan que esa «es sólo una pantalla utilizada por el hombre para encubrir otro tipo de negocios ligados al mundo de la droga y la barra brava de Newell’s»”, se apuntaba en la crónica.

El miércoles 22 de enero de 2014 la violencia tocó la puerta de Teto. Dos hombres pararon en moto frente a un pasillo en Colón entre Biedma y Presidente Quintana. Uno de ellos bajó armado y se internó en el corredor. Llegó hasta la mitad del paso y encontró a uno de los dueños de casa saliendo de la pileta que tiene en el fondo. Podría haberlo matado pero eligió dispararle a las piernas, como si fuera una advertencia. Teto quedó tumbado en el piso mientras el tirador subía a la moto y huía ante la vista de decenas de vecinos, empujados a la calle pese al calor agobiante a raíz de un corte de luz en la cuadra. El caso no fue esclarecido.

Desde Corrientes

Aunque Teto, de 39 años, no está mencionado en ninguna investigación local reciente, sí fue aludido en septiembre de 2016 en un juicio en el que un Tribunal Federal Oral de Corrientes condenó a tres personas por transporte de drogas. El fiscal Carlos Schaefer dijo que el correntino Elías Sánchez era proveedor a gran escala de marihuana a Los Monos y pidió que se continuara la pesquisa sobre posibles cómplices de Sánchez, entre ellas la línea que llega a Rosario.

“En Rosario estaba uno de los líderes: Vázquez”, declaró ante el tribunal el gendarme C.A.S. Este uniformado relató que a inicios de 2012 a partir de un procedimiento del Escuadrón 47 de la ciudad correntina de Ituzaingó comenzaron a seguir a una organización que compraba droga en la zona y así dieron con Sánchez. Le intervinieron el celular y comenzaron a escucharlo. Así saltó a la luz que El Correntino tenía “contacto, con gente de Paraguay y en Rosario con Los Monos”.

Schaefer requirió que se “continúe la investigación” sobre cinco personas. Una de ellas, según lo mencionó por nombre y apellido, era Sergio Ramón Vázquez. Sánchez terminó incluido en la causa Los Patrones en la que por primera vez, en 2018, condenaron a los líderes de Los Monos por narcotráfico en Rosario.

Más testigos

Los hermanos Vázquez fueron señalados también por Arón Treves, testigo protegido en la causa provincial de Los Monos, como abastecedores de la familia Cantero. Tuvieron una presencia importante en la barra brava de Newell’s que llevó a que los incluyeran a ambos, por incidentes sangrientos en el seno de la hinchada, a que el club impusiera un derecho de admisión. Esa primera lista los incluyó a ambos.

El abogado que contrataron entonces cuestionó que les impidieran el acceso al Coloso Marcelo Bielsa a dos personas que casi no tenían antecedentes penales. Pero en las mismas fuerzas de seguridad consideraban que esa falta de marcas en prontuarios tenía que ver con la capacidad de comprar tolerancia de la policía.

Finalmente las fotos que empezaron a circular permitieron ver sus conexiones. La de Chamala en un cumpleaños de la familia Cantero junto a Monchi y Pillín. Luego se publicó una de Teto con Diego “Panadero” Ochoa en la hinchada de Newell’s. Esa foto fue utilizada por el juez de Instrucción Javier Beltramone para identificar a los líderes de la barra en el trámite en que procesó a Ochoa como ideólogo del homicidio de Roberto “Pimpi” Caminos.

Embargo de 10 millones

En la resolución de Bailaque de la semana pasada el apartado más extenso, que abarca cuatro páginas, es el que se refiere a las propiedades de Chamala, a quien se lo sindica “en su carácter de miembro” de Los Monos. A su hermano Teto se le atribuye ser dueño parcial de una estación de servicio de Seguí y Ayacucho, tiendas, varios departamentos en alquiler en la zona céntrica, dos casas de fin de semana y un establecimiento rural a pocos kilómetros de Rosario. Este es el complejo de 16 cabañas que hasta 2014 se promocionaba como “La Estelita”, en la ruta A-012, a ocho kilómetros de Rosario.

La Unidad de Investigación Financiera (UIF) y la Procuración de Lavado de Activos (Procelac) al detectar las posesiones de los hermanos Vázquez también fijaron la atención en Estela S., la madre de los Vázquez, pero el juez le dictó falta de mérito. Es una mujer jubilada y su marido, padre de los hermanos, es conocido por haber trabajado en su fábrica de soda toda su vida.

El procesamiento contra Chamala no implicó la pérdida de su libertad. Sólo un embargo inusual, por diez millones de pesos y un difícil horizonte judicial donde es él, como pasa en los delitos económicos, el que debe probarle su inocencia a la Justicia, que por primera vez descorre el velo oscuro de historias que en papel de diario se narran hace una década.