La enfermedad de Parkinson es una afección que impacta no solo en el paciente sino en todo el entorno familiar. Se trata de un trastorno neuronal que progresivamente degenera el sistema nervioso central.

Sus síntomas característicos son: temblores de distintos tipos, rigidez muscular, lentitud en los movimientos y reflejos posturales. Para estos últimos, que ocasionan falta de equilibrio, caídas y fracturas, lo más indicado por el momento es hacer ejercicio en el que no se levante peso (porque puede empeorar el temblor en aquellos que lo presenten). Por ello, se aconseja practicar yoga o taichi.

Además de estos trastornos motores existen otros llamados cognitivos que son los que no están mediados por la dopamina, como pueden ser dificultades en el habla o en la memoria.

“Las dificultades en el habla aparecen en general con el tiempo, no es un síntoma precoz. En la gran mayoría de los pacientes se produce la alteración del tono de la voz y, en algunos, lo que puede ocurrir es que en algún momento pueden presentar tartamudeo, aunque eso es en un pequeño porcentaje”, indicó a ConBienestar la neuróloga Gabriela Raina 15 50596124 (MN: 95885), que integra el Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas.

La disminución en el tono de voz tiene otra complicación: los problemas al tragar. “Como los músculos que permiten la fonación también permiten la deglución se corre el riesgo de aspirar y que la comida pase a la vía aérea y ocasionarles una neumonía aspirativa”, advirtió Raina.

Para resolver los problemas en estos músculos respiratorios y deglutorios que no se pueden tratar con medicación, los expertos recomiendan tratamientos fonoaudiológicos o realizar actividades como cantar como medida de prevención. “Cuanto más precozmente, mejor”, precisó la neuróloga.

“En forma tardía puede haber alteraciones de la memoria, es decir, que les cuesta más recordar las cosas. En general el paciente parkinsoniano tiene olvidos, no amnesia como en la enfermedad de Alzheimer. Si le das una pista, logra recordar”, expuso la especialista.

“Acompañando estos síntomas se presentan otros que van más allá de lo físico. La enfermedad de Parkinson tiene un impacto psicológico. Las limitaciones son progresivas así como es progresiva la enfermedad, por eso la persona necesita aprender a convivir con su mal, no a sufrir sino a convivir con él”, comentó la doctora Graciela Cersósimo, jefa del Programa.

La enfermedad por sí misma produce depresión en un 60 por ciento de los pacientes. Por otro lado, pueden aparecer trastornos psiquiátricos ocasionados por la medicación.

“El Parkinson requiere un abordaje interdisciplinario, porque además del neurólogo el paciente debe ser apuntalado con terapia psicológica para asumir el diagnóstico, porque quizás al principio se siente muy bien al ver que con los medicamentos mejoran pero con el avance de la enfermedad se ven afectados”, explicó Raina.

Según la Organización Mundial de la Salud, la Enfermedad de Parkinson afecta a 1 de cada 100 personas mayores de 60 años. Sin embargo, los especialistas confirman cada vez más casos en personas jóvenes, de menos de 50 años.

En el Hospital de Clínicas, dentro del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales, funciona un área que complementa el tratamiento médico y farmacológico, a partir de talleres que apuntan a desarrollar distintas capacidades. Estas actividades son un espacio dedicado a fomentar la participación activa de quienes padecen este mal, sus familiares y allegados.

En los talleres del programa, los pacientes aprenden a manejar habilidades que se pueden ver afectadas en el transcurso de la enfermedad, como son la escritura, la deglución y el habla. También se dedican a trabajar en otras áreas, relacionadas con los conocimientos y el desarrollo cognitivo, como es la computación. Además, cuentan con talleres de ejercitación y tango, con un abordaje integrado.