Raúl Bigote Acosta

Para la clasificación hay dos periodismos. El de coyuntura y el de investigación. El de investigación no tiene plazos, excepto el de la completa investigación. Se publica cuando concluye. El periodismo de coyuntura tiene fecha de vencimiento. Una frase, atribuida a Borges, (difícil probanza) es acertada. Hay 100 mil personas que cruzan la Avenida; a una la atropella el auto y esa es la noticia.

La necesidad de una mínima información sobre la coyuntura, junto a la intoxicación que provocan las redes, ha logrado que aparezca una nueva categoría de pensamiento. Queremos saber todo lo que pasa en este momento. Eso pone drama al asunto. Es una necesidad cuasi artificial, pero muy concreta. Recordar el ayer y anunciar el hoy parece letra de una canción de amor. Esa necesidad nutre y agranda la coyuntura. El pensamiento periodístico satisface esa necesidad. En muchos caso la retroalimenta. Se confabula para sostenerse.

Informar el día por día debe redefinirse. No es ensayo filosófico, no es debate postural sobre algo consagrado, ni es aventura sobre lo conocido y el desafío que significa enfrentarlo. Esta nueva categoría, con lo que tiene de bastardo, espúreo, y definitivamente real, es el “pensamiento periodístico”. Cubre una necesidad básica. Qué esta pasando. El gerundio es un verbo en acción. Asusta. Le tememos. Qué esta pasando. Confiamos la respuesta, la acatamos. Proviene del pensamiento periodístico.

En el “pensamiento periodístico” un primer reconocimiento. No alcanza existencia sin la necesidad de interpretar, re interpretar, regurgitar y redireccionar los hechos. La interpretación de los hechos. Lo dicho: mínima información sobre la coyuntura. En muchos casos para lo que se afirma; re direccionar. Esa necesidad ya existe y es ocioso detenerse en que su fabricación fue volver real y necesario algo superfluo. El continuo de la flecha del tiempo no solo es un río, también una herencia desmadrada. Un caudal innecesario que aturde, porque ése es su destino.

No existe el pensamiento sin un territorio de origen. Pluri original, el total de conocimientos del periodista es diferente en cada caso. La proliferación de periodistas acumula diferencias. Todo escrito tiene un punto de partida en conocimientos dados y deseos. Sobre el periodismo opera, además, la obsesión crematística y la alícuota de poder donde se referencia, a la que apunta, desde la que inficciona. El pensamiento periodístico es un mutante tan peligroso como ingobernable.

Si el que participa pertenece el que lee es, básicamente, un participante. Tal vez ni sepa que pertenece. La aparente inespecificidad de algunos textos es una cinta de Moebius tan malhadada como utilitaria. Volvemos a un lugar de partida impensado, pero provocado. Atrayente. Lo quisimos así.

Avanzar sobre el modo diferente de titular y jerarquizar la coyuntura, qué omitir y qué destacar, es materia de las escuelas de periodismo, sociología y ramas mayores del “corpus” que se aflige por lo que no puede frenar y, en muchos casos, contribuye a enrarecer. No es el objeto de esta nota, tampoco, la relación empresarial. Esta es intensa y determinante, pero no define el tema que tratamos.

LOS GURÚES FINSEMANEROS

Producidos los impactos en la realidad, un prófugo escondido por semanas, una enfermedad por días, una presentación judicial con años de atraso, una investigación secreta, con esta suma la tierra está sembrada.

Cronólogo. Una de las ramas del periodismo finsemanero (analistas de los sucesos) es el “Cronólogo”, que solo adjetiva y omite, pero trabaja sobre los hechos conocidos. Puede hasta amenazar, a veces concretar, una primicia (las primicias en Argentina son sustantivos en tránsito, ocasionales, ficticios).

Cada día hay algo muy importante que cae vencido. Que no era tan importante. En “provincias” la mayoría de los finsemaneros están en peor situación, deben escribir (hablar, actuar) especulando, usando el espejo porteño, atados a contar lo que ya se sabe y presumir de haberlo repetido antes que otro. Aznavour los define: … “que triste es Venecia…” Aznavour la evoca. El Cronólogo del interior también. No está en Venecia con el acontecimiento.

El Especialista. Otra de las ramas es el “Especialista” consultado. Lo llaman, lo anuncian, le dan el honoris causa y deben demostrar que fue una buena idea convocarlo.

Tal vez el mas delicioso ejemplo sea nuestro Rabelais, tan fluctuante entre Quilmes y Medio Oriente como cálido habitante del chascarrillo intelectual y el ditirambo que se inviste de simpatía. El “turco” Asís. No es fácil encontrar un ejemplo mejor. Lo llaman para que explique y eso hace. Cuando el personaje de Moliére pregunta si saben latín y, ante la respuesta negativa, sigue dando su diagnóstico de la enfermedad en ése idioma no hace nada mas que anticiparse. Los “Especialistas” son derivaciones de ése médico de Moliére.

Al turco no hay que entenderlo, hay que disfrutarlo como lo que es: un “entertainer” de la realidad, que sobrevoló los “ismos” y se acerca cada día mas a lo Mejor de José Hernández que era, además, lo que mas odiaba “My dear Georgie” sobre el poema. El viejo Viscacha. El Turco Asís es un “reality”, una verdadera novela, un folletín por entregas de la realidad como lo que es, un motivo para la invención. La invención lo torna valioso.

Ya liberado del “sistema Fantino” y la mecánica de la inocencia absoluta, como una virgen que se asusta cuando le dicen la palabra follar (y se la dicen todas las noches varias veces) el turco vuelve a pasearse por la realidad de la caja boba con la sabiduría del Florida Garden.

Digresión: aconsejo leer “Los reventados”. Hoy, hoy mismo. Asís es un formidable novelista nacional que desdeña el almidón y la torreta de cristal, que tanto molesta en el periodista invitado, en el “Especialista”. Cuidado, todo lo que resulta divertido en Asís puede ser cruel y peligroso en otros “Especialistas”. La vida está fuera de sus análisis. Los “Especialistas” son placebos en la ignorancia en que vivimos el día por día. La realidad es inasible. Parece que curan la enfermedad. Parece.

El Proponedor. La tercera de las ramas es “el proponedor”. Puesto sobre la realidad circundante, toma citas del universo criterioso y analítico (google o biblioteca papel, da lo mismo) y luego de “encomillarlas” delega, desde ellas, en los lectores consecuentes, la interpretación de la realidad y el futuro posible (en muchos casos imposible)

El “proponedor” es certero. No es en vano su esfuerzo. Logra adeptos que adhieren hasta la semana siguiente. El uso del inventario universal de ideas sociológicas, parasociológicas o directamente políticas, inviste de sabiduría a quien cita. Nunca están equivocadas. Son solo citas. Imposible contradecir a los muertos ilustres.

Está claro que “el proponedor” escapará a la multiorgásmica coyuntura y tratará, por esa razón, de analizar el ayer y proponer un futuro que se ha dicho: es finsemanero. Acaso el mejor sea Fidanza.

Las redes multiplican el misterio del conocimiento.Recibir la “recopia” de un artículo de Fidanza lleva a una pregunta de múltiple choise. Quien me lo manda? porque me lo manda? a que puntualización adhiere…?

Es un texto de diferentes entradas cada artículo de los “proponedores”. Eso solo es posible por múltiples lectores que encuentran en sus citas o en sus propuestas algo que los quita de la llanura y los eleva. Una habilidad proporcional a la oportunidad y al reservorio de citas.

Los “proponedores” sustituyen el mundanal ruido mediático por la estrecha senda (esto es plagio, mis palabras son plagio) y se acerca a los pocos sabios que en el mundo han sido.

Los proponedores, se insiste, asumen, resuelven mirar el mañana como algo posible y errático mientras advierten que robar es malo, matar es peor y no entender un pecado inatajable. En su estilo es el mejor.

Todos son necesarios y, por lo demás, todos coexisten. Cronólogos. Especialistas. Proponedores. Las tres sub especies constituyen el testimonio del pensamiento periodístico.

Quedan los soldados de sus causas personales. Redactores pagos con amor o dinero, tal vez ambas cosas. Y las empresas, partícipes necesarias, absolutamente necesarias, que han reformulado este esquema con un novedoso sistema de personajes menores pero absolutamente utilitarios, otra sub especie del pensamiento periodístico nacional: la legión de panelistas, un enjambre que sale tan barato en la producción diaria como costoso en el largo plazo, pero esa es otra historia. Al pensamiento periodístico le suman. A la confusión también.

Esta categoría, el pensamiento periodístico, es parte del universo de ideas desde donde descienden las decisiones del pensamiento colectivo sobre el que tienen, se insiste, una participación determinante. No lo estudian por una discriminación ineludible. Es un hijo bastardo de todas las ideas.