Hacerle mimos a tu hijo recién nacido es algo que sale de forma natural. Pero ese tierno gesto puede reportarle más beneficios de lo que pensás. Acariciarlo y hacerle masajes al bebé lo protege neurológicamente de adulto. Así lo concluyó un estudio del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (INc-UAB).

Esta investigación, publicada en la revista Frontiers of Behavioral Neuroscience, también determinó que la estimulación sensorial mejora el daño cerebral perinatal en ratones; el período comprendido entre aproximadamente 22 semanas de gestación hasta las 4 semanas después del parto.

Investigación

El trabajo descubrió que los efectos de la misma lesión cerebral perinatal por falta de oxígeno (hipoxia) y detención o disminución de la circulación de sangre (isquemia) pueden ser mejorados por la estimulación táctil y propioceptiva, como se conoce a la capacidad para sentir la posición de los músculos.

Es decir, que acariciar y masajear a los ratones en estadios tempranos de la vida les brindó protección neurológica en la adultez, especialmente en los ejemplares machos, en los que la lesión se redujo a la mitad. En el caso de las hembras, fue un tercio.

“Sabemos que el cerebro inmaduro de los niños prematuros, equivalente al de los ratones cuando nacen, está en mayor riesgo de daño hipóxico-isquémico, y los bebés de sexo masculino son más susceptibles y responden menos a intervenciones protectoras o terapéuticas”, expuso una de las autoras del trabajo, Mireia Recasens.

A los ratones se los acarició y masajeó de manera táctil y propioceptiva dos veces al día en tres fases de ocho minutos de duración cada una. Esta estimulación sensorial se realizó en los roedores desde antes de sufrir la lesión hasta el final de la infancia, lo que correspondería en la vida de un bebé prematuro al tiempo comprendido entre los siete meses del embarazo hasta los dos años.

“El estudio ilustra el potencial preventivo y terapéutico de este tipo de estimulaciones en neonatos con lesiones cerebrales, en una etapa breve pero muy intensa a nivel de desarrollo y plasticidad del cerebro”, explicó la líder del trabajo, Lydia Giménez-Llort.

Diferencias según el sexo

Gracias a este tipo de estimulación se detectaron mejoras en la memoria y en las capacidades funcionales, en cuanto a sus reflejos. El contacto físico ofreció una protección neurológica significativa en ambos sexos, pero el efecto era mayor en el masculino.

En los machos el daño cerebral era un 50 por ciento menor que en los ratones que no fueron estimulados; mientras que en las hembras fue de un tercio.

Si se analiza por áreas cerebrales, en los machos se vio más beneficiada la región que involucra el control motor y el aprendizaje, con una afectación del 80 por ciento. Mientras que en las hembras, la mejora se produjo en la disminución en un 66 por ciento de la atrofia del cuerpo calloso; la estructura que conecta los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo, coordinando las funciones de ambos.