Una calle tiene cinco nombres en 20 cuadras

Surca la costa central y en un par de kilómetros fue bautizada de distintas maneras. Un ardid usado para saltear los límites de edificación.

Varios nombres a una misma calle

En Rosario hay una calle que a lo largo de poco más de dos kilómetros toma cinco nombres distintos. Se trata de la continuación de avenida Belgrano. Surgida en el bajo, en la intersección con 27 de Febrero (donde se convierte en el Acceso Sur de Circunvalación). una mano de circulación de Belgrano se convierte luego en avenida del Huerto, a la altura de San Martín. A partir de este cambio, tendrá otros cuatro nombres en unas 20 cuadras. Primero, en la ínfima distancia desde Entre Ríos a Corrientes se llama Jujuy. Después es Wheelwright. En Balcarce toma el nombre avenida Rivadavia y finalmente se denomina Aristóbulo del Valle hasta terminar en el barrio Pichincha.

En tanto, la otra mano, que circula como última conexión vial antes del río, se convierte en Illia también en San Martín, justo antes del túnel que pasa por debajo del parque España, y se extiende hasta Callao, casi frente a la Estación Rosario Norte, donde se fusiona con Aristóbulo Del Valle. Sin embargo, entre Dorrego y Moreno, a pocos metros del Monumento a las Víctimas del Genocidio Armenio, Illia se bifurca y surge Estanislao López. Allí como una continuación pegada al río que se conoce como avenida de la Costa.

Por estos días, el municipio trabaja sobre esta calle en la extensión de una doble traza entre Dorrego y Oroño para volverla doble mano. Es una segunda etapa de obras, cuya primera parte, que constó de un ensanchamiento de calzada entre Oroño y calle Madres de Plaza 25 de Mayo (Puerto Norte) ya fue concluida. Estanislao López se convierte finalmente, luego de la rotonda del Barquito de Papel (a la altura de Francia), en Luis Cándido Carballo, que termina luego de un largo tramo en el cruce con avenida Sabín (ex Travesía).

Trampas

Pero hay un lado B de esta ensalada de nombres. Y es que, en una zona frente al río en la que han florecido durante las últimas décadas decenas de imponentes torres y edificios de lujo, a veces la situación se utiliza como trampa para saltear los límites de edificación que plantea el Código Urbano. Un ejemplo es la esquina de Jujuy y Corrientes, donde se alza una torre de jerarquía construida por el estudio Angelini-Verdún-Lattuca en 1998. El permiso de edificación, emitido por el Ejecutivo, que en ese momento comandaba Hermes Binner, testifica que se hizo una “extensión interpretativa” de avenida del Huerto a esa cuadra, que sin embargo es Jujuy.

La diferencia era que la primera tenía altura libre para la construcción. En cambio, para el otro sector estaba prevista una altura máxima de 36 metros. El edificio tiene 37 pisos más dependencias en azotea, con un total de 110 metros de altura. Según fuentes consultadas por este diario, nada de esto pasó por el Concejo, ni se realizó ninguna excepción. Lo hizo directamente el municipio a través de la Secretaría de Planeamiento.

Para María Fernanda Gigliani, concejal de Iniciativa Popular, “no se trata de un hecho menor”. La edila sostuvo que “si hubieran tomado los indicadores de Jujuy, la altura máxima era de 36 metros. Como le aplicaron interpretativamente los indicadores de avenidadel Huerto, la altura fue libre. Si uno mira el plano oficial de la ciudad, no hay ninguna cuestión urbanística que haga que se necesite en esa esquina la aplicación de algo distinto. Está perfectamente en la línea de Jujuy, que termina, y arranca Wheelwright.No hay nada complejo en esa zona”, analizó.

Descubierto

Pero no todas las historias terminan así. En 2007, la constructora Caffaro Rossi fue obligada a demoler 148 metros cuadrados que no habían sido autorizados en la construcción de otro edificio de la zona, de Wheelwright 1461. Meses antes, Obras Particulares del municipio había clausurado la obra (denominada Victoria Río) por haber violado el proyecto aprobado construyendo más de lo permitido, con irregularidades tanto en volumen como en altura. Luego le hizo demoler el sobrante. Pocos años después, en 2010,la Justicia condenó a los realizadores de la misma construcción a resarcir con 520 mil pesos a los dueños de una casa lindera por haberla invadido con pilotes subterráneos que le provocaron daños estructurales.