Está apenas detrás de Córdoba y Comodoro Rivadavia, y es el lugar donde incide más negativamente en la productividad laboral

Una investigación realizada por la Universidad Siglo 21, reveló que Rosario es una de las tres ciudades donde más se utiliza la tecnología de forma compulsiva. Y esa adicción, por ejemplo a los teléfonos celulares inteligentes, la ubica encabezando un ranking de alto impacto negativo en la productividad.

Investigación

La investigación fue acerca de la tecnoadicción y el impacto que tiene en la vida social y laboral el uso de los celulares en los trabajadores argentinos.

Los datos surgen de una encuesta telefónica que se realizó entre agosto y octubre de 2018; su análisis se llevó adelante entre noviembre y diciembre del año pasado. Entre 1.045 personas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán. Todos los encuestados tenían entre 18 y 70 años, y el 51,6% de ellos fueron mujeres.

Los especialistas remarcaron que la adicción a las tecnologías de información y comunicación (Tics) está considerada un daño psicosocial que disminuye la salud de las personas.

En los ámbitos científicos se asume que aquellas personas cuyo uso de las tecnologías sea excesivo, están en riesgo de padecer una adicción a las tecnologías.

Tomando en consideración estas dos variables, se encontró que a nivel país casi el 34% de los encuestados tienen niveles muy altos de uso compulsivo de Tics.

Ranking

A la hora de comparar qué es lo que está sucediendo con el uso de las Tics en las distintas ciudades, Rosario no quedó muy bien parada. Se ubica en el tercer lugar detrás de Córdoba y Comodoro Rivadavia.

El estudio también se metió de lleno en el análisis, por ejemplo, del uso del celular por género. Reveló que los niveles de impacto en los varones son levemente superiores en el impacto social. También en el impacto positivo en su productividad laboral y en el uso compulsivo del celular.

A su vez, las mujeres presentan un nivel levemente superior en el impacto negativo del celular en su productividad laboral.

Rosario aparece encabezando el ranking de ciudades donde se plasma el impacto negativo del uso del celular.

Impactos

Se considera que existe un impacto negativo cuando resta capacidad y eficiencia a la persona. Esto dado que la manera en que utiliza el teléfono celular le hace perder tiempo, aumentan las distracciones y los problemas de metodología.

Contrariamente, existe un impacto positivo cuando la favorece, aumentando la eficacia personal, y la persona lo usa cuando le conviene. Como una herramienta de organización, gestión del tiempo, o facilitador de tareas, entre otras posibilidades.

El estudio destaca que si bien el celular puede ser un instrumento que conecte a las personas existe un riesgo que, uno “destrate” a quien tenga al frente. También, sin quererlo, uno puede interrumpir el diálogo social con alguien “presente”, por estar usando el celular. A esto se le llama “phubbing“.

Generaciones

Cuando se comparó a las diferentes generaciones, se encontró que los millennials tienen los porcentajes más altos de impacto social. Es impacto negativo en la productividad y uso compulsivo del celular.

Los especialistas revelaron que las TICs han evolucionado más rápido que la capacidad que se tiene para utilizarlas adecuadamente. Por ello, consideran como “un verdadero desafío” aprender a hacer un uso saludable y constructivo de las herramientas digitales.

En tal sentido, y con los objetivos de prevenir problemas de salud psicosocial, se recomienda estar atento a detectar y mejorar los hábitos cuando no se esté usando adecuadamente la tecnología disponible para comunicarse o gestionar información.

Se recomienda mantener un uso prudente, con tiempos de pantalla limitados. Reflexionar sobre el valor que se le asigna a la tecnología y entrenarse en el manejo racional de ella. Utilizar la tecnología con fines resolutivos que fomenten la productividad laboral, la organización y el estudio, entre otras cosas. Es decir, utilizar la tecnología como una herramienta y no como un fin.