Los políticos que no leen “la realidá”

Raúl Emilio Acosta

Jair Bolsonaro es un disparador formidable para entender a los que viven en el ayer y los que intentan acercarse al día a día y, de este modo, al porvenir. Los que ven una película y no una vieja fotografía sepiada.

Debemos repetirlo. El 2020 es el cruce final entre aquello que fue el siglo XX y esto: la segunda década del Siglo XXI, donde quedan resabios de mecanismos de lectura de la sociedad que no se corresponden con los sucesos. Códigos viejos para nuevas incógnitas.

Tal vez los griegos, con aquello que a partir de la realidad se puede construir la verdad, sirvan para volver a un caminito perdido. El de los hechos que suceden pero que, ay, se ignoran. No deberíamos ignorarlos. Perjudican el porvenir.

Dato. Los nacidos en el 1980 sobre el 20-20 serán cuarentones cansados sin Malvinas ni  épica del ’83. “Los Montos” serán, para ellos, héroes de historieta o asaltantes de caminos. Nada tangible, todos parientes de algún tío. Nada con porvenir. Nada con Siglo XXI. Digresión: hasta el modo “Montos” refiere a los que participábamos de un código. Grupo Guerrillero Montoneros. Eso.

Construir y deconstruir

La mejor imagen es la del nene que se asoma a la mesa de la cocina y tira al suelo las fuentes con  las ensaladas y las carnes.

Parado entre los trozos de comida, mal distribuidos en el suelo los pedazos, el nene pone una cara especial, mezcla de yo no fui, no sabía, no sé qué hacer… .  Somos nenes.

La escena concluye con toma desde arriba del nene mirando (hacia arriba, a cámara) buscando un mayor, un entendido, alguien que sepa y, a la vez, reconstruya las fuentes del almuerzo poniendo las ensaladas en su sitio y las carnes también. Parece imposible. Es eso. Es imposible. No se construye, deconstruye y resuelve el Siglo XXI con los platos rotos del siglo anterior. Dieron, esos destrozos, una diferente realidad. Debemos asumir esta realidad.

Bolsonaro y “La Zurda Ciega”

El mapa de América Latina distingue a Brasil, Argentina, Colombia. El resto se disemina entre montañas y disgustos. Cuando Helio Jaguaribe dice que…” Argentina está condenada al éxito en compañía de Brasil”, frase que toma y distorsiona Eduardo Duhalde, no hace otra cosa que indicar el único caminito que existe, que existía, que existirá. Es con Brasil y “el Estado Tapón” que inventaron: Uruguay. Las balanzas de pago, las relaciones, el agua dulce, el Océano, las represas, la pradera y el grano, todo es común. Solo aquellos milicos ciegos, idiotas y asesinos negaban puentes y construcciones estratégicas conjuntas por la teoría de la invasión “brasuca”. Milicos bestias, delirantes. Uff.

Otra digresión: Helio Jaguaribe fue uno de “los pibes”, parte la Juventud Maravillosa de Getulio Vargas.

La Zurda Ciega odia a Bolsonaro y maneja el “contrafactismo”. Me pregunto las diferencias con estos, “los 678” del Vade Retro Brasil, mirando nada mas que una foto que, además, trae un componente que se debe analizar hasta el final. El valor del voto. Detallecito Siglo XXI. Lo votaron.

El voto es inútil

Creer que Bolsonaro es Brasil es disminuir Brasil. Mas fácil: El Mauri  no es Argentina. Pongámoslo así. Brasil sobrevivió a Odebrecht, Lula, Lava Jato y el progresismo que se volvió ladrón contumaz, permanente, estructural.  La izquierda hace del olvido de la corrupción estructural un dogma inclaudicable, inatajable. Son corruptos. No hablan del tema.

Agreguemos realidad. Los medios de comunicación son actores definitivos. El voto se induce, como el coma en los enfermos inquietos.  Aquí, allá y acullá- en todas partes.

Debemos pararnos en un punto clave. El robo no es un argumento sólido para generar confianza. Tal mecánica lleva a que esperen  los robos de Bolsonaro, sus peculados, para decir que todo es discepoliano. Nada es mejor, todo es peor, lo mismo un burro que un gran profesor. Ese nihilismo tanguero ( “si todo ya esta usao, la yerba el té y el dato que te han dao, de mala fe…”, en este caso Cátulo Castillo) define el achatamiento, la falta de salida, el deterioro. Finalmente “la realidá”.

Argentina

Hoy, en Argentina, los que vituperan de Bolsonaro desde las casamatas K miran un espejo que no trae otra cosa que la deformación en la que estamos. Si Mauri es un inepto y, además, un ladrón, la princesita ladrona podrá ser reivindicada socio políticamente y el robo un pecado venial.

Omitir que en un caso, como en el otro, el voto es una encuesta inapelable es desdeñar la calidad del voto. Los que piensan en el “voto a Cristina” piensan que robar no quita votos. Caramba. Leamos de nuevo la construcción. Robar no quita votos.

Qué es el voto

Revisemos, sobre la segunda década del siglo XXI, qué cosa es el voto. El voto consagra a Evo Morales (Bolivia, un descendiente de los antiguos Aymarás) y cuando el voto boliviano no lo autoriza a la eternidad el voto se considera diferente. Y los analistas de una izquierda permisiva, tuerta, antigua, lo dejan sin adjetivos calificativos. Es “el Evo”. Cuba y las asambleas populares. China y la tiranía comunista de mercado. Cheee.

El voto a Trump es, suponen, una equivocación del pueblo yanqui que debía votar a Hillary Clinton. Trump es, parece, un exabrupto de los votos. Una equivocación. Hillary era Platón mas Sócrates. Andaaa.

Es Macron (el francés) un yerro incalificable en la patria de De Gaulle, Sartre y Robespierre. También de  Rousseau.

Calificaciones

Puestas las cosas así hay dos calificaciones para el voto. El propio es válido, el diferente no. Deja fuera, este maniqueísmo, todas las circunstancias y los análisis  del verdadero “foquismo” que resuelve según donde se ha puesto el foco.

Cansó Odebrecht, como cansaron los K… Las excesivas libertades  individuales, exacerbadas, y la justicia a favor del perdón fabricaron una reacción… No tache nada, todo corresponde.

Se trata, finalmente, de una deformación de la realidad. En esta, en la del trato diario las cuestiones teóricas y el porqué Bolsonaro no es posible excepto por error se encuentra nuestro “cul de sac”. Es como queremos que sea, no como efectivamente sucede. Nos atropella la “realidá”. Nos choca. Así de simple.