Un ataque de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad en el cual se produce una reacción emocional extrema de alarma, que puede ser hasta de miedo. Es dos veces más común en las mujeres que en los hombres y están relacionados con momentos de estrés o acontecimientos traumáticos.

Una crisis o ataque de pánico comienza de repente y con mucha frecuencia alcanza su punto máximo al cabo de 10 a 20 minutos. Algunos síntomas pueden continuar durante una hora o más. Genera sensaciones tan intensas que incluso se puede llegar a confundir con un ataque cardíaco.

Una persona con trastorno de pánico a menudo vive con miedo de tener algún ataque en cualquier momento y puede sentir temor de estar sola. En el caso de que los episodios interfieran con el trabajo, las relaciones interpersonales o la autoestima es necesario pedir ayuda profesional.

¿Cuáles son los síntomas?
Una persona que padece ataques de pánico suele tener al menos cuatro de estos síntomas:
  • Molestia o dolor en el pecho.
  • Mareo o sensación de desmayo.
  • Miedo.
  • Sensación de asfixia o de dificultad para respirar.
  • Sentimientos de irrealidad.
  • Náuseas y malestar estomacal.
  • Entumecimiento u hormigueo en manos, pies o cara.
  • Palpitaciones, frecuencia cardíaca rápida o latidos cardíacos fuertes.
  • Sensación.
  • Sudoración, escalofrío o sofocos.

Los ataques de pánico no se pueden predecir. Al menos en las primeras etapas del trastorno, no hay ningún desencadenante único que dé inicio al ataque. No obstante, la respiración durante el episodio es tan irregular que llega a producir hiperventilación, efecto que agudiza y prolonga los síntomas.

Hay cinco trucos que podés aplicar para controlar la hiperventilación:

  • Respirá solo por la nariz: de ese modo evitás que ingrese oxígeno excesivo al organismo.
  • Respirá en tiempos: inspirá en una cantidad de segundos y expirá luego en el doble de ese tiempo. Por ejemplo, que entre oxígeno en 3 y salga en 6.
  • Concentrate en esos tiempos: si ponés atención a los segundos que debés respirar apartás de la mente ideas hipocondriacas y miedos propios del ataque.
  • Sé constante: por más que el ataque dure más de lo que uno desea, no te rindas y seguí contando hasta que se pase.
  • Mirá el lado positivo: una vez haya pasado el ataque de ansiedad y te haya dado resultado este sistema, vas a tener más confianza que en la próxima vez que sucede disponés de un mecanismo para afrontarlo.