En los últimos tiempos ha cobrado fuerza una nueva corriente llamada mindfoodness o alimentación consciente. Sin ser una dieta particular, la alimentación consciente busca mejorar la forma en que nos relacionamos con la comida, promoviendo el autocontrol y volviendo más racional el acto de comer. Quizás la amplia difusión y aceptación de este movimiento se deba a la necesidad de mejorar nuestra relación con los alimentos. Como así también, al redescubrimiento de que la alimentación está estrechamente relacionada con las emociones.

El comer y el placer

El comer tiene muchos elementos que producen placer y se vinculan no sólo al acto de ingerir determinados alimentos sino también al deleite de compartir la comida y de cocinar para los seres queridos. El placer es también una consecuencia de los estímulos que los alimentos producen en los sentidos. En nuestro patrón de consumo actual, muchos de estos alimentos asociados al placer se encuentran en la categoría de las llamadas calorías discrecionales. Es decir, que son fuente principalmente de calorías, grasas, azúcares o sodio en la dieta.

Alimentación saludable

En las guías alimentarias de Argentina u otros patrones orientadores de consumo como la dieta mediterránea, se observa una limitación en la ingesta de alimentos fuente de calorías discrecionales. Ello se debe a que nuestra dieta viró a un bajo consumo de alimentos de buena calidad nutricional (como frutas y verduras) y a una alta ingesta de productos de elevada densidad energética. Esto con el consecuente aumento de las cifras de obesidad, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por ello, han surgido distintas iniciativas en base a la educación alimentaria.

Tanto nuestras guías como las de otros países enfatizan en la necesidad de aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal. Incluir medio plato de verduras variadas crudas o cocidas tanto en el almuerzo como en la cena y consumir 2 a 3 unidades de frutas de estación al día son una forma práctica de lograrlo. También recuperando el consumo de legumbres como porotos, lentejas y garbanzos. Los cuales, si bien son habituales en la mesa de otros países latinoamericanos, aquí lamentablemente no. Estos alimentos tienen un buen aporte de fibra, vitaminas y minerales. Combinándolos en un plato con arroz o fideos aportan buena cantidad de proteínas especialmente cuando el menú no posee carne.

Qué si y qué no

Como consumidores podemos sentirnos agobiados o confundidos en el momento de elegir qué comer. Como el caso del pan, convertido en villano, cuando es un alimento que puede vehiculizar nutrientes importantes. Por otro lado, surgen iniciativas interesantes, como los snacks saludables de frutas y frutas secas. Y el control en el tamaño de las porciones de alimentos asociados al placer, como el chocolate.

Es importante destacar cómo y con qué frecuencia se incluyen estos alimentos, como así también el reemplazo que estamos haciendo. Por ejemplo, la inclusión de una barra de chocolate (preferentemente amargo) en un menú equilibrado y saludable no es perjudicial. Y además de la sensación placentera, brinda otros nutrientes beneficiosos como polifenoles con acción antioxidante.

El punto clave es reconocer cuándo y cómo incluir estos alimentos. El reemplazo de una colación saludable, por otro alimento industrializado será equivalente en calorías, pero no en nutrientes. También reconocer que este reemplazo debe ser eventual, no todos los días y no más de una vez al día.

Alimentación sana y placentera

Entonces, ¿es posible tener una alimentación sana y placentera? La respuesta es sí, articulándola a un estilo de vida saludable que incluya actividad física y evitar hábitos tóxicos. Menos ascensor y más escaleras, al menos veinte minutos de caminata diaria, pedir ensalada en lugar de papas fritas y agua en vez de gaseosa, poner una fruta en la cartera o mochila para el tentempié del trabajo, darse un gustito de algo rico y rodearse de buenos vínculos es posible y, afortunadamente, depende de nuestra decisión.