Al profundizarse, la crisis económica obligó a muchas familias a recortar gastos incluso en un rubro de altísima sensibilidad: el de los productos para cuidar la salud y tratar los dolores y enfermedades, que suelen ser los últimos en resignarse cuando el bolsillo aprieta. En las farmacias, las compras de medicamentos cayeron al nivel más bajo en varios años. Y muchos pacientes, para no cortar sus tratamientos, empezaron a buscar marcas más económicas, o hasta a pedir que les fíen los remedios, según cuentan los comerciantes.

El fenómeno empezó a notarse en abril y se agravó en los últimos tres meses. En junio, julio y agosto, las farmacias del país dispensaron un 6,2% menos de medicamentos recetados y un 9,1% menos de los de venta libre que en los mismos meses de 2017. En total, en ese trimestre se vendieron casi 14 millones de unidades menos, lo que representó una caída del 7% interanual. Eso llevó las cantidades entregadas en el trimestre al nivel más bajo registrado en al menos cuatro años. Aunque, si se analiza sólo lo ocurrido en junio, el derrumbe alcanzó un notorio 14%, para luego atenuarse en los dos meses siguientes.

Baja el consumo en farmacias y cada vez más pacientes optan por marcas más accesibles. (Ariel Grinberg)

Baja el consumo en farmacias y cada vez más pacientes optan por marcas más accesibles. (Ariel Grinberg)

Las estadísticas surgen de un informe del Observatorio de Salud, Medicamentos y Sociedad de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), elaborado con datos de la consultora multinacional IQVIA (ex IMS), a los que accedió Clarín.

En la misma línea, y considerando el resto de los productos que se venden en farmacias, un relevamiento nacional de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) detectó que las ventas en estos comercios cayeron un 7% en agosto frente al mismo mes de 2017, en el que las ventas ya habían caído otro 0,6%. Según registros históricos que pudo consultar Clarín, el desplome mensual registrado en agosto fue el más abrupto de los últimos cuatro años y el tercero más grande de los últimos ocho.

“Se está viendo en los mostradores. Los artículos de cosmética y tocador ya se venían comprando menos, pero luego eso empezó a pasar con los medicamentos. Llegan pacientes con varias recetas y preguntan cuáles son los más importantes, porque no pueden comprar todo. Las ventas cayeron como no se veía desde 2001 y nos alarma el fuerte impacto sanitario de esto”, advirtió María Isabel Reinoso, presidenta de la COFA.

“En general -agregó-, lo que se prioriza en estos casos son las drogas para enfermedades crónicas, como antihipertensivos, antidiabéticos y antiartrósicos. Y lo primero en resignarse son productos como analgésicos, polivitamínicos y energizantes.” “Hay gente que perdió la cobertura médica o que se quedó sin trabajo, y eso generó un impacto”, comentó Alfredo Di Salvo, titular de la Asociación Propietarios de Farmacias.

Rubén Sajem, al frente de la Sección de Farmacéuticos del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de Capital, opinó a su vez en que “no es común” una caída en las ventas como la registrada este año, que atribuyó a la pérdida de poder adquisitivo y a que “las obras sociales y prepagas están limitando” sus descuentos.

“Hay gente que llega a la farmacia y avisa que tuvo muchos gastos, que no le alcanza para todo lo que le recetaron. Ahí tratamos de asesorarlos sobre cómo hacer cambios con marcas más baratas o que hayan subido menos de precio”, remarcó Sajem.

En este marco, la táctica de buscar productos de laboratorios menos conocidos o genéricos está creciendo, a tal punto que en muchas farmacias orientadas a esos productos -que pueden salir hasta un 80% menos-, las ventas crecieron. Otro recurso en alza es el del fiado, en especial entre jubilados. “Si es cliente fiel, le anotan la compra y se compromete a pagarla otro día, cuando cobre o vea a un hijo”, contó Sajem. “Esto se empezó a dar mucho más en el interior y en el Conurbano”, agregó Reinoso.

La caída interanual en la comercialización de medicamentos fue del 7% y se sintió más en los de venta libre. (Ariel Grinberg)

La caída interanual en la comercialización de medicamentos fue del 7% y se sintió más en los de venta libre. (Ariel Grinberg)

En Farmacity también registraron una caída interanual en sus ventas de remedios desde mayo, profundizada en junio y atenuada en julio y agosto. Sus ventas de artículos de perfumería y cuidado personal también bajaron. “Percibimos un consumidor mucho más exigente, que compra lo necesario y compara precios. Un cliente racional que está atento a las promociones y descuentos, y busca opciones de marcas. Nuestras marcas propias, por ejemplo, tuvieron un crecimiento notable”, contó Santiago Frers, el director comercial de la cadena que, “consciente de la coyuntura actual”, prometió “congelar” hasta fin de año los precios de 220 productos, 40 de los cuales son medicamentos.

Iniciativas como estas llegan a un mercado en el que los precios no dan respiro. En lo que va del año y hasta el 10 de septiembre, los aumentos de precio promedian 25% en los remedios de venta bajo receta y 33,4% en los de venta libre, según la COFA.

Los genéricos, en alza

La caída en las compras de medicamentos se percibe con fuerza en farmacias de todo el país, pero esa regla tiene una notoria excepción. En los locales que se especializan en ofrecer medicamentos de las marcas más económicas del mercado, o directamente “genéricos”, el bajón no se está sintiendo. Con precios que pueden representar hasta la quinta parte que los de su competencia, el formato comenzó a atraer más a la clase media y hasta registra incrementos en sus ventas, tal como les había pasado en crisis económicas anteriores.

Farmacias Dr. Ahorro, la principal cadena con formato “low cost”, abrió su primer local en 2002, en plena recesión. Hoy tiene 40 sólo en la Ciudad de Buenos Aires, a los que suma 2 en el Conurbano y 7 en el Interior, y en todos notan una mayor afluencia.

Crece la venta de medicamentos genéricos. (Ariel Grinberg)

Crece la venta de medicamentos genéricos. (Ariel Grinberg)

“La pérdida del poder adquisitivo suele marginar del sistema de salud a quienes no pueden pagar sus prepagas. Esa circunstancia, entre otras, impulsa una mayor demanda en nuestras farmacias, dado que la gente busca precio y nos considera como una nueva opción. Al principio se acercan porque somos más económicos, pero luego vuelven por descubrir que los medicamentos son de excelente calidad”, contó a Clarín Paula Repetto, la gerente general.

En sus góndolas, ejemplifican, ofrecen cajas de ibuprofeno 4% a $ 90 (en vez de $ 293 de la marca líder), las del antihipertensivo losartán de 50 mg a $ 149 (contra $ 490) y las del antihistamínico loratadina de 10 mg a $ 40 (contra $ 192). Diferencias que pueden ser bastante mayores al descuento que una obra social o prepaga ofrece sobre los remedios de primeras marcas, sólo cuando son con receta.

“Nos creció la demanda de medicamentos para enfermedades crónicas, los que deben seguir comprándose pase lo que pase. Nos piden más los recetados para la presión y el colesterol, y también otros de venta libre como antiinflamatorios, antialérgicos y antiácidos”, dijo Repetto.

En Economed, otra cadena focalizada en genéricos que opera en Córdoba, La Pampa y San Luis, detallan que este año sus ventas “se incrementaron un 45% en promedio”. Javier Basanta Chao, presidente de la firma, comenta que muchos de sus clientes tienen bajo poder adquisitivo, pero que no son los únicos : “Las ventas crecieron en los últimos meses y en muchos casos los que compran son personas de clase media y alta, que saben que los medicamentos genéricos son de igual calidad que los de primera marca y le piden al médico que pongan la denominación genérica en la receta”.

En esos locales, por ejemplo, en agosto se conseguía a $ 30 el blíster del antihipertensivo enalapril de 10 mg que primeras marcas cobraban $ 165. Y a $ 35, en vez de $ 240, las 15 pastillas de omeprazol por 20 mg.