Mucho se habla de la educación en sus diferentes niveles, cuáles podrían ser los cambios y qué mejoras se podrían hacer para que alumnos de diferentes niveles mejoren sus conocimientos y la institución vuelva a ser el motor de futuros adultos listos para mejorar la sociedad y el país donde vivimos. Muchas veces pomposos proyectos con rebuscadas recetas quedan en la nada y como dice Eduardo Galeano, rascan. Rascan bien. Pero rascan donde no pica.

En la Escuela ISPI 9073 José M. Estrada, de Santa Teresa, una localidad de 3.000 habitantes ubicada a 55 kilómetros de Rosario, en la provincia de Santa Fe la cuestión cambió. Cambió para bien y los relatos y proyectos se convirtieron en hechos. 

Alumnos y alumnas se distribuyen en grupos en distintas partes del salón. No hay aulas convencionales. Todo es relajado. No se niegan las tecnologías y en las mesas se puede ver teléfonos celulares, cuadernos, libros, computadoras y sobretodo termo y mate. En esta escuela vale hablar entre los alumnos y si hay una risa a carcajadas el profesor le pide al niño que “lo diga fuerte así nos reímos todos”. Los pizarrones están ahí. Inertes. No hay que olvidarse que es una escuela y sirver y mucho para anotar cosas como “Jueves,  puesta en común sobre modelos atómicos”.

El clima que se vive es descontracturado. En el patio, un grupo de 2° año trabaja sobre un proyecto de historia. Y en otro salón, se pone en marcha el desarrollo de una plaza alimenticia. Lo hacen en mesas desparramadas bajo los árboles entre anotación y anotación hay que correr las hojas que caen sobre los borradores.

En esta escuela el aprendizaje al igual que en los modelos finlandeses el aprendizaje está centrado en los alumnos. No hay clases magistrales y desde 2016 se trabaja en un nuevo sistema de educación donde los adolescentes trabajan en proyectos colaborativos. Asisten a talleres y son evaluados de manera integral donde se tienen en cuenta cuestiones teóricas como sus habilidades personales.

Los resultados están a la vista: la escuela mejoró todos sus indicadores y las evaluaciones nacionales Aprender del año 2017 la ubican por encima de la media nacional.

Hay un gran responsable de todo esto y es Ariel Retondo. Cualquiera podría imaginarse que la educación fue un eje fundamental en su vida pero si sabe de ejes, y sabe mucho, es porque su profesión es ser mecánico.

En diálogo con LT10 Retondo explicó que se animaron a cambio integral dentro de la escuela. No solo en dar clases sino también en el funcionamiento. Sacamos las clases magistrales. Por otro lado la manera de evaluar a los alumnos es más integral y no tan específico en cada materia. Fue una transformación del modelo de aprendizaje que abarca la transparencia administrativa y pedagógica que abre la escuela a la comunidad y por último un modelo que incluye a toda la comunidad educativa. No tenemos un esquema tradicional de sillas y mesas uno detrás del otro. Además el centro del aprendizaje no es el profesor. Se puede trabajar en cualquier lado de la escuela y no hay límites. Simplemente tenemos un sistema de seis proyectos o núcleos temáticos con distribución de roles y es el estudiante el que toma el protagonismo y no todo está centrado en el docente.

Al ser consultado sobre las materias explicó que “no hay un órden ni materias separadas. Hay un cuerpo de docentes que guía los trabajos de los alumnos que están basados en preguntas esenciales. A partir de ahí comienza un trabajo de investigación que va desde la consulta bibliográfica hasta el uso de internet en teléfonos o tablets”.

Con respecto a la evaluación de los alumnos Retondo explicó que se los evalúa constantemente y se toma como eje ocho competencias básicas y a partir de ahí se elaboraron una treintena de criterios de evaluación y estamos en un proceso de coevaluación que se da entre el docente y los alumnos donde en grupo se analiza cómo se avanzó dentro de cada área.

Un 10 en innovación

“Antes del cambio de sistema, más del 80% de los alumnos no sabía qué hacer al egresar del secundario. Según los resultados de las evaluaciones Aprender 2017, ahora el 88% sabe lo que quiere seguir, y más del 80% considera interesantes los contenidos que recibe”, informa Rotondo.

Además, las mismas evaluaciones reflejaron que el 76% de los alumnos están por encima del nivel básico en lengua y el 41% en Matemática, cuando la media nacional es del 63% y 31%, respectivamente; mientras que el porcentaje de deserción escolar fue de apenas 3%. Los ojos de ministerios e instituciones, como la Bolsa de Comercio de Rosario, ya se posaron sobre este innovador modelo.

El motor del proyecto

Ariel Retondo tiene 51 años y desde chico aprendió el oficio de ser mecánico en el taller de su padre. Entre grasa, partes de hierro y herramientas fue forjando la cultura del trabajo pero siempre fue un amante de las nuevas tecnologías. Así fue que tras un golpe de suerte y ganar la quiniela decidió comprar su primera computadora. Fue la primera del pueblo donde habita y de manera autodidacta y luego estudiando un poco se convirtió en profe de computación. Así arrancó la docencia, empezó a ver las deficiencias y sintió la necesidad de un cambio urgente.