El padre Juan Pablo Nuñez que se encuentra al frente de la parroquia María Reina aseguró que no se irá a ningún lugar. Sostuvo que el ataque fue un mensaje por el trabajo que se hace para alejar a los chicos de las drogas.

Otra balacera con sello narco buscó generar terror el fin de semana pasado en barrio Larrea. Doce balas calibre 9 milímetros perforaron el frente de la capilla María Reina y las puertas del Colegio Paulo VI. Y el padre Juan Pablo Nuñez sabe porqué pero no tiene miedo. Está convencido que las balas fueron un mensaje para él y la comunidad de María Reina por el trabajo que hacen con los chicos para alejarnos de la droga. En el barrio funcionan varios bunkers, atendidos por los propios pibes del barrio.

“Miedo no tengo. No porque sea corajudo, se que estoy haciendo lo que dios me está pidiendo, por amor a la gente del barrio”, aseguró el sacerdote, en contacto con Radiópolis, el programa que conduce Roberto Caferra por Radio 2. Consultado sobre su permanencia al frente de la parroquia, fue contundente: “Por supuestísimo que me quedo”.

Sobre el ataque del domingo, contó que fue cuando dormía. Los disparos lo despertaron pero pensó que era un tiroteo más. Aseguró que las balaceras se repiten casi todos los días. Eran las 3.23 de la madrugada del domingo y esa vez –continuó– en lugar de salir a la calle, se fijó por las cámaras de seguridad qué había pasado y volvió a dormir. Recién vio los agujeros cuando se fue a dar misa. Siete tiros fueron directos contra la puerta de chapa del colegio, y unos ocho más perforaron el frente vidriado de la capilla y llegaron al altar.

“Llama la atención la agresividad de cómo fue la cosa. Se quedaron esperando. Tengo la mala fama de haber salido en otras situaciones, esta vez no salí y se quedaron esperar a que saliera”, precisó pero aclaró que no reconoció el rostro.

El padre Juan llegó a barrio Larrea hace cuatro año cuando “era un hervidero”. Casi no había ninguna institución que ofreciera apoyo y contención a los chicos, hasta que de a poco, comenzaron a acercarse a la parroquia de Méjico al 1000 bis. Habían construido un centro de vida para ayudar a los chicos a recuperarse de la adicción pero los propios pibes eran amedrentados por los vendedores de droga y tuvieron que cerrarlo. Ahora quiere volver a motorizarlo.

Pero para eso necesita toda la ayuda que pueda. Quien quiera colaborar, puede contactarlo al (0341) 156 653 930.