Todos sabemos que no existe una receta para que tu pareja sea una pareja feliz. Si existiera algo así, quien la tuviera sería la persona más buscada del mundo, porque todos sabemos que estar en pareja en general no es fácil. Pero si bien no existe una receta, existen algunas pistas que una pareja puede seguir para convertirse lograr una relación duradera y positiva.

Lo que las parejas deberían evitar es que aparezcan dos sensaciones fatídicas para toda relación: la falta de valoración y la distancia emocional.

1. Admiración

Una cuota de admiración tiene que estar presente en la pareja. Te tiene que gustar mucho algo que hace el otro, o cómo lo hace. Esta dosis de admiración tiene que ser mutua, no funciona si es unilateral y hay uno solo que admira algo del otro y el otro no admira nada del primero. Cuando hablamos de admiración, el peligro puede llegar a ser que esa admiración sea excesiva y se convierta en idealización. Si pasa eso tenemos un problema, porque hay uno que está en un pedestal y el otro lo mira desde abajo.

2. Momentos de conexión

Toda pareja que quiera convertirse en una pareja sana necesita compartir tiempo juntos y, además, que ese tiempo sea de calidad. Esto está relacionado con la intimidad y es a partir de los tiempos juntos que uno puede conocer los miedos, los deseos, los proyectos, los sueños y todo lo que le pasa al otro. Generar momentos de conexión de calidad no precisa de cenas caras ni regalos espectaculares: un café cuando los chicos se durmieron puede ser una muy buena oportunidad para generar conexión de alta calidad.

3. Amistad

Toda pareja sana tiene que tener una dosis de amistad y compañerismo. No estoy diciendo con esto que los miembros de la pareja tienen que ser amigos, porque siempre tiene que estar el componente sexual y erótico en juego. Pero, además del sexo, la ternura y un porcentaje de amistad generan el equilibrio perfecto para que el vínculo se sostenga en el tiempo y lo haga bien.

4. Buena distribución del poder

En todas las relaciones circula poder y la pareja no es la excepción. Si bien nos gusta pensar al amor en términos románticos, de magia y todo eso, lo cierto es que circula poder como en cualquier otro vínculo y dependerá de cuán bien distribuido esté ese poder que la pareja sea una pareja equitativa y sana. El mayor riesgo de este punto es que las parejas en donde uno tiene mucho más poder que el otro se convierten en parejas asimétricas.

5. Conciencia del contrato

Todas las parejas tienen un contrato, y la tuya no es la excepción. El problema es que este contrato tiene aspectos conscientes e inconscientes y muchas veces los vínculos no tienen ni idea de qué se trata todo esto, sobre todo, los aspectos inconscientes. Será un trabajo del vínculo poder descifrar cuál es ese contrato y cuáles son los aspectos que no están explicitados. Además de todo esto, más tarde o más temprano, la pareja necesitará renegociar ese acuerdo mutuo (por lo menos alguna vez en la historia del vínculo).

6. Construcción de un “nosotros”

El contrato y la distribución del poder se definen en un lugar imaginario que es el “nosotros”. Sí, todas las parejas necesitan construir un un espacio que sea superador del “vos y yo”. Desde ese lugar la relación tendrá que definir los puntos anteriores y muchas cosas más. Ese lugar se construye de a dos y requiere un cierto “mantenimiento” por parte de los dos integrantes de la relación. No hay nada que se mantenga fijo para siempre.

Por el licenciado Sebastián Girona