Si bien el invierno comenzó estrictamente el día 21 de junio, los días de frío ya habían empezado unos días antes. Con temperaturas oscilantes, que varían de acuerdo al día, es imposible desconocer que la estación más fría del año ha llegado para quedarse y cumplir su ciclo.

Más allá de que las personas usen ropa de abrigo y eviten “tomar frío”, como se dice popularmente, es la época en la que comienzan a proliferar las infecciones respiratorias estacionales. Esto sucede porque cada vez más personas enferman como consecuencia de los virus o bacterias que se encuentran en el ambiente, a su alrededor, y así lo contagian a sus allegados.

Existen diversos tipos de infecciones que se suelen presentar durante el período más frío del año. Algunas son de mayor gravedad, por lo que requieren cuidados más profundos y meticulosos; mientras que otras revisten un menor impacto en la salud de la persona que la contrae. Sin embargo, todas tienen una característica común, a la que se debe atender y tratar de evitar: la potencialidad de su contagio.

Catarro de vía aérea superior (resfrío)

Se trata de la patología estacional que se presenta con mayor frecuencia, tanto desde el comienzo del otoño como hasta la finalización de la época invernal.

“El microorganismo que desencadena este tipo de infección –en consonancia con sus síntomas- es un virus”, explica el Dr. Santiago Abad, del Servicio de Neumonología de Medicus. Es importante aclarar que existen distintos tipos de virus que pueden causar un trastorno de estas características, por eso es común que la persona tenga muchos episodios de resfríos durante el año, todos causados por virus diferentes.

Los síntomas que se manifiestan como consecuencia de la patología son dolor y picazón de garganta, congestión nasal, estornudos frecuentes y tos. Asimismo, el paciente puede presentar dolor de cabeza, cansancio generalizado, dolores musculares y, en algunos casos, fiebre leve a moderada.

Si bien existen formas de tratar este tipo de enfermedad, es fundamental que las personas sepan que los antibióticos no funcionan en este caso, dado que no combaten los virus, sino las bacterias.

No obstante, “es recomendable que el paciente se hidrate en forma abundante, haga reposo, se mantenga en un ambiente con una adecuada renovación de aire y, en caso de ser necesario e indicado por un profesional, tome analgésicos y antiinflamatorios para aliviar los síntomas”, señala el especialista.

El contagio es frecuente, pero se pueden tomar medidas para tratar de evitarlo. Lavarse las manos, tratar de no tener contacto con personas que estén resfriadas y cubrirse la boca al toser o estornudar son algunos de los puntos clave para evitar la propagación de la patología.

Faringitis

En este caso, se trata de otro tipo de enfermedad estacional, que se manifiesta en forma diferente. La faringitis se define como una inflamación en la garganta y, coincidentemente con el resfrío, también es causada por un virus, en la mayoría de los casos. Existe, por su parte, un menor número de personas en las que la enfermedad se desencadena a partir de la presencia de una bacteria, pero es más común en niños más chicos que en personas adultas.

La sintomatología de la faringitis incluye, esencialmente, dolor de garganta, que a su vez empeora al tragar –un trastorno que se conoce como odinofagia-. Del mismo modo, las personas pueden sentir dolor de cabeza, fiebre, dolor muscular, ganglios inflamados en el cuello y, por último, enrojecimiento e inflamación de las amígdalas.

“Al igual que sucede con el resfrío –y con muchas otras patologías virales- el tratamiento de la faringitis es sintomático, es decir, que se combaten los síntomas para mejorar el día a día del paciente, pero es imposible atacar directamente al virus”, indica el Dr. Abad.

En caso de que el especialista lo indique, la persona deberá tomar antiinflamatorios para aliviar las molestias corporales y antitérmicos para la fiebre. El reposo y la buena hidratación también constituyen puntos clave en el proceso de recuperación del paciente.

En caso de que la causa del cuadro sea una bacteria, será indicado un antibiótico para combatirla y mejorar el estado general de la persona.

Bronquitis

Tal como su nombre lo indica, esta enfermedad es, esencialmente, una inflamación en los bronquios, que son los conductos que llevan el aire hasta los pulmones, por lo que son fundamentales en el proceso de respiración. “La inflamación hace que se produzca mucosidad dentro de ellos, lo cual obstruye la vía respiratoria y dificulta la llegada de aire a los pulmones”, aclara el especialista de Medicus.

En general, es una patología causada por un virus, aunque existen casos en los que los contaminantes en el aire -sustancias químicas o irritantes en el aire- también pueden causar bronquitis aguda. Del mismo modo, en algunos casos este tipo de enfermedad es causada por bacterias.

La bronquitis –más aún, la bronquitis aguda- suele presentar diversos síntomas, que pueden ser molestos para el paciente e impedirle desarrollar sus tareas habituales. La tos con expectoración, la molestia y los silbidos en el pecho, como consecuencia de la mucosidad presente en los bronquios, son algunas de las manifestaciones principales alrededor de la bronquitis. El cansancio generalizado, el dolor de cabeza y de garganta y la fiebre pueden, también, estar presentes. El Dr. Abad indica que “todos los síntomas mencionados suelen estar presentes durante 7 a 10 días, pero la tos puede prolongarse por varias semanas”.

En cuanto al tratamiento, es importante aclarar que, dado que lo más frecuente es que sea producida por un virus, no se suelen requerir antibióticos para que el paciente se cure. Sin embargo, se puede contribuir a su recuperación de la misma forma que en los otros cuadros mencionados, con hidratación, reposo y, en caso de indicación médica, analgésicos.

En este caso, además de prevenir el contacto con personas enfermas y de toser o estornudar con la boca cubierta, cabe aclarar que evitar factores irritantes, como el humo del cigarrillo, puede ayudar a la curación del paciente. Asimismo, en caso de ser necesaria, el especialista indicará mediación inhalatoria, que permitirá liberar los bronquios gradualmente y ayudará a mejorar la respiración.

Gripe

La enfermedad gripe muchas veces se confunde con otros tipos de infecciones respiratorias. Por eso, es importante aclarar que no todo es gripe, únicamente lo son aquellas patologías causadas por el virus de la gripe –que a su vez tiene muchas cepas que se encuentran en constante mutación y cambio-. “Es por eso que la vacuna contra la gripe debe actualizarse cada año, para tratar de cubrir todas las cepas que se encuentran presentes y activas en ese momento específico”, añade el especialista.

Una de las características más importantes de esta enfermedad es su elevada capacidad de transmisión de una persona a otra. A su vez, es un cuadro que suele comenzar en forma brusca y repentina.

Algunos de los síntomas principales son escalofríos, fiebre, dolores musculares y articulares generalizados, lo cual provoca cansancio y malestar general. La congestión nasal y la tos seca son dos características particulares de esta enfermedad.

Con el objetivo de prevenir el contagio de esta enfermedad y su propagación, existe una vacuna que se renueva y aplica anualmente a todas las personas que se encuentren dentro de los grupos de riesgo. Los bebés de entre 6 y 24 meses se encuentran dentro de esta categoría, por lo que la vacunación se realiza en forma gratuita en todas las instituciones de salud. Asimismo, las mujeres embarazadas en cualquier momento del período de gestación y las personas mayores de 65 años también están incluidos dentro de esta categoría. En estos casos la vacuna se aplica en forma gratuita y sin ningún tipo de prescripción médica, por lo que no entran en juego las obras sociales o empresas de medicina prepaga.

Es importante aclarar que la vacuna protege de la gripe que circula ese año, lo cual implica que no protege a la persona de otras enfermedades virales como el resfriado común o la bronquitis.

Neumonía

Esta enfermedad constituye una infección del pulmón –en algunos casos, puede afectar a ambos-, que puede ser causada por diversos microorganismos. Bacterias, virus, hongos y parásitos pueden desencadenar una patología de estas características.

La estructura pulmonar tiene pequeños sacos que se encuentran dentro de ellos y contienen aire, conocidos como alvéolos. A su vez, se encuentran conectados al árbol bronquial por los bronquíolos.

“La neumonía provoca que los alvéolos de una parte del pulmón se llenen de pus o de otros líquidos, lo cual les impide cumplir su función de suministrar oxígeno”, explica el Dr. Abad, de Medicus.

En general, los casos de neumonía se desencadenan por una bacteria, el streptocuccus pneumoniae, que cualquier persona puede contraer. Sin embargo, existen grupos de personas que tienen mayor riesgo de contraer este tipo de enfermedad. Los niños lactantes y recién nacidos, las personas mayores, los pacientes con debilidad orgánica por una enfermedad preexistente, las personas con adicción al alcohol o a otras drogas, y quienes hayan padecido recientemente otras enfermedades que debilitan las defensas, como la gripe, se encuentran dentro de los grupos de riesgo de contraer y desarrollar neumonía.

Los síntomas, en general, son similares a los mencionados para otras patologías. Fiebre alta, malestar general, escalofríos, intenta tos –seca o con expectoración- y dolor en el tórax, constituyen la sintomatología general de la neumonía.

“Las personas mayores pueden presentar menos síntomas, por lo que es importante prestar atención a ellos, para que la enfermedad no avance en forma descontrolada”, aclara el experto en neumonología.

En cuanto al tratamiento, el médico tratante indicará cuáles son los antibióticos que la persona debe tomar, de acuerdo al microorganismo más prevalente y las condiciones previas del paciente.

A su vez, cabe aclarar que, según el estado clínico, el tratamiento se realizará en forma ambulatoria – el paciente puede ir a su casa- o requerirá internación. Después de comenzada la toma de antibióticos, la persona suele mostrar una mejoría clínica entre los 3 y los 5 días, aunque la tos puede durar más tiempo.

Al igual que sucede con la gripe, existe una vacuna contra el neumococo, que previene el contagio de neumonía y, además, de meningitis. Los bebés de 2, 4 y 12 meses, los niños y adultos que padezcan enfermedades inmunológicas o crónicas y las personas mayores de 65 años se encuentran dentro de los grupos de personas que deben aplicarse esta vacuna. En todos los casos el Estado Nacional garantiza que la vacuna sea gratuita en centros de salud y hospitales públicos de todo el país. No obstante, es importante aclarar que en los casos de niños y adultos con enfermedades respiratorias, cardíacas, renales, diabetes, inmunosuprimidos o tabaquismo deben concurrir con una orden médica, un requerimiento que no existe en el resto de los casos.

Tos postinfecciosa

Constituye, tal como su nombre lo indica, un síntoma que persiste luego de una infección del tracto respiratorio como consecuencia de la inflamación del aparato respiratorio posterior a la patología.

Por lo general, dura alrededor de 3 semanas, pero en algunos casos puede prolongarse hasta 8 semanas posteriores al cuadro infeccioso. Es importante aclarar que, si bien desaparece con el tiempo, a veces requiere tratamiento antiasmático de forma transitoria.

En conclusión, las infecciones respiratorias estacionales son diversas y se presentan con frecuencia. Si bien hay excepciones, en la mayoría de los casos los agentes que las causan son virus respiratorios.

En general, aunque algunas son más contagiosas que otras, el lavado de manos y la higiene en general son pautas fundamentales para la prevención, al igual que mantenerse alejado de las personas que se encuentran enfermas.