"Open bottle of pills on top of money, focus on bottom pills. The rising cost of healthcare."

Por David Rosman

Más de 175 estadounidenses morirán hoy de sobredosis de drogas. Así se refería al tema el diario USA Today en el mes de enero de 2018.

La cifra diaria de muertes por sobredosis de drogas es como un Avión 737 estrellándose y matando a todos los pasajeros a bordo. Si los accidentes de avión ocurrieran así unos días seguidos, “cerraríamos los cielos hasta que descubriéramos el problema”, dijo el ex Fiscal General de Misisipi Mike Moore.

Pero no es un accidente aéreo. Es la epidemia de opioides de Estados Unidos, y de no llegar a controlarse, podría reclamar 1 millón de vidas para 2020.

“Esto realmente es una emergencia nacional”, dijo Moore, quien defendió el litigio contra las compañías tabacaleras y ahora está involucrado en un litigio contra los fabricantes de opiáceos. “El problema es que no estamos actuando como debería ser”.

En el mes de Marzo de 2018 el National Institute on Drug Abuse publicó una investigación con datos patéticos:

Todos los días, más de 115 personas en los Estados Unidos mueren después de una sobredosis de opiáceos. El uso indebido y la adicción a los opiáceos, incluidos analgésicos recetados, heroína y opiáceos sintéticos como el Fentanyl, es una grave crisis nacional que afecta la salud pública, así como al bienestar social y económico. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades estiman que la “carga económica” total del uso indebido de opiáceos recetados solo en los Estados Unidos es de $ 78.5 mil millones al año, incluídos los costos de atención médica, pérdida de productividad, tratamiento de adicciones y participación en la justicia penal.

Por su parte, la revista Time del mismo mes de Marzo del 2018 dedica el ejemplar a los “diarios de opioides”, señalando que las sobredosis de drogas “mata” 64.000 personas al año, y la expectativa de vida ha caído dos años en forma lineal.

Se encomendó al fotografo James Nachtwey para que documentara la crisis en el pasado año, y luego de viajar a lo largo y a lo ancho del país brindó un abanico de casos dramáticos que viven los que se drogan y los familiares de los fallecidos por el abuso de sustancias toxicas. Como dijo uno de los entrevistados, no solo se destruyen los drogadictos a ellos mismos, sino destruyen a sus familiares y al entorno social.

Las epidemias tienen una dimensión ignorada por la sociedad y en muchos casos por los políticos y legisladores que deberían arbitrar medidas de Salud Pública para contener un flagelo de proporciones inimaginables.

Las muertes de 64.000 americanos en el 2016 por sobredosis de drogas son tantas como las bajas producidas en las guerras de Vietnam, Irak y Afganistan, consideradas en conjunto.
Cuando se trata del consumo de opioides, Estados Unidos tiene el triste privilegio de liderar el mundo.
Por cada millón de estadounidenses, se toman casi 50.000 dosis de opioides todos los días. Eso es cuatro veces la tasa en el Reino Unido.

Esta informacion compilada por diversos medios y entre ellos la BBC indica que existe una responsabilidad colectiva compartida por las compañias farmacéuticas, los mėdicos que recetan en exceso los calmantes para el dolor, y las autoridades sanitarias que no intervienen con la urgencia del caso.
Durante los últimos cuatro años, el gobierno de EE.UU. publicó los montos pagados por las compañías de medicamentos y dispositivos a mėdicos y hospitales docentes.
El total en 2016 fue más de US$8.000 millones. Más de 630.000 médicos tenían registros de pago.
Por ejemplo, Purdue Pharma, que produce OxyContin, un popular analgésico opiáceo, realizó casi 80.000 transacciones en 2016, por un valor total de más de US$7 millones.
La corrupción no es privativa del campo politico, se observa en todas las esferas de la vida social y las respuestas de los políticos no guardan relación con la magnitud del problema.

Si bien Donald Trump declaró la emergencia nacional de salud pública y mostró una actitud decidida acerca del asunto, todavía no se han adoptado medidas enérgicas, mientras que la situación sigue agravándose.

Michael R. Bloomberg , ex alcalde de la ciudad de Nueva York y actual enviado especial de la ONU sobre el desarrollo de las ciudades y el cambio climático propuso diferentes pasos que ayudarían a combatir la crisis de drogas estadounidense.

Los médicos deben reducir la cantidad de recetas de opiáceos sobre todo si se los puede sustituir por medicamentos no adictivos sin disminuir la eficacia del tratamiento. La formación de los médicos y las restricciones impuestas sobre las recetas permitieron que la cantidad de opiáceos prescritos bajara tras alcanzar su nivel máximo en 2010.

Es obvio que resulta necesario aplicar una política más decisiva y reglamentar estrictamente la emisión de recetas de medicamentos adictivos.

Las aseguradoras y expertos en farmacología deben mejorar la supervisión de las recetas. Por ejemplo, el proveedor de fármacos estadounidense CVS Caremark impuso restricciones en lo relativo a las recetas para los opioides.

Hay que dar tratamiento a los adictos cuando entran en contacto con las instituciones médicas. A menudo las personas no reciben tratamiento prospectivo una vez sufrida la sobredosis. La terapia plena requiere recursos financieros y la participación del Estado.

Además, algunos adictos a la heroína son encarcelados sin que las autoridades les ofrezcan el tratamiento necesario que les permita poner fin a la adicción.

Es preciso que los datos estadísticos estén actualizados. En muchas ocasiones la información acerca de la utilización indebida y la sobredosis de opiáceos resulta ser obsoleta.
Una estadística fiel podría contribuir a que las autoridades locales y federales dispongan de herramientas más eficaces para controlar la crisis.
El Estado debe cortar las importaciones de heroína y fentanilo —cuya mayor parte viene de China. Antes de su visita al país asiático, Donald Trump prometió comentar el asunto con el líder chino, considerándolo como su objetivo principal.

En el analisis de este tema surge con absoluta claridad la responsabilidad de las compañias farmacéuticas, la discrecionalidad con que los médicos recetan los opioides, la falta de un control estatal extremo, el tratamiento de los adictos, programas de rehabilitacion, programas educativos, etc.

La Casa Blanca esta agobiada por diversos temas y problemas. Cambios de funcionarios, acusaciones de romances con artistas porno, investigación de la interferencia de Rusia en las pasadas elecciones presidenciales, temas de chismes y de seguridad nacional e internacional se mezclan con absoluta facilidad generando como siempre una abalancha informativa que dudosa asimilación por la población Americana.

En este contexto es muy difícil que esta epidemia sea al menos controlada, y al igual que el control de armas, seguirá siendo objeto de debate hasta que las cifras nos golpeen con nuevos atentados y nuevas muertes por intoxicaciones.

En Argentina las cifras del consumo de drogas presentan también características alarmantes. Al respecto la Universidad Católica Argentina presentó en el 2017 el tercer “Barómetro del Narcotráfico y las Adicciones: Venta de Drogas y Consumos Problemáticos, a cargo del Observatorio de la Deuda Social Argentina”.

El informe presentó por un lado un seguimiento a nivel nacional, pero, a su vez, agregó un relevamiento pormenorizado de la problemática en los barrios más vulnerables del conurbano bonaerense.

En los barrios mas carenciados, la evolución de venta de drogas es superior a otros espacios residenciales. En especial, en las villas y asentamientos urbanos recrudece la problemática: 8 de cada 10 personas informan que observan venta de droga allí.

Resulta importante la opinion de Agustin Salvia, director del Observatorio: “Más allá del avance del narcotráfico, da cuenta del avance del narcomenudeo (organizaciones intermedias) en los barrios. Estructuras clientelares que muchas veces van de la mano con fuerzas policiales. La droga genera ingresos para jóvenes que en espacios legales no hay. Muchos encuentran una posibilidad, incluso, de un consumo extra. Obtener la droga para aliviar su sufrimiento. No son los criminales. Son las víctimas de un proceso de exclusión, marginalidad y adicción”.

Los grupos etáreos que se analizaron en el gran consumo van de 14 a 25 años, augurando para los años venideros un futuro muy pesimista, si consideramos que la pobreza afecta al 25,7% de la población, según el optimista informe del gobierno actual considerando un logro su reducción del periodo anterior. (32,2% de Septiembre de 2016).

Segun información publicada en el 2018, se consumen en el país 13.341 kilos de cocaína y184.991 kilos de marihuana. Por la venta de estos estupefacientes las bandas mafiosas manejan 1.080 millones de dolares, unos 21.000 millones de pesos, o el equivalente al presupuesto en salud que se destina en la provincial de Buenos Aires.

Desde hace muchos años escuchamos y leimos “connivencia policial y politica”, connivencia judicial, financiación de campañas políticas, zonas liberadas, y tanta jerga lexicográfica adoptada para explicar la convivencia de la politica con el narcotrafico.

En tanto no exista en los gobiernos de los paises desarrollados y en los que están en vias de desarrollo o estancados, una férrea voluntad de terminar con el narcotráfico y sus variantes, con los opiodes manejados por médicos, y compañias farmacéuticas, las cifras de muertes e intoxicación de personas seguirá creciendo, y las respectivas sociedades tendrán una poblacion expuesta a su propio exterminio, o al menos a una legión de adictos.