El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó su estimación de crecimiento para la Argentina, en momentos en que el gobierno de Mauricio Macri inició negociaciones para acceder a un crédito que le permita moderar la volatilidad cambiaria y hacer frente a la salida de fondos de inversión.

El FMI considera que la economía argentina crecerá este año 2 por ciento y no 2,5 por ciento, como preveía hasta hoy, según un reporte sobre América difundido este viernes. Su proyección es menor a la de consultores privados y está muy por debajo de las expectativas del Gobierno.

Consultores y bancos que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central consideraron que, en promedio, la expansión de este año será del 2,5 por ciento. En el Ejecutivo reconocieron la semana pasada que la sequía y la volatilidad cambiaria que obligó a anunciar medidas de ajuste mayor al previsto originalmente impactarán en la actividad, pero todavía esperan que esta crezca en torno al 3 por ciento. El Presupuesto 2018 proyectaba un crecimiento del 3,5 por ciento.

“En la Argentina, la economía continuó expandiéndose en el cuarto trimestre (de 2017). Según los indicadores de alta frecuencia, la actividad económica seguía siendo pujante a comienzos de 2018, pero la grave sequía que azotó el país tendrá un impacto negativo en la producción agrícola y las exportaciones”, indicó el FMI en su reporte. “De ahí que el actual pronóstico de crecimiento del PIB real sea de 2 por ciento en 2018, es decir, inferior a lo pronosticado en la actualización del informe WEO de enero”, continuó.

El informe, fechado en abril, no tuvo en cuenta la corrida cambiaria de las últimas semanas. Entre otras medidas, el Gobierno reaccionó con subas de tasas de interés y recorte de gastos, que, según admitió el propio Nicolás Dujovne, impactarán en el crecimiento esperado.

Para el Fondo, no obstante, la actividad avanzará 3,2% en 2019, “ya que el efecto negativo de la sequía se revertirá, y se cuenta con que los mayores salarios reales y las pensiones sustentarán el consumo privado y que la inversión privada continuará repuntando gradualmente”.

El FMI también estimó una inflación del 19,2%, superior a la de la meta del Ejecutivo pero inferior a la que prevén economistas del sector privado, que corrigen sus proyecciones al alza y ya la ven en el orden del 22 por ciento.

“Se prevé que la inflación continúe descendiendo, pero a un ritmo más pausado que el fijado como meta por el Banco Central, no solo por los vientos en contra derivados de las nuevas alzas de las tarifas de los servicios públicos sino también por el repunte de las expectativas inflacionarias tras la elevación de las metas de inflación y la adopción de una política monetaria con orientación más laxa a finales de 2017 y comienzos de 2018”, indicó el Fondo.

Los técnicos encargados de elaborar el informe dieron también una visión crítica sobre el ritmo de las reformas. En un contexto como el actual, en el que la Argentina busca un préstamo stand by de alto acceso para obtener un colchón de financiamiento al menos hasta fines de 2019, estas consideraciones cobran otro sentido, ya que el crédito estará sujeto a revisiones económicas periódicas.

“Para lograr un crecimiento más vigoroso, sostenible e inclusivo, se precisará un mayor avance del programa de reformas estructurales para eliminar las distorsiones y los cuellos de botella pendientes”, sostuvo el FMI.

El organismo que conduce Christine Lagarde incluyó a la Argentina en el grupo de países de la región más expuesto a las vulnerabilidades financieras, por su alta dependencia de la deuda externa.

“En general, la posibilidad de condiciones financieras más restrictivas implica riesgos a la baja para los flujos de capital a la región, pero la mejora de las perspectivas para los exportadores de materias primas, gracias al repunte parcial de los precios, es en cierto grado un aliciente para dichos flujos. Además de las tendencias históricas, los recientes episodios de volatilidad en el mercado también ponen de manifiesto la vulnerabilidad de los países que dependen del financiamiento externo cuantioso, como Argentina, a los cambios en la actitud de los inversores extranjeros”, indicó el reporte.

“Las autoridades deben procurar encauzar la deuda pública por una trayectoria sostenible, pero con mínimo impacto en el crecimiento en el corto y mediano plazo. En los casos en que la sostenibilidad o credibilidad fiscal pudieran correr riesgo, las autoridades deben abordar esas inquietudes aplicando un ajuste con una fase inicial más intensa e impulsando la reforma fiscal”, prosiguió el Fondo.