Colón recordó el ascenso de 1965

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El martes 14 de diciembre de 1965, el porteñismo barrio de Villa Crespo recibió una visita inesperada. Una marea humana y rojinegra llegó con el objetivo postergado desde su arribo a las competiciones afistas en 1948. Esta vez no iba a escaparse. Y llegaría con la frutilla del postre. El campeonato.

Colón afrontaba la cuadragésima quinta y penúltima fecha del campeonato de Primera División “B” de 1965. Visitaba a Deportivo Español en la cancha de Atlanta. Miles de corazón sabaleros comenzaban a ponerle un sello que con los años se transformarían en una marca registrada: un modesto club del interior, con un acompañamiento sin precedentes.

Aquella tarde de aliento, garra, sangre y calidad culminó con la victoria y el ansiado ascenso a la Primera División. El primero de una institución santafesina, claro está.

El único tanto del partido lo convirtió Alfredo Obberti tras una asistencia de Alejo Medina.

Cuatro días más tarde, la fiesta sería completa y en nuestro estadio. Orlando Medina y el mismo Obberti, redonderon un claro triunfo ante Nueva Chicago y coronaron a Colón como el campeón de la temporada de Primera “B”.

La arquitectura futbolista de Ítalo Pedro Giménez desembocó en un equipo muy ofensivo y casi invencible: Tremonti; Raúl Cardozo, Sanitá, Gisleno Medina y Néstor Cardozo; Ríos, Sebastián García, Orlando Medina, “Pepe” Canevari, Obberti y Alejo Medina. Dirigidos tácticamente por “Pepe” Etchegoyen.

Jorge Sanitá, líder y el gran capitán sabalero, recuerda al gallego: “Hablar de Ítalo Giménez es hablar de un dirigente de raza. Un hombre inteligente, activo y fundamentalmente, de decisiones rápidas. Tenía por esos años un grupo de colaboradores que sabían que solo debían ejecutar lo que él maquinaba y así, jugadores, técnico y ese dirigente forjamos la ilusión. Ítalo venía de obtener un tiempo sin parangones en AFA: colarse, como en el chinchón en un grupo de clubes “subversivos” de la “C” donde logró el ascenso a la “B” por reestructuración. Para lograr “el equipo” contó con la ayuda del desaparecido De la Cruz Rodríguez, pero la diplomacia de Ítalo y su argucia no conocía limites”.

Jorge Sanitá: “El Colón de la década del ”60 que yo viví y aprendí a sentirlo, porque ese Colón tenía sabor a pueblo, pocas veces paladeado, una vitalidad contenida que luego daría el salto para el futuro y una alegría premeditada como a sabiendas que sucedería ese año”
El mismo Sanitá, quien en un principio, no veía con buenos ojos “bajar” de Rosario a Santa Fe, se enamoró de nuestro club: “Colón, el Colón de la década del ”60 que yo viví y aprendí a sentirlo, porque ese Colón tenía sabor a pueblo, pocas veces paladeado, una vitalidad contenida que luego daría el salto para el futuro y una alegría premeditada como a sabiendas que sucedería ese año pero, con un desorden notorio y una improvisación para lo querido (que parecía imposible su logro). La pauta la da esa misma noche que aparecí allí como un viajero que llega a un lugar diferente del destino propuesto y se baja del ómnibus, y camina en busca de si mismo. Entre el bullicio oí que, en el baile, un parlante anunciaba la presencia de fulano de tal (era yo), jugador de Rosario Central, que se incorpora a la institución. Me dio la sensación que solo yo oí la noticia pues nadie dejó de bailar, al contrario, ni hubo ojos que buscaran al sujeto de cuentas, ni cosa parecida”. En Santa Fe, era una típica noche de carnaval.

Aquellos que bailaban y se divertían en el club del pueblo, extenderían la fiesta durante todo el año futbolístico. El sabalero sumaría 62 puntos -tres más que su escolta Quilmes, que también ascendió, y cuatro más que Deportivo Morón y Los Andes- en un apretado final de temporada que lo llevaría al primer ascenso y campeonato de la ciudad cordial.