Diez pautas de mindfulness para cambiar los hábitos alimentarios

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Un hábito es toda conducta reiterada y conocida, que se vuelve frecuente para nosotros. Es esa conducta que realizás y realizaste muchas veces en busca de una resolución, alivio o placer instantáneo, haciendo algo o no haciéndolo.

 

Están los llamados buenos hábitos, aquellos que te hacen más eficiente en el día a día y que no querés cambiar, como bañarte, preparar el desayuno de la familia, tu forma de manejar el auto, preferir el agua como bebida del día, entre tantísimos buenos hábitos, y los malos hábitos, esos que alguna vez te sirvieron para calmar o darte alivio sobre alguna situación (por ejemplo: picotear galletitas a deshoras, comer de más, no hacer ejercicio físico, etc.) pero que hoy ya no coinciden con tus metas, con tu mirada a largo plazo de quien querés ser. Eso que querés cambiar.

 

La mayoría de las veces, los hábitos se aprenden en la infancia, que una vez que se ha repetido lo suficiente, es una conducta que queda reforzada, que en nuestro cerebro es una red de neuronas fuertemente establecida: el circuito mental o la red neuronal de ese hábito.

 

En los últimos años numerosas investigaciones demuestran que el cerebro no es un órgano estático, sino que cuenta con la asombrosa función de la neuroplasticidad. Este es el conocimiento científico que provee el eje central de la práctica de mindfulness. Lo poderoso de la neuroplasticidad es que te da una herramienta para recablear tu cerebro, es decir, para cambiar. 

 

La experiencia cambia el cerebro

 

Si repetidas veces te involucraste en los mismos comportamientos (por ejemplo elegir tomar gaseosa, picotear, no hacer actividad física), tu cerebro va a designar a esta acción como preferida, sin importarle los efectos que tenga en vos o en tu vida futura. Es decir, las acciones o inacciones que hacés hoy (donde dirigís tu atención) tiene un efecto sobre la plasticidad de tu cerebro y sobre cómo vas a responder a diferentes estímulos en un futuro cercano.

 

Se necesita de un fuerte compromiso, trabajo, disciplina y dedicación sobre eso que querés cambiar. Porque si bien es posible, habilitar la opción de lo nuevo necesariamente lleva un trabajo intenso.  

 

Esto se logra renovando tus intenciones de elegir a qué prestarle atención, y el poder de observar tus impulsos, pensamientos, emociones y acciones automáticas… y dejarlas pasar, sin engancharte con todo lo que ofrece tu mente.

 

En resumen: una vez que decidiste prestarle atención a algo nuevo, tenés que darle tiempo de práctica, repetir la conducta, repetirla, repetirla con paciencia, para que se establezca como “la opción”.

 

La práctica de mindfulness enseña que el cambio requiere conocimiento, y el conocimiento sólo se inicia cuando nos detenemos (práctica contemplativa del momento presente) y centramos toda nuestra atención en lo que ocurre frente a nosotros.

 

En las próximas 10 entregas vamos a desarrollar de manera simple, práctica y escalonada, cada una de las siguientes pautas para cambiar la manera de alimentarnos y de relacionarnos con la comida:

 

1. Agradece que puedas comer.

 

2. Comer despacio.

 

3. Con moderación y 3 comidas al día: la porción es el plato.

 

4. No prohibir grupos de alimentos.

 

5. Que abunden los vegetales en tu plato.

 

6. Hacer pausas para registrar el nivel de hambre y saciedad.

 

7. Comer es un placer.

 

8. Mente que no ve, mente que no se entera.

 

9. Hacer ejercicio físico es clave para estar saludable.

 

10.  Escribe tu declaración de intenciones como principal estrategia.

 

* El autor es médico clínico especialista en nutrición e instructor de mindfulness, dirige el sitio www.comerdespierto.com y dicta Programas de Alimentación Consciente en Visión Clara Mindfulness Argentina, en la sede de Belgrano; [email protected]

 

 

CLARIN