La carta de Barletta a Bonfatti

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Señor

Gobernador de la Provincia de Santa Fe,

Antonio Bonfatti.

 

El 18 de Febrero, la sociedad Argentina, marcha triste y en silencio, ante la muerte de un Argentino. Nadie quiere que alguien muera, menos si esa persona fue muerto en circunstancias pocos claras y en medio de una investigación sobre el mayor atentado que sufrió nuestro país en toda su historia y en donde murieron 85 argentinos, causa que fue objeto de todo tipo de intervenciones desde el Estado, para impedir su esclarecimiento.

Este compatriota era Fiscal de la Nación. Su rango da un motivo mayor de preocupación y su función, la de investigar un acto criminal, al igual que todos los fiscales, nos moviliza a garantizarles que puedan desempeñarse con la tranquilidad y seguridad, para que los delincuentes sean los que no estén seguros y tranquilos cuando cometen un crimen. Este Fiscal en su escrito, había adelantado la acusación a la Presidenta de la Nación y a tres de sus ministros.

Desde el gobierno -responsable de su seguridad-, fue vigilado y hostigado en vida; y después de su muerte, denostado y destratada su memoria, a la par que se presiona la actividad de la fiscal que lleva adelante la investigación de su muerte. Se lo calumnia instalando un mundo de conjeturas e intrigas que poco ayuda la tarea de dilucidar las causas de su muerte.

A un mes de la muerte del Fiscal Nisman, ni la Presidenta de la Nación, ni nadie de su gobierno ha hecho llegar el pésame a su madre, a su ex mujer o a sus hijas y la verdad, que somos muchos los que sentimos la necesidad de marchar sólo por este simple motivo: para acompañar a sus deudos en el dolor que, una vez más, se cuela en la historia y enluta a toda la sociedad.

Al mismo tiempo y desde hace algún tiempo venimos observando cómo la Presidenta de todos los Argentinos, se empecina en hablarle sólo a sus seguidores. Se muestra orgullosamente como representante de una facción y -en nombre de la misma- arremete contra la Justicia -que debería ser independiente-, presiona e intenta controlar a la opinión pública y a la libertad de prensa y en un arrebato final, manda aprobar leyes en el Congreso abusando de la mayoría automática. De la misma manera, se aprobó el memorándum de acuerdo con Irán.

La arbitrariedad en las decisiones del Ejecutivo, han pasado a constituir todo un estilo de gobierno, y nuestra provincia ha sido víctima de ese estilo, tanto en la asignación de recursos, como en sus operaciones, intromisiones en materia de seguridad, no aviniéndose nunca a un tratamiento maduro entre estados: el nacional y el provincial, a un diálogo sincero que preserve la seguridad de nuestros comprovincianos, ni mencionar el apoderamiento de nuestros fondos para los jubilados, y el reclamo por obras que realizó la Provincia de Santa Fe y que eran de jurisdicción nacional.

Por estos motivos, me extraña, que rehúse convocar a la marcha y justificar su reemplazo por un “llamado al diálogo”. Pregunto, señor Gobernador: ¿Quién no dialoga? ¿Quién se encierra en su soberbia y decide arbitrariamente?

Resulta extraño que alguien con su experiencia y su conocimiento acerca del devenir de los procesos políticos en la historia Argentina, desconozca el sentido de las movilizaciones populares, cuando deciden erguirse para la afirmación de sus derechos.

Me entristece que no podamos marchar juntos y que a pesar de las diferencias circunstanciales podamos exhibirnos juntos ante los Santafesinos mostrando que sobre nosotros hay valores fundamentales que sostener y que están por sobre nuestras diferencias.