La historia ocurrió en la escuela de Enseñanza Media para Adultos (Eempa) Nº 1.299 de Rosario. Dos cursos de quinto año, unos 25 alumnos, podrían quedarse sin fiesta de graduación.

 

Hay sorpresa en Rosario por el caso de un joven que desapareció con el dinero que habían juntado en el curso para la fiesta de egresados. Eso no es todo, todos están sorprendidos porque el chico era considerado un “buen alumno y mejor compañero. Sus amigos, indignados, le dieron un ultimátum: si no regresa con la plata en las próximas 48 horas, lo denunciarán por el delito de estafa.

La historia ocurrió en la escuela de Enseñanza Media para Adultos (Eempa) Nº 1.299 de Rosario. Dos cursos de quinto año, unos 25 alumnos, podrían quedarse sin fiesta de graduación.

“Está con nosotros desde primer año. El mejor alumno de la clase, siempre atento y solidario con todos. El típico chico 10. ¿Cómo íbamos a imaginar algo así?“, dice Gisela, una de las damnificadas, a un diario nacional.

Todo comenzó a fines del año pasado cuando ambos cursos se juntaron por primera vez para organizar la graduación. Marcos (26 años) se ofreció desde su pupitre como voluntario para averiguar precios de salones. “Yo tengo tiempo de sobra, yo me encargo”, dijo. A la semana siguiente, llegó a la escuela con un precontrato para celebrar una fiesta el 8 de diciembre de 2018 por 500 pesos la tarjeta. El lugar gustó y Marcos quedó como el responsable de juntar todo el dinero.

La primera sospecha llegó el mes pasado, cuando el muchacho pidió más plata por “la actualización” de las tarjetas. “Pero cómo, si el precio era fijo”, planteó un compañero. “Es cierto, voy a reclamar”, respondió Marcos, para evitar más quejas.

Gisela y otras dos alumnas se acercaron al salón de fiestas para asegurarse de que el precio no se había alterado. La secretaria les dijo que el costo seguía siendo el mismo, pero les advirtió que debían saldar la deuda cuanto antes para no perder la reserva. Solo se había depositado una ínfima parte, 9 mil pesos.

Ni bien salió del salón, Gisela le mandó un mensaje a Marcos. El nunca le respondió. Desde ese momento apagó el teléfono y nadie puede ubicarlo. “No volvió más a clase. Fuimos hasta su casa. Hablamos con su familia, pero nadie sabe dónde está. Se lo tragó la tierra”, cuenta.