Los esfuerzos conjuntos del gobierno municipal y provincial de armar la fiesta en el Coloso o el Gigante (o incluso en cancha de Colón en Santa Fe) quedaron en nada ante los dubitativos directivos del certamen, que se lavaron las manos ante la posibilidad que implicaba organizar un desafío de la envergadura de Central-Newell’s. Nadie se hizo cargo y todos miraron para el otro lado desde la Copa Argentina. Un papelón total: desde Chiqui Tapia al último de los directivos de AFA.

Que increíble: nos dejaron sin el Clásico. A esto hemos llegado. El partido más importante del año se juega a más de 300 kilómetros de distancia y sin siquiera un solo hincha revoleando una camiseta en la tribuna. Tristísimo…

Pero que semejante papelón no quede en el olvido Rosario. Por favor. Porque también es cierto que este desenlace se veía venir. Era completamente lógico. Porque la pasión de la que tanto nos jactamos sentir dejó de ser tal hace rato largo y le dio lugar a un fanatismo desmedido que asusta. Hay que parar la pelota. Ya mismo.

Newell’s y Central se van a jugar a Buenos Aires. Y por algo será. Algo habremos hecho.