Todos los veranos, los destinos europeos más populares quedan saturados de turistas, quienes superan en número a los residentes locales por muchos múltiplos, convirtiendo sitios populares en pueblos “disneyficados” sofocantes y repletos de selfie sticks.

Últimamente, Europa ha estado embargada por la preocupación sobre el “sobreturismo”, y algunos críticos culpan de la amenaza a tecnologías como Airbnb, Uber y otras comodidades de viaje facilitadas por Internet.

A nivel mundial, gracias en parte a la creciente opulencia, los viajes se están convirtiendo en un pasatiempo más extensamente compartido. Los viajes internacionales aumentaron 6 por ciento en el primer semestre del año, rebasando los pronósticos de los expertos, de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo de Naciones Unidas.

Este crecimiento alguna vez podría haber sido considerado inequívocamente como buenas noticias. Pero los destinos más populares no pueden expandirse para dar cabida a una oleada infinita de turistas.

Quienes abogan por restringir el turismo dicen que demasiados visitantes están alterando la naturaleza de ciudades históricas, y también haciendo que viajar sea terrible.

“Es un nivel de turismo que está degradando el placer de nuestros residentes, pero también está degradando la experiencia de los turistas, porque el turista que a cada rato está haciendo fila detrás de las mochilas de cientos de otros turistas no está descubriendo el lugar real o auténtico”, declaró Justin Francis, director general de Responsible Travel, compañía que organiza viajes “sustentables” para clientes.

En las últimas décadas, innovaciones en la aviación —jets más amplios y eficientes y el auge de las aerolíneas de bajo costo— redujeron el costo de volar. Los cruceros más grandes ahora llevan ciudades flotantes enteras a puertos costeros (razón por la que Venecia acaba de prohibirlos). Luego están las muchas maravillas facilitadas por Internet, como reservas en línea, reseñas locales, mapeo con teléfonos inteligentes, traslados privados y hogares compartidos.

Por último, está la influencia de las redes sociales. “No puedes hablar de sobreturismo sin mencionar Instagram y Facebook —creo que son grandes impulsores de esta tendencia”, dijo Francis. “En cierto sentido, para mucha gente, las fotos que tomas en un viaje se vuelven más importantes que la experiencia”. Los legisladores europeos han destacado a Airbnb como uno de los principales causantes del sobreturismo.

En Amsterdam, las autoridades están presionando para reducir de 60 a 30 el número de noches que los residentes pueden rentar sus hogares. Varias ciudades más, entre ellas Londres y Barcelona, España, también han instituido reglas estrictas sobre hogares compartidos.

Las medidas reflejan el crecimiento explosivo de Airbnb. En sólo unos cuantos años, la compañía se ha convertido en una fuerza importante en las economías turísticas de muchas ciudades. Sin embargo, Airbnb —que, al igual que Uber, es un veterano combatiendo la resistencia regulatoria por todo el mundo— niega ser una causa del sobreturismo y argumenta que, en muchas formas, puede ser una solución.

Airbnb señaló que, ya que ofrecía hospedaje por toda una ciudad, en lugar de sólo en los puntos turísticos populares, podía distribuir a las multitudes de manera más uniforme. “Nuestros huéspedes se hospedan más tiempo que el típico huésped de hotel, y están distribuyendo las ganancias económicas a través de toda una comunidad en una manera que no sucede con los hoteles”, dijo Chris Lehane, vicepresidente para asuntos públicos de Airbnb.

Es poco probable que estos desafíos se mantengan fijos durante mucho tiempo, porque la tecnología que los exacerba siempre está cambiando. Un problema reciente es el surgimiento de un tipo más profesional de servicios de hogares compartidos —gente que adquiere propiedades para rentarlas de tiempo completo en sitios web de hogares compartidos, a menudo en violación de las reglas locales.

“Al final, esta historia es sólo un problema de números”, apuntó Jonathan Tourtellot, fundador de Sustainable Stewardship Center, grupo sin fines de lucro que promueve el turismo sustentable. Señaló que en 1960, cuando inició la era de los jets, se hicieron alrededor de 25 millones de viajes. El año pasado, esa cifra fue de 1.3 mil millones.

CLARIN – The New York Times