Yanina e Ibel, vecinas del Villa Rosas

Cada semana, el Instituto para el Desarrollo Sustentable de Rafaela destaca a aquellos vecinos de la ciudad que realizan acciones sustentables con el fin de contagiar su energía a todos los demás ciudadanos que se interesan en las historias ambientales.
En una nueva edición de #VecinoDestacado, presentamos a dos vecinas del barrio Villa Rosas, madre e hija, que trabajan en una producción propia de hongos para consumo personal y en una huerta orgánica realizada con materiales recuperados.
Esta idea abarca el intercambio directo entre el Instituto para el Desarrollo Sustentable y los vecinos; lo que permite dar a conocer la realidad y experiencias de lo que pasa en los hogares de nuestra ciudad comprometidos con temáticas ambientales.
Recordamos que #VecinoDestacado se realiza todos los viernes y se presenta una breve descripción de la acción y del vecino en torno a ella.

FUNGICULTURA: DESCUBRIR UNA PASIÓN
Yanina y su hija Ibel participaron del curso de Fungicultura brindado por el Instituto para el Desarrollo Sustentable y comenzaron a producir sus hongos en casa. “Nos enteramos por el Facebook del Instituto de que había un curso y cómo nos encanta todo lo relacionado a la huerta y jardinería, queríamos probar con los hongos”, contó Yanina.
“Le dije a Ibel si quería acompañarme y enseguida me dijo que sí. Fuimos las dos al curso y nos encantó, aprendimos un montón de cosas y empezamos la producción en casa”, agregó. Además, dijo orgullosamente que pudieron comer pizzas de hongos con lo cosechado y que crecen rapidísimo, lo que permite que puedan consumirlos enseguida.
“El proceso de cultivo no es complejo, pero hay algunos elementos que son difíciles de conseguir. Lo bueno es que tenemos un grupo de WhatsApp entre los que asistimos y nos organizamos para conseguir los materiales y despejar dudas que van surgiendo en el camino”, comentó.

EL JARDÍN, LA HUERTA Y EL COMPOST
Yanina e Ibel son dos vecinas amantes de la naturaleza y sus procesos. “En casa juntamos las hojas de la vereda, los residuos orgánicos y los hacemos compost (abono natural). También tenemos un jardín y una huerta orgánica. Nos encanta comer lo que producimos, genera otra satisfacción y la comida tiene un gusto muy rico”, explicó Yanina.

DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
“En casa también nos encantan los insectos. Es algo que heredé de chiquita. Mi abuela me enseñó muchísimas cosas sobre la huerta y cómo cuidarla. También me inculcó la importancia de los insectos en el proceso. Cuento una anécdota, una vez encontramos huevos de mariposas y los cuidamos colocándolos sobre la tierra junto con ramas. Cuando salieron las orugas, las alimentamos hasta que armaron su capullo. Luego vimos nacer las mariposas”, rememoró felizmente de esa experiencia.