Fue en la noche del sábado en la casa de los Rodrigo, ubicada en la zona sur de Calchaquí a la vera de Ruta 11, fue blanco de un robo violento.

Según contó Agustín Rodrigo, un hombre mayor, jubilado de la EPE y propietario del Museo que funciona en la misma casa, fueron dos los maleantes que armados con pistola y cuchillo lo redujeron a él y a su esposa, para luego robarles dinero.

El hombre relató que fue “una experiencia horrible que nos ocurrió anoche cerca de la 11 de la noche en que entraron dos jóvenes ladrones encapuchados armados, pienso que con dos revólveres y dos cuchillos cada uno, entraron y en la habitación de los pequeños estaba mi esposa Lorena con ellos que gracias a Dios estaban ya dormidos”.

Rodrigo dijo que desde “allí se dirigieron a nuestra habitación y yo estaba entre dormido y uno me puso un cuchillo en la garganta, y Lorena que es muy valiente luchaba con uno de ellos arriba de una mesa de desayunar”.

“En el dormitorio había un 38 Colt cromado descargado y empezaron a revolver todos los cajones de un placar bajo una de las ventana de poca altura donde había botellas de café llenas de vainas servidas que como en una época yo tiraba mucho – dado que estuve en el Tiro Federal más de 30 años, 15 primero como tesorero y los últimos 15 años como presidente hasta que lo dimos de baja dado que ya no concurría nadie a practicar – y las tenía para recargar, eran vainas de Máuser y de 45 las pusieron en un jogging mío y el que tenía el cuchillo en mi cuello me pedía plata”.

Con toda la preocupación y la carga emotiva de haber atravesado una situación límite, contó que “le expliqué que era jubilado y que no había cobrado todavía y se llevaron un fajo de unos 1.600 pesos todos de 100 gracias a Dios”.

El padre de familia destacó que “Lorena se dio cuenta que estaban dispuestos a todo ya que uno le dijo soltara el cuchillo que ella lo tenía agarrado por la hoja y el por el mango, como se vieron mal por la resistencia de ella le dijo que me iban apuñalar a mí; ahí ella aflojó la resistencia y le pusieron precintos. No sabían cómo se colocaban y Lorena les indicó, luego siguieron revisando, tiraron todo al suelo, pusieron todas las vainas viejas en un jogging, se llevaron los celulares de ella y el mío, y se fueron”.

“Llamamos a la policía que vino muy rápido y como vino Leandro (un familiar) le cortó los precintos, llego luego la División Científica que realizó un trabajo de rutina para estos casos, la cuestión que fue una experiencia horrible”, finalizó.