Las disputas entre bandas por manejo de territorio o de economías delictivas explican la alta cifra que se registra Rosario en ataques con armas de fuego. La significativa proporción de heridos de bala es constante en una ciudad que tiene uno de los mayores índices nacionales de homicidios cometidos por medio de disparos. El barrido de las incidencias del primer semestre indica que por cada persona asesinada hubo otras tres heridas de bala. Pero lo que asoma como llamativo en el plano de la investigación es lo complejo de avanzar sobre estos últimos casos: la dificultad de esclarecimiento en los hechos con heridos de bala es harto mayor que los casos donde hay muertos. Por tanto son muchos menos los incidentes con heridos que se aclaran formalmente.

Las consultas en la Unidad de Homicidios de la Fiscalía Regional Rosario destacan eso de manera coincidente. Los ataques a balazos se asocian con el funcionamiento del mercado de drogas, la vasta circulación de armas ilegales y el propósito de dominio territorial. Por tanto aclararlos importa, en tanto puede identificar a actores y a tramas que explican la alta conflictividad en la ciudad. No obstante, una importante cantidad de tentativas de homicidio no llegan a ser investigadas y terminan sin destino, sean formalmente archivadas o no las investigaciones.

Las bandas asoman

Los heridos graves de arma de fuego en Rosario se originan mayoritariamente por balaceras contra personas reunidas en grupo. Los heridos resultantes de ataques individuales son menos relevantes en cifras porque en general quien busca balear a una persona lo hace con intenciones de ultimarla. Y raramente falla.

El análisis de los números oficiales de este año, tanto del Ministerio Público de la Acusación (MPA) como del Observatorio de Convivencia y Seguridad de Rosario, revela un crecimiento del llamado índice de letalidad, que mide la relación entre muertos y heridos. Se advierte que crecieron en forma marcada los homicidios pero no de manera proporcional los heridos por arma de fuego. Estas últimas cifras son más bajas que las de años anteriores. Una conclusión preliminar es que se usó la violencia con fines letales.

En el departamento Rosario hubo en la primera mitad de 2018 un total de 108 homicidios, en tanto que 325 personas resultaron heridas por balas. La tasa de letalidad (cantidad de muertes en relación a los heridos) supera el 30 por ciento. En el primer semestre de 2017 hubo 24 homicidios menos (84) pero una cifra significativamente más alta de heridos (416). En los seis meses iniciales de 2016 los muertos fueron 106 y los heridos de bala fueron 580.

Es poco frecuente que los casos con heridos, que a diferencia de los homicidios son diarios, trasciendan públicamente. ¿Cuáles son las excepciones? Cuando hay un ataque múltiple, o el lesionado tiene renombre o bien hay un niño como víctima. Pasó hace menos de un mes con cuatro baleados en Pasco 60 bis, en República de la Sexta, represalia de un suceso de tres días antes donde le habían disparado a un chico de 14 años.

Ocurrió también en las citadas refriegas del primer cuatrimestre entre los Caminos y los Funes, desde Ayacucho al 4000 hasta el final del complejo de Grandoli y Gutiérrez, pero también en otras zonas donde estuvieran los implicados en estas pujas. En Parque Casas hace diez días la muerte de una nena de cinco años fue emergente de una sucesión anónima de tiroteos con heridos, que quedan asentados en las actas hospitalarias y en los llamados al 911, aunque las menos de las veces llegan a los medios de prensa.

Investigación y dificultades

Durante 2017 según el MPA en el departamento Rosario el porcentaje de individualización formal de autores para los casos de homicidio fue del 52,7 por ciento del total. Eso implica el registro de autores de asesinato identificados. Pero cuando la bala no mata son pocos los casos que resultan aclarados.

“La supervivencia de la víctima obstruye el esclarecimiento porque existen intereses que subyacen al disparo. Es raro que en un hecho con heridos a través de la víctima llegue algún aporte útil para dilucidar el caso, salvo cuando es de violencia de género o una disputa de vecinos. Si se trata de un conflicto entre grupos delictivos el código de silencio se impone”, dice el fiscal Luis Schiappa Pietra.

Por tipología, el principal incidente que acarrea heridos de arma de fuego en Rosario es el ataque de un agresor en movimiento, hacia una víctima desarmada y en la vía pública, con uso de arma poderosa, pistola de calibre 9 milímetros casi excluyentemente.

El blanco grupal

Los análisis del MPA sostienen que el herido de arma de fuego resulta principalmente de esos ataques hacia grupos. “Lo que se repite e incrementa el número de muertos es el ataque a alguien indefenso. Hoy el llamado sicario mata de este modo: recibe información sobre su objetivo, se le pide que lo localice y lo mate. Tiene que tener información y animarse. En el tiroteo contra varios la dinámica es distinta. El tirador se propone producir una muerte específica pero se desentiende del resultado si hay más de una víctima letal. Allí suelen producirse heridos. Es una secuencia donde el evento es rápido, sin intercambio de violencia y donde el agresor se expone relativamente poco”, indicó Augusto Montero, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y analista del MPA.

Cuentan los fiscales que al llegar a la escena de un crimen es común advertir a vecinos tirando piedras a la casa del agresor o que el morador se haya escapado. Los mismos vecinos señalan que allí vive quien produjo el homicidio. “Pero cuando la víctima conserva la vida es más difícil llegar a la verdad. A veces viene el herido en muletas o silla de ruedas y anuncia que no va a contar nada. ¿Por qué motivo? Porque el herido tienen que seguir viviendo. O porque está implicado en un conflicto del que es parte y puede ser él mismo un agresor en el pasado o en el futuro. Lo más común en los legajos es que el testigo o la víctima digan: «yo no lo vi»”, indica el fiscal Miguel Moreno.

“En general es mucho más cerrado el testigo de un caso donde hay un herido. Cuando hay una víctima lo que suele romper el miedo es la voluntad de la reparación. La impresión es que el herido sabe muy bien de dónde vino la agresión pero que no dice nada”, afirma el fiscal Florentino Malaponte.

Personas que no hablan, o que se van del hospital porque no quieren estar inmovilizadas para que nadie se acerque con preguntas.

Muchas veces el implicado como herido o sus familiares, cuenta el fiscal Moreno, no tienen interés en el avance del caso porque no buscan una reparación del Estado. Incluso llegan a decir que ellos saben quién fue y por qué. El anuncio más usual es: “Esto lo resolvemos nosotros”.

La intención y el azar

La fuerte impresión es que en la investigación de casos con heridos es infrecuente que se exploren pistas por fuera de las voces de víctimas o testigos, lo que redunda en un déficit para determinar movimientos y conformación de las bandas, cuyos movimientos explican una alta proporción de heridos de armas de fuego que hay en la ciudad. Las prioridades de esclarecimiento pasan además por los casos que tienen una víctima fatal.

“El uso reiterado del arma 9 milimetros en homicidios y en tentativas marca que los heridos a menudo son un resultado casual donde se buscó la muerte”, indica Schiappa Pietra. “Los casos de heridos aparecen habitualmente sin sospechosos y son de difícil investigación. Pero estimo como un desafío muy importante trabajar para medir esto porque es información muy relevante. Tenemos allí variables como víctimas, lugares del hecho, resultados balísticos, que aportan para entender más las lógicas de estos hechos. Esa información puede cruzarse con datos que debiéramos tener de las bandas que operan en cada zona. Entiendo que esto es tarea de organismos de inteligencia y de política criminal más que de los fiscales que aunque tenemos mucho para colaborar nos toca como tarea principal la de litigar en casos concretos”.