Miles de asteroides pasan junto a la Tierra en todo momento. Aunque son remotas las probabilidades de un impacto directo contra nuestro planeta en el futuro inmediato, incluso un asteroide pequeño del tamaño de una casa podría explotar con tanta energía como una bomba atómica.

Por lo tanto, los científicos en la NASA, la agencia espacial estadounidense, tienen la encomienda de escudriñar los cielos en busca de piedras espaciales peligrosas. Si alguna estuviera en una trayectoria de colisión con nuestro planeta, la información sobre su tamaño y su composición sería esencial para desviarla o calcular la destrucción si fuera a hacer impacto.

Durante el último par de años, Nathan P. Myhrvold, ex director tecnológico de Microsoft, quien tiene un doctorado en física de la Universidad de Princeton, molestó a los científicos especialistas en asteroides al decir que saben menos de lo que creen saber sobre estos objetos. Él argumenta que los datos de la NASA en los que se basan son imperfectos.

Desde 2011, un proyecto de la NASA conocido como Neowise catalogó los tamaños y la reflectividad de 158 mil asteroides, y afirmó que sus cálculos de diámetros estaban dentro de un 10 por ciento del tamaño real. Myhrvold dijo que las incertidumbres eran mucho mayores, porque los investigadores de la NASA estaban empleando datos de un satélite diseñado para observar objetos distantes, no asteroides cercanos. “La ciencia es pésima”, dijo.

Ahora sus argumentos se publicaron en Icarus, una de las revistas más prestigiosas de las ciencias planetarias. “He logrado que la gente esté de acuerdo en que yo tenía razón”, dijo Myhrvold.

La disputa gira en torno de los datos recabados por el Explorador Infrarrojo de Campo Amplio (WISE, por sus siglas en inglés), que escudriñó los cielos a partir de 2009, tomando fotos de cientos de millones de galaxias y estrellas lejanas.

“El equipo Neowise ratifica sus datos y hallazgos científicos que fueron publicados en varios artículos de revistas avalados por homólogos. La NASA confía en que los procesos y análisis realizados por el equipo Neowise son válidos”, dijo la NASA en una declaración.

Los hallazgos de Myhrvold presentan un desafío para una misión de búsqueda de asteroides propuesta por la NASA llamada Neocam, abreviatura de Cámara para Objetos Cercanos a la Tierra, que probablemente costaría millones de dólares.

Por lo menos un científico de la NASA encontró mérito en la labor de Myhrvold. “En general, creo que Myhrvold está en lo correcto”, dijo David Morrison respecto de las problemáticas abordadas en los artículos.

“Sí creo que es valioso que alguien, un externo inteligente, entre y analice datos que son importantes”, dijo Morrison, quien no está involucrado con la investigación de Myhrvold o con Neowise. “Eso tiene que ser de ayuda a la ciencia. Eso no puede ser algo malo”.

A principios de este año, Icarus publicó el primer estudio de Myhrvold sobre cómo la luz de sol reflejada afecta las mediciones de asteroides a las longitudes de ondas infrarrojas más cortas medidas por WISE. Publicó un segundo escrito en mayo que contenía las críticas de Myhrvold respecto de los datos de asteroides de la NASA.

Otros astrónomos coincidieron en que los científicos de Neowise no eran claros respecto a qué números estaban reportando.

Myhrvold dijo que la NASA debería suspender la planificación para Neocam, porque podría sufrir de las mismas deficiencias que Neowise. También dijo que un observatorio terrestre, el Gran Telescopio para Sondeos Sinópticos, actualmente en construcción, logrará mucho de la misión del Neocam.

Myhrvold cree que hay descubrimientos en los datos de Neowise que quedaron ocultos en lo que fue desechado durante el análisis.

“Quizás haya nuevas categorías de asteroides allí afuera”, dijo. “Esto es lo único que vamos a tener durante mucho tiempo. Debemos hacerlo correctamente”.

‘Tenía razón’, dijo tras ser avalado por colegas.