Melania Trump

La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, realizó este jueves una sorpresiva visita a la región de frontera con México, mientras en Washington el Congreso busca responder al escándalo por la separación de miles de niños de familias inmigrantes por la política de Donald Trump.

La esposa del presidente visitó un albergue para niños administrado por la Iglesia luterana y un centro de procesamiento de inmigrantes de la guardia fronteriza en la localidad de McAllen, en el estado de Texas.

“Quiero saber como podemos ayudar a estos niños a reunirse con sus familias lo antes posible”, les dijo la primera dama a los auxiliares del albergue.

De acuerdo con informaciones de la oficina de la primera dama, que días atrás llamó a Trump a “gobernar con el corazón”, el albergue reúne actualmente unos 60 niños con edades que van de los 5 a los 17 años, provenientes de Honduras y El Salvador.

En tanto, en Washington la espectacular controversia por las informaciones sobre más de 2.300 niños y menores de edad separados de sus familias multiplicó la presión sobre los legisladores para definir una salida legal a la situación. La secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, dijo este jueves que “el Congreso tiene la autoridad y la responsabilidad de hacer las leyes y arreglar nuestro sistema migratorio. El Congreso tiene que actuar”.

El miércoles y ante la fuerte presión hasta dentro de las filas republicanas, Trump dio marcha atrás y firmó un decreto que pone fin a la separación de familias en la frontera, después de una semana de insistir en que la única respuesta posible estaba en manos del Congreso.

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Los republicanos controlan las dos cámaras del Congreso, pero en el Senado poseen una mayoría de apenas dos votos, y por lo tanto precisan del apoyo de varios legisladores demócratas para que cualquier ley migratoria sea aprobada.

El miércoles el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, había dicho a la prensa que era necesario “aplicar leyes sobre inmigración sin romper las familias”.

Uno de los proyectos en disputa define una orientación de “mano dura” en la frontera. El otro proyecto es llamado “de compromiso”, ya que incluye concesiones de los dos partidos para tratar de avanzar en una legislación pasible de ser aprobada, y que aparentemente tendría el apoyo de Trump.

Este proyecto también refuerza considerablemente la seguridad en la zona de frontera, una exigencia de los legisladores más conservadores, pero incluye provisiones que resultan aceptables para los demócratas. Entre esas iniciativas este proyecto determina la prohibición de la separación de familias inmigrantes y también formula una solución definitiva a los “dreamers”, los jóvenes que llegaron al país siendo niños y que regularizaron su situación durante el gobierno de Barack Obama, pero que quedaron en en un limbo legal después que Trump decidiera no renovar sus permisos de residencia.

La iniciativa hasta incluye un mecanismo para destinar recursos a la construcción de un muro en la frontera con México y pone punto final a la migración de familiares de residentes.