l famoso “estirón” que pegan los chicos justo antes de entrar a la pubertad es una oportunidad ideal para detectar en forma temprana la escoliosis, uno de los problemas de salud más frecuentes en la espalda de los jóvenes y que si no se trata puede provocar severas consecuencias a futuro. Los especialistas apuntan al rol clave de padres y docentes en el reconocimiento de los síntomas.

“Se detecta prestando atención a la postura y la forma de desarrollo de los adolescentes. Si los maestros o quienes conviven con el chico, en el trato cotidiano ven, por ejemplo, cambios en la postura o diferencia de altura entre un hombro y otro, es tiempo de consultar al traumatólogo. Cuanto antes lo abordemos, mejores resultados terapéuticos podemos esperar”, afirma Andrés Ferrero, jefe del Programa de Escoliosis del Hospital de Clínicas, en el marco del día mundial de esta patología.

Desde el programa que dirige Ferrero están trabajando con los colegios universitarios Carlos Pellegrini y Nacional Buenos Aires -que dependen de la UBA- para brindar controles gratuitos como parte de los chequeos anuales obligatorios que se realizan como requisito para obtener el apto físico. “A partir de esta iniciativa, instalamos la idea de prevención y diagnóstico temprano. El puntapié inicial son estas escuelas, pero nos planteamos extender la misma modalidad de control obligatorio a otras escuelas de la Ciudad para luego llegar a nivel nacional”, comentó el especialista.

La escoliosis provoca una curvatura hacia los lados de la columna vertebral. Esas curvas suelen tener forma de S o de C. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta a 3 de cada 100 personas y es levemente más frecuente en mujeres que en hombres. Los síntomas incluyen inclinación hacia un lado, tener hombros desnivelados, un lado de la cadera más alto que el otro o un omóplato que parece más prominente. Ante cualquiera de esas señales se debe consultar a un especialista.

“La escoliosis idiopática más frecuente es la del adolescente, por lo que hay que prestar especial atención a esa etapa del desarrollo, ya que es en la que se producen la mayor parte de las deformidades”, advierte Ferrero. En las mujeres suele darse entre los 11 y los 12 años -en coincidencia con la primera menstruación- y en los varones entre los 13 y los 14.

La complejidad y el tratamiento del cuadro están vinculados al grado de curvatura que presente la columna. Si es leve, los controles periódicos suelen ser suficientes, porque es infrecuente que esas curvaturas empeoren. En las moderadas, se utiliza un corset para acompañar el crecimiento: los chicos que lo utilizan pueden participar de la mayoría de las actividades y quitárselo en caso de que sea necesario. En las escoliosis severas, se debe recurrir a la cirugía para corregir la deformidad.

“El crecimiento alterado de la columna puede traer severas consecuencias a futuro. Lo típico de estas escoliosis es que no tengan dolor, por lo que cuando el especialista interviene se encuentra con un estado avanzado de la enfermedad”, advierte Ferrero.

Cuando los casos moderados a severos no se tratan la enfermedad sigue su curso natural y, además de dolor y cambios en la apariencia puede provocar hasta problemas cardiorrespitarios derivados de la presión sobre los pulmones y el corazón.

El Programa de Escoliosis del Hospital de Clínicas brinda atención personalizada. Su equipo es interdisciplinario e incluye médicos traumatólogos especialistas, licenciados en psicología y cuenta con la colaboración de pediatras y neumonólogos. Se realiza el diagnóstico, control y seguimiento niños, adolescentes y adultos con el objetivo de garantizar su bienestar físico y reducir el impacto que esa afección pueda producir en su calidad de vida.