Caso Guadalupe Medina: pericias de ADN negativas para tres acusados

Casa donde fue hallada Guadalupe Medina.

Como una imagen del desamparo en que vivió, Guadalupe Medina murió en una casa sin puerta ni techo. La nena de 12 años fue violada y asesinada con marcas de una saña atroz en esa construcción abandonada de villa Banana. Dos años después del crimen no se sabe quién la mató: las pericias de ADN resultaron negativas para los tres acusados.
Uno de ellos fue absuelto y la semana pasada venció la prisión preventiva de otros dos jóvenes ligados a una banda de narcomenudeo a los que vieron conversando con la chica la noche anterior frente al rancho sin terminar. Por el caso no quedan detenidos.

Por otras causas

El asesinato de Guadalupe abrió una investigación desdoblada bajo una misma teoría. Por un lado intervino la fiscalía de Homicidios, que a partir de un testigo de identidad reservada detuvo a dos jóvenes ligados a “la banda de Pandu”, tal como llaman en villa Banana a un grupo violento con su líder hoy preso al que atribuyen asesinatos, amedrentamientos a dirigentes barriales y usurpaciones violentas para instalar quioscos de drogas. La semana pasada se cumplieron dos años desde las detenciones de Mauricio “Chueco” C. y su cuñado Rodrigo Gustavo “Wititi” B.

Los dos fueron sometidos a cotejos de ADN. Pero los resultados negativos de las pericias genéticas, sin otras pruebas firmes, motivaron que el fiscal Florentino Malaponte no pidiera una prórroga extraordinaria de la prisión preventiva. Como aún no adoptó una decisión de fondo continúan imputados bajo una calificación penal que prevé prisión perpetua. Pero este caso ya no los retiene en prisión. Siguen detenidos en otras causas por delitos contra la propiedad que investiga el fiscal Aníbal Vescovo.

“Estas personas no fueron desincriminadas. El fiscal está en contacto directo con las víctimas y tenemos expectativa en que la investigación pueda concluir”, evaluó la abogada Martina Ghirado, que acompaña a la familia de Guadalupe desde el Centro de Asistencia Judicial (CAJ) y anhela que algunas medidas en curso puedan aclarar lo que pasó.

Una pesquisa paralela avanzó en un juzgado de Menores. Allí un chico que entonces tenía 16 años, Gabriel Q., analfabeto y con una historia de abandono desde la infancia, fue acusado de cometer el crimen junto a los dos mayores. También fue sometido a una comparación genética que resultó negativa. En una campera verde que vestía al ser detenido se encontraron rastros del ADN de los otros imputados y de Guadalupe.

Pero esto no alcanza para saber quién violentó a la nena y por eso la jueza de Menores María del Carmen Mussa lo absolvió a mediados de mayo. La medida fue apelada (ver aparte).

Atrocidad

Guadalupe Medina vivía con sus padres y siete hermanos en una casilla de villa La Boca, un sector de villa Banana. Iba a la escuela y cursaba séptimo grado en la escuela Marcelino Champagnat, pero comenzó a faltar y ausentarse de su casa desde que se acercó al grupo de “Pandu”, apodo por el cual es conocido Nelson Alexis Aguirre, de 35 años y preso desde 2015, a quien señalan como jefe de una banda que captaba pibes vulnerables para la venta al menudeo de drogas.

El 25 de mayo pasado se cumplieron dos años del crimen de Guadalupe. A las 7.30 de aquel feriado de 2016, un vecino encontró a Guadalupe en una casa a medio levantar de Lima al 2900 (bulevar Avellaneda a la misma altura), a unos cincuenta metros de la entrada al pasillo.

Los vecinos dijeron que esa construcción ruinosa de cuatro metros por siete, de paredes de ladrillo, era usada como “aguantadero”. Boca abajo y con marcas de haber padecido un tormento, la chica tenía heridas en el cuello, la lengua, la ingle, la vagina, la zona anal, el muslo derecho y la pantorrilla derecha. La habían estrangulado.

En ese momento no se sabía quién era esa niña con golpes propios de haber sido arrastrada. Vulnerada aún después de su muerte, Guadalupe fue identificada con otro nombre. En la morgue fue reconocida como Abigail, una chica de 13 años que se había ido de su casa hacía un año. Las dos tenían edades y contexturas similares y la madre de Abigail creyó que era su hija. Pero al ver su nombre en las noticias la chica perdida se contactó con su familia y les anunció que estaba viviendo con una tía.

Días tumultuosos

Recién entonces los padres de Guadalupe pudieron reconocerla. “Todos sabemos quiénes son estos asquerosos: Wititi, el Chueco, el Rengo, Muqueño, Jésica. Eran su junta, siempre andaba con ellos. Son unos rastreros”, soltó con furia en el noticiero Gabriel Medina, padre de la víctima.

Fueron días tumultuosos. En villa Banana incendiaron las casas de allegados a Pandu. Los vecinos marcharon a Tribunales a denunciar el arreglo de las comisarías 13ª y 19ª con los vendedores de drogas del barrio. Y contaron que el día del crimen la pareja de Wititi, Romina, se acercó al pasillo junto a su hermana, Jésica, a amenazarlos para que “no abrieran la boca”.

Dos días después del crimen la Policía de Investigaciones (PDI) detenía Gabriel Q. El adolescente, que había sido nombrado por el testigo de identidad reservada, estaba parado frente al rancho cuando el vecino que encontró el cuerpo llamó a la policía.

Este muchacho declaró que la noche anterior pasó por el lugar y vio al Chueco, a Wititi y a un pibe con un camperón verde junto a la chica. Dijo que después se fue a su casa y una hora después, ya en la madrugada del 25, salió a caminar por el barrio porque no podía dormir. Como tuvo ganas de orinar fue a la casilla donde fue encontrada Guadalupe, que se usaba como baño comunitario, y descubrió que la habían asesinado.

El 1º de junio se entregó el Chueco. Tenía un pedido de captura por una salida transitoria de mayo de 2005. Su pareja, Jésica, es una hermana de Wititi con la que tiene dos hijos. “No sé porqué me acusan. Estoy dispuesto a hacerme el ADN. Me presenté porque yo no fui”, dijo en la audiencia imputativa y aseguró que esa noche estaba durmiendo con su familia. Al día siguiente se presentó Wititi. “Yo me presto a quedar detenido porque no tengo nada que ver con este caso”, indicó.

Femicidio

El crimen de Guadalupe integra la lista de femicidios en la provincia, aunque al caso penal se le aplicó otra figura: “abuso sexual de una menor de 13 años con acceso carnal cometido por más de dos personas con resultado muerte”. Se pena con prisión perpetua.

El encuadre es el de una violación seguida de muerte, pero el hecho también puede interpretarse como una suerte de mensaje mafioso.

“Lo que pasó ahí es una atrocidad. Un acto macabro de venganza, un atentado con visos de un ataque a la sexualidad”, consideró una fuente del caso.

Las pruebas genéticas se hicieron sobre hisopados de la vagina, la boca y las manos de la víctima. Se extrajo del cuerpo un líquido viscoso pero no era semen. En las muestras se detectó el ADN incompleto de una persona aún no identificada. Los cotejos con los tres detenidos fueron negativos. Así, cuando todo parecía conducir a un callejón sin salida, Malaponte sometió a una prueba genética al testigo protegido. Pero el resultado también fue negativo y aún no está claro qué pasó.