Cuando se lanzó el Apple Watch, la compañía esperaba convertir a este producto en un próximo boom y competir así con el segmento de relojes de lujo.

La historia fue totalmente distinta. Si bien Apple lidera actualmente el mercado de los smartwatches, el segmento no logró convertirse en ningún boom, y los modelos lujosos que costaban miles de dólares desaparecieron rápidamente por el escaso interés.

Como consecuencia, las tiendas exclusivas de Apple Watch que la compañía abrió, no tenían demasiado sentido, y lentamente y en silencio fueron desapareciendo.

Ya habían cerrado las de París y Londres y ahora se anuncia el cierre de la última que quedaba en Tokio.

El Apple Watch seguirá vivo aunque a un precio más razonable y pensado más como un dispositivo deportivo que un objeto de lujo como inicialmente se intentó.