Las ardillas de vientre rojo se pasean por allí. Un vecino del barrio las fotografió.

Para algunos son un problema y están invadiendo la zona. Para otros son simpáticas y pintorescas. Las ardillas de Vientre Rojo comienzan a ser un tema de “discusión” en la ciudad. O al menos se mete en el listado de temas de aquellas señoras, escoba en mano, que les gusta dialogar calle de por medio con su vecina que también salió a barrer temprano.
Para Rafaela misma es una novedad, es inusual. Al principio no se creía tanto de la presencia de este roedor, y sólo la anuencia de algún morador del lugar podía explayarse en el tema. Hoy ya es un tema de común conocimiento y ya nadie se sorprende tanto al verlas, o lo festeja, como sí pasaba hace uno o dos años.
Si hacemos un paneo y ampliamos el radio, tenemos que decir que este ejemplar es considerado un problema para muchos municipios de algunas provincias del país. Hay un foco principal en Luján, Buenos Aires, donde se originó. El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación relevó en su informe ambiental del año pasado que “invaden” 2186 kilómetros cuadrados, es decir un área que equivale a diez veces la Ciudad de Buenos Aires. Además de Luján, que suma el 60% del territorio invadido, se las ve en Escobar, San Miguel, 25 de Mayo, Capitán Sarmiento, Salto, Arrecifes y Daireaux.
En nuestra provincia, hay una pequeña colonia en Cañada de Gómez y en Rafaela. Y en Córdoba se las ha visto en La Cumbrecita. La dispersión de su hábitat tiene una explicación: las personas son las que las llevan como mascotas o las compran en un mercado ilegal y luego las sueltan, lo que dificulta el control e instaura una amenaza: que lleguen al Delta y desde ahí se expandan vertiginosamente hasta Misiones por el corredor verde del Litoral.

¿SON UNA AMENAZA?
En Rafaela, por lo general, la gente lo ve como un roedor “simpático”. Al menos los vecinos consultados por LA OPINION se ríen o comentan donde las han visto ultimamente. Todavía no hay quejas serias de estas ardillas, más allá de que algunos dicen que “hacen renegar”.
Desde la Municipalidad ha trascendido que “se preguntan qué hacer con las ardillas”, aunque las autoridades del área de Zoonosis piden que no se las tome como un tema caótico, por el momento. “Son muy vistosas, y como están en el barrio Belgrano o en el Country, entonces parece que hasta queda lindo”, le dijo una autoridad Municipal a este Medio.
Esta especie es un depredador natural y con gran capacidad de adaptarse a distintos ambientes, sabiendo que la población crece exponencialmente y provoca dos tipos de daños. El más evidente es el económico, por los destrozos. El otro, con consecuencias impredecibles, es la pérdida de biodiversidad. Se sabe que espanta aves, daña árboles y que competiría con otros animales.
Además, especialistas remarcan que estas ardillas de Vientre Rojo no son mascotas. Aunque salgan de día hay que observar en silencio por minutos largos para verlas. Hay quienes van a la zona del Parque Balneario Municipal (sobre todo los fines de semana). El frente de invasión se ha expandido más rápidamente en los últimos años.
Más allá de esta mirada y de que ya son parte de la ciudad, hasta el momento no es un problema para la salud pública. Ayuda, además, que al estar en el Parque Balneario Municipal, o a las afueras del barrio Belgrano, se las nota como aisladas.
Cuando esta plaga, porque ahora ya podemos decir que su multiplicación es notable, empiece a interferir en el bienestar de los vecinos o bien, que complique la salud de algunas personas, como cualquier roedor, se tomará una medida que avalen los proteccionistas, y frenar su expansión. Por lo pronto se le recomienda a la gente que no las alimente, ya que esto ayuda a su reproducción.