Maximiliano Acosta, un albañil de 27 años, murió apenas empezaba el domingo en la puerta de la casa de sus suegros, en Callao y Centeno. Había llegado allí con Laura, su mujer, y la idea era salir después con amigos y cuñados por el barrio, o bien ir a avenida Pellegrini a tomar unas cervezas. Pero cuando estaba en la puerta de la casa de sus familiares, una construcción humilde y de frente amarillo, se acercó un chico del barrio y como final de una discusión que mantenía con Acosta le disparó por la espalda mientras la víctima intentaba llegar a la puerta de la vivienda.

Inmediatamente después el agresor, identificado por testigos como Mauro O., corrió a la vista de todos y así dejó la zona. Al cierre de esta edición se mantenía prófugo y con un pedido de captura ordenado por el fiscal Homicidios Florentino Malaponte.

La disputa que habría desembocado en el homicidio comenzó hace alrededor de un año. Según contaron ayer amigos de Maximiliano, un grupo de pibes que andan por el barrio “vendiendo drogas y pensando que son los dueños de todo” molestan al vecindario.

Entre ellos está el sindicado como agresor de Acosta, Mauro, que el año pasado quiso robarle una moto a Maximiliano. Como no pudo hacerlo, contaron que decidió romperle el tanque de nafta y vaciárselo. Maximiliano esa vez lo increpó pero la cosa no quedó ahí.

“Nos gritaban”

Laura, la mujer de Acosta, contó como sucedió la muerte en la medianoche del domingo. “Fuimos a la casa de mi mamá y enfrente estaban estos pibes. Nos decían cosas y nos gritaban, pero Maxi no decía nada y se reía. Nosotros no nos metemos con nadie, Maxi trabaja mucho y yo también. La idea era ir a la casa de mi mamá y después entre los cuñados salen y nosotras nos quedamos acá, es costumbre ya”.

 

“Maxi jodía con Vanesa, mi otra hermana y estos pibes gritaban. Entonces no sé que dijo él y uno del grupo se acercó por atrás cuando nos metíamos en la casa y le disparó por la espalda. El se cayó y yo fui corriendo hasta la avenida Ovidio Lagos para que viniera la policía, pero no vinieron. Después llamamos al 911 y el que disparó, este Mauro, se fue a la casa de su madre a esconderse. Y no sabemos más”.

La ambulancia del Sies tardó media hora en llegar y Maximiliano fue trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Allí el médico de guardia intentó reanimarlo pero el muchacho tenía un balazo de una pistola calibre 9 milímetros en el hemitórax derecho que le provocó la muerte en el centro de salud.

En ese marco, vecinos y amigos de Maximiliano dijeron que el que tiró tiene una operación de ano contra natura, por lo cual los pesquisas creen que no podrá ir muy lejos.

Sin joder, sin deber

Los hermanos de Maxi estaban ayer en la casa de la pareja, en Pueyrredón al 4000, donde todo era llanto e indignación. “Maxi nunca tuvo un solo antecedente, siempre trabajó como loco y todo lo que hizo lo hizo así, sin joder a nadie y sin deber un peso. Era un gil laburante, un gran pibe”, dijeron sus allegados.

Laura y Maximiliano no tenían hijos. “No nos metemos con nadie y lo matan así”, no se cansaba de repetir su esposa, desconsolada, mientras recordaba que a su marido “todos lo conocían en el barrio y lo querían, nunca tuvo problemas con nadie”.

A los familiares les dijeron que hoy les entregarían el cuerpo, que la madrugada del domingo fue trasladado al Instituto Médico Legal. “El que lo mató tiene arresto domiciliario pero nunca lo cumplió. Todos lo conocemos y sabemos que entre otras cosas vende drogas por acá”, dijeron sin miedo los amigos del muchacho asesinado.