Christopher Lewandowski pensó que era un hallazgo que cambiaría al campo de la Medicina.

Durante años, los médicos habían tratado de encontrar un tratamiento que preservara los cerebros de los pacientes con una apoplejía. Empezaba a parecer inútil: una vez que un coágulo bloqueaba un vaso sanguíneo que alimentaba al cerebro, rápidamente morían las neuronas. Los pacientes sólo podían rezar para que el daño no fuera demasiado extenso.

Pero luego una gran prueba clínica demostró que un medicamento “rompecoágulos”, el activador tisular del plasminógeno, o TPA por sus siglas en inglés, podía prevenir las lesiones cerebrales tras un derrame cerebral al abrir el vaso obstruido.

Lewandowski, médico de urgencias en Detroit y el investigador principal de las pruebas clínicas, estaba feliz. “Sentimos que los datos eran tan contundentes que no teníamos que explicarlos” en el reporte publicado, dijo.

Estaba equivocado. Esas pruebas clínicas terminaron hace 22 años y, sin embargo, Lewandowski aún está tratando de explicar los datos a los escépticos. Éstos enseñan a los estudiantes de que el TPA es peligroso y que los estudios que encontraron un beneficio estaban seriamente comprometidos. Es mejor simplemente dejar que un derrame cerebral siga su curso, dicen.

Tan sólo en Estados Unidos, cerca de 700 mil pacientes cada año sufren derrames cerebrales causados por coágulos y podrían beneficiarse del TPA. Sin embargo, hasta el 30 por ciento de quienes son candidatos para el trombolítico no lo reciben. El resultado: parálisis y debilidad muscular; deficiencia cognitiva, del habla o de la vista; y otras lesiones permanentes.

Los lineamientos de tratamiento para derrames cerebrales emitidos por la Asociación Estadounidense del Corazón y la Asociación Estadounidense de Derrames Cerebrales apoyan sólidamente el TPA. Pero el tratamiento debe iniciarse en las primeras tres horas.

El medicamento puede causar o exacerbar hemorragias cerebrales, pero en la mayoría de los pacientes de derrames cerebrales evita más lesiones.

Sin el tratamiento, “muchos de los pacientes terminan con una discapacidad permanente”, dijo Gregg C. Fonarow, cardiólogo en la Universidad de California, en Los Ángeles. “Los neurólogos involucrados en cuidados crónicos ven las devastadoras consecuencias”.

Jerome Hoffman, uno de los líderes del contingente de escépticos y profesor emérito en UCLA, cree que mientras que las pruebas iniciales y las segundas fueron positivas, ambas eran defectuosas. Concluyó que más pacientes que recibieron TPA habían sufrido la clase menos severa de derrame —y estaban menos afectados desde el inicio. Los expertos discrepan.

Hoffman dijo que ha hablado con pacientes de derrame cerebral al llegar a la sala de emergencias y les ha dicho que aunque el equipo de derrames recomendaría TPA, se debatía sobre si el tratamiento beneficia a los pacientes a largo plazo. “En mi experiencia, casi nadie eligió TPA después de escuchar una versión neutral y luego una versión positiva”, dijo.

En San Luis Obispo, California, Scott Bisheff, un médico de emergencias, les dice a los pacientes que una gran incertidumbre rodea al TPA. Más o menos la mitad de sus pacientes rechazan el tratamiento, dijo Bisheff.

Dicen a los alumnos que un medicamento es peligroso.

Hace más o menos una década, a Lewandowski lo llamaron para avisarle que su padre había sufrido un derrame cerebral. Su padre llegó al hospital en 45 minutos, bien dentro de la ventana para recibir TPA. Lewandowski dijo a su madre que dejara muy claro que querían que el médico le administrara el rompecoágulos a su padre. El médico se rehusó. “Le dijo a mi madre que él no cree en el medicamento y que no lo iba a administrar”, dijo Lewandowski.

Dijo que manejó 640 kilómetros al hospital, pero cuando llegó, la ventana había cerrado. Su padre presentó debilidad facial y habla afectada. Su brazo y pierna derechos quedaron inútiles. Su derrame fue moderadamente discapacitante, pero sobrevivió unos cuantos años más.

“Personalmente fue muy difícil para mí”, recordó Lewandowski. “Sentí que le había fallado a mi padre”, añadió.

© 2018 The New York Times