Arnaldo André publicó su primer libro, una “autobiografía” que se llama Por lo que usted y yo sabemos, en la que, en uno de los diez capítulos, titulado “Una fan peligrosa”, cuenta la historia de una admiradora que lo acosó durante cuatro años.

“Pese a que los flashes tienen su encanto y que el afecto del público también es gratificante, quién lo va a negar, en 1974 empezó una historia con una admiradora que fue como un daño colateral que me produjo el éxito”, arranca su relato el actor paraguayo.

Y, sin escatimar detalles, continúa: “No fue un romance ni mucho menos, jamás nos besamos. Ella me persiguió, me acosó… Se metió con mi familia, se me aparecía de sorpresa, me hacía desplantes en la vía pública. Terminé encerrado, temeroso de verla. Jamás había dado a conocer esta historia, pero es momento de sacarla a la luz”.

A la mujer, según describe Arnaldo en el libro editado por Planeta, la conoció por carta. “Un día recibí una carta de una señora que me hablaba de su soledad. Me dejó un teléfono para que la llamara la noche del 24 de diciembre. Me conmovió. Pasadas las doce de la noche, y después de saludar a mi familia, llamé”.

Enseguida, en especial por la insistencia de la mujer para que se encontraran personalmente, el galán se dio cuenta de que había cometido un error y que nunca tendría que haber hecho ese contacto navideño. “La mujer me llamaba Andrés, nunca me dijo Arnaldo”, puntualiza.

Eso no fue lo peor: la admiradora empezó a perseguirlo. “Me escribía cartas en las que, por ejemplo, me decía: ‘Te vi en Mar del Plata cuando te asomaste al balcón con tu pijama celeste’”.

Así, y con la idea de ponerle un punto final a toda esa “locura”, Arnaldo accedió a “tomar un té” con la señora. “Ella debía tener 60 años y yo, 34”, detalla el artista. Pero fue peor. La merienda compartida no encaminó la situación, sino más bien lo contrario. “Se me aparecía sin avisar. Me seguía a todas partes en un Fiat 600 celeste”.

Esta historia, tal como amplía el galán de Amor gitano, Amándote y Pobre diabla, entre otras novelas, lo había “sobrepasado”. Sin embargo, no podía resolverlo. “Iba a la comisaría y los policías se reían en lugar de tomarme las denuncias. ‘La tenés regalada’, me decían”.

Finalmente, el acoso terminó cuando Arnaldo decidió darle un “giro internacional” a su carrera y viajó a Venezuela. “Fueron cuatro años en los que me sentí perseguido, acosado. ¿Paranoico? No lo sé. Hasta mi familia estuvo involucrada. Sentía que podía pasar cualquier cosa, como cuando recibí en mi casa un ramo de rosas rojas y una cruz”, cierra el actor, con ganas de que nunca se repita semejante pesadilla.