Mediodía de sábado y el sol da de lleno sobre la habitación más pequeña de la casa de Jujuy 1621. En la mesa de luz, hay dos ositos de peluche y en el piso un par de ojotas negras. Sobre la cama recién tendida, un jean, una camiseta alternativa de River y un conjunto de dormir doblados con prolijidad. Al pie, de una caja de zapatos, salen apenas audibles los maullidos de un par de gatitos oscuros recién nacidos.

“Mi hija los quería mucho y a la mamá siempre la besaba en la boca”, dice Gloria Bruna que alza una de las mascotas y mira alrededor. “Acabo de limpiar y ordenar todo tal cual como cuando ella llegaba. Y como si fuera a venir. La más chica de 12 me sacude y me dice ‘mamá, Mari no va a venir’. Pero yo la espero. La espero”.

Esa espera se extiende eternamente desde hace una semana, cuando su hija de 15 llegó de Monte Hermoso con sus tres hermanos, se cambió y salió a las apuradas.

El fin de semana anterior habían discutido porque no la había dejado salir, pero el argumento de que iba al cumpleaños de una amiga la volvió más flexible.

“Le dije que la acompañaba, como había hecho otras veces, pero me dijo que no, que estaba la mamá de la amiga afuera en el auto. Alcancé a verlo, vi que era blanco, pero no quien estaba adentro. Si sabía que se iba sola con alguien más grande, no la hubiera dejado. Ese fue mi error”, se lamenta la mujer, enfermera del hospital municipal, sobre la última vez que vio con vida a su hija.

“Yo sabía que mi hija fumaba a escondidas, pero no que se drogaba”, dice con dolor. Y recuerda que aquella noche la esperó despierta hasta las 4:15: “Preparé un mate para tomar juntas. ‘Va a venir, va a venir’ me decía. Nunca pasaba una noche afuera sin avisar”.

Más tarde un llamado la sacudió. Su hija estaba muerta en el hospital Español.

Nicolás Martínez (28) la había dejado al mediodía en la guardia y fugado. Admitió que había pasado a buscar a Mariana por su casa, tenido relaciones con ella en el auto y después ido a un pub. Dijo que ella se levantaba e iba al baño, según él, a drogarse. Minutos antes de las 4, le pidió que la llevara a un departamento del barrio Universitario, donde habrían comprado más droga. Alrededor de las 6, Mariana colapsó dentro su auto.

“Me bloqueé, la pasé al asiento de atrás y empecé a dar vueltas por la ciudad”, declaró en la fiscalía 3. Dijo que la llevó a otros dos hospitales antes de dejarla en el Español, aunque una cámara de seguridad solo lo muestra entrando al Italiano cuando la chica ya llevaba varias horas muerta.

Los investigadores siguen cotejando sus dichos después de que la justicia de Garantías lo liberara al considerar que no había pruebas del abandono de persona.

“¡Cómo va a decir que una criatura de 15 años le daba droga! Y si fuera cierto, ¿no te vas a dar cuenta que es una nena?”, se pregunta Gloria sobre la declaración de Martínez.

No entiende por qué el juez lo dejó ir, si no podía desconocer que la dejó muerta y admitió que había tenido relaciones con una menor.

“Me la pasaron de droga, me la mataron”, había dicho el mismo sábado que murió Mariana. Una semana después lo sigue sosteniendo porque cree que, además de Martínez, hay otros involucrados. “La noche que se fue, mi hija me dijo que la tenían amenazada. Algo tenía en su teléfono, pero no me dejó ver qué era”, recuerda.

“No me hagas caso, sabés que soy muy alocada”, le respondió Mariana, tras guardarse su celular que la justicia aún no pudo hallar. “Tienen que encontrarlo para saber quien la amenazaba”, exige Gloria que también pide que investiguen más al director de escuela en cuya vivienda habría estado su hija esa madrugada.

En el departamento 2B de Uruguay 51, hallaron 47 gramos de marihuana y documentación a nombre de Sebastián Rodríguez Miranda. Desde el martes, lo separaron preventivamente de la secundaria 339 y cumple funciones administrativas en la Jefatura de Inspección.

Gloria en su vivienda, donde junto a su marido, lavan el auto. Dentro, todavía estaba todo lo que sus cuatro hijos habían llevado a Monte Hermoso para pasar el Viernes Santo. Entre ellos, la malla, las ojotas y otras vestimentas de Mariana que quedaron ahí, inmóviles, durante la última semana, símbolo del calvario que vivió la familia.

Todos ellos volverán a la habitación de Mariana, donde su madre seguirá esperándola. De allí solo un elemento será movido hoy: la cruz de madera que hizo su hermano carpintero Juan y que este domingo la familia la llevará al cementerio.