Los datos de una encuesta realizada a lo largo de 2017 sobre el uso de las nuevas tecnologías y el grooming arrojó conclusiones que son cuanto menos un alerta para padres, docentes y autoridades políticas: sobre 522 niños y niñas de entre 9 y 15 años de 11 escuelas de la ciudad encuestados, el 91 % de éstos tiene celular; el 98 % usar redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, etc.). Pero de ese número -casi el total sobre la muestra-, el 63 % no sabe lo que es el grooming.

El grooming está penado desde finales de 2013. El Art. 131 del Código Penal define su existencia cuando alguien, “por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad con el propósito de cometer delitos contra la integridad sexual (de ese menor)”. Quien practica el grooming busca, en definitiva, abusar sexualmente de un menor.

Pero la encuesta da otros porcentuales tan preocupantes como los anteriores: el 43 % de los encuestados no habla con sus padres (o tutores) sobre los riesgos en Internet. El 38 % admitió que no son controlados por sus padres cuando utilizan Internet. Los que respondieron tener algún control, mayormente está relacionado con el tiempo y horario de uso (40%), y estos controles van disminuyendo a medida que aumenta la edad.

Y otro dato quizás aún más grave: el 38 % de los encuestados (niños y niñas) tiene entre sus contactos de redes sociales a personas desconocidas (además, el 37 % usa un perfil público). Esa cantidad aumenta a medida que los encuestados tienen mayor edad.

El grooming o acoso virtual con intenciones de abuso sexual es un delito silencioso, oculto en las sombras del anonimato que da las nuevas tecnologías. Contar con algunos datos de referencia sirve para que se pueda dimensionar a qué riesgos se enfrentan niños, niñas y adolescentes cuando utilizan las redes sociales.

El relevamiento se enmarca en una campaña contra esta problemática que impulsa el edil Sergio Basile (UCR-FPCyS). La campaña consiste en recorrer instituciones educativas de la ciudad dando charlas de concientización y prevención, e informar qué se debe hacer ante la sospecha de estar ante un eventual caso de grooming.