Mayores impuestos sobre gaseosas, bebidas alcohólicas y cigarrillos podrían ser una poderosa respuesta al aumento de las tasas de enfermedades no transmisibles (ENT) en el mundo, de acuerdo con un estudio publicado en The Lancet, una prestigiosa revista médica británica.

Basados en datos recopilados en todo el mundo, el estudio presenta una fuerte evidencia de que los impuestos sobre productos “no saludables” tienen el potencial de producir importantes ganancias de salud entre los sectores más pobres de una sociedad, al lograr reducir su demanda.

Enfermedades cardíacas, apoplejía, diabetes, enfermedades respiratorias crónicas y cáncer son responsables de 38 millones de muertes cada año y 16 millones de estas personas son menores de 70 años.

“Son una causa importante y una consecuencia de la pobreza en todo el mundo”, destaca la doctora Rachel Nugent, vicepresidenta de RTI International, un instituto de políticas de salud sin fines de lucro en Seattle, y presidenta de The Lancet Taskforce.

“Los impuestos sobre productos no saludables pueden producir importantes beneficios para la salud, y la evidencia muestra que pueden implementarse de manera justa, sin dañar desproporcionadamente a los más pobres”, agregó Nugent.

Los investigadores se basaron en 283 estudios internacionales que incluyen datos de India, China y Brasil. Esos datos muestran que el bajo nivel socioeconómico se asocia constantemente con mayores tasas de enfermedades no transmisibles en países de bajos y medianos ingresos.

Además, la investigación, que incluye 13 enfermedades crónicas, concluye que las ENT colocan una carga económica sustancialmente más alta en los hogares de bajos ingresos en comparación con los de mayores ingresos, especialmente en ausencia de seguros de salud.

Los pacientes no asegurados experimentaron un aumento de 2 a 7 veces en las probabilidades de un gasto catastrófico en salud en comparación con los pacientes asegurados.

Incluso con un seguro de salud protector, altos niveles de copagos o la falta de cobertura para tratamientos específicos significa que los hogares a menudo pueden experimentar gastos catastróficos. En China, por ejemplo, 1 de cada 3 pacientes (37%) con accidente cerebrovascular (ACV) está empobrecido de pagar por el tratamiento médico e incluso entre las personas con seguro de salud, más de la mitad (53%) experimentó una catástrofe financiera.

Al respecto, el profesor Louis Niessen, autor de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool (Reino Unido) dice: “Las desigualdades en salud debido a las ENT están aumentando a nivel mundial. Los pobres, con expectativas de vida ya más cortas y que soportan la peor parte de la desnutrición, las enfermedades infantiles, las infecciones graves y las afecciones relacionadas con el embarazo, son los más propensos a verse afectados por estas dolencias”.

Al analizar los patrones de consumo, el gasto y la capacidad de respuesta a los cambios de precios en diferentes grupos de ingresos, los investigadores concluyeron que los impuestos pueden producir importantes beneficios de salud para los más pobres. El análisis se basa en los datos disponibles de 13 países (Chile, Guatemala, Panamá, Nicaragua, Albania, Polonia, Turquía, Tayikistán, Tanzania, Níger, Nigeria, India y Timor-Leste).

Según el estudio, el aumento de impuestos afecta más a las familias más ricas, lo que significa que los ingresos generados por el gravamen provienen de este sector socioeconómico.

En segundo lugar, el análisis también muestra que los hogares de bajos ingresos responden a los cambios de precios más fácilmente que los hogares de mayores ingresos.

En el Reino Unido, la respuesta a la posible introducción de un precio mínimo para el alcohol se estimó en 7,6 veces mayor en los sectores más carenciados, en comparación con los más ricos. En México, la introducción de un impuesto a las bebidas gaseosas resultó en un promedio de 4,2 litros anuales menos comprados por persona, con una disminución del 17% en las compras entre los grupos de menores ingresos y casi ningún cambio en los grupos más adinerados.

Los autores señalan ejemplos de programas a favor de los pobres en México, donde parte de los ingresos del impuesto a las bebidas no alcohólicas se utilizan para proporcionar agua potable a los niños en las escuelas públicas.

“Las conclusiones científicas sugieren que son exageradas las sospechas según las cuales subir los impuestos al tabaco, el alcohol y las bebidas gaseosas perjudican a los pobres”, dijo Nugent.

En la Argentina, la reforma tributaria del año pasado iba a incluir un aumento de impuestos para las bebidas azucaradas, algo que finalmente no se concretó.

“Nuestro país es uno de los países con mayor consumo per cápita de estas bebidas del mundo. Argentina está muy atrasada en este sentido. Hay que desnaturalizar el consumo”, señaló a Clarín Raúl Mejía, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

“A pesar de lo que recomiendan todos los organismos, no hubo aumento en los impuestos. Y es una lástima, porque habíamos demostrado que si reducís un 20% el consumo de bebidas azucaradas, reducís 14.000 casos de diabetes”, agrega Mejía.

Por otro lado, y con respecto a este tema, el ministro de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, señaló al matutino que “el impuesto a los producto no saludables es la estrategia de mayor impacto para reducir el consumo”. Y agrega que hay otros métodos también efectivos para desalentar la compra, como “las advertencias sanitarias en el packaging” que se ven en los cigarrillos.

Sobre el frustrado impuesto a las bebidas azucaradas, dijo que “en algún momento volverán a la agenda pública”. Y recordó que “Argentina es uno de los cuatro países de mayor consumo de bebidas azucaradas”.

“La epidemia de obesidad está descontrolada, hay un 60% de la población adulto con sobrepeso y un 40% chicos, mayoritariamente pobres, con el mismo problema”, recordó.