“El centro de Rosario está colapsado”, advierte María Laura Pagani, directora del Instituto de Estudios del Transporte de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). La descripción intenta aportar términos justos al debate sobre las medidas necesarias para resolver uno de los problemas con los que conviven a diario quienes transitan por el área central. Para la profesional, este problema tiene su principal origen en la cantidad de vehículos que ingresan a diario al sector. Y aunque considera que “ninguna medida que se aplique será gratuita en cuanto a sus impactos”, confía en que “hay que tomarlas para restringir la circulación de autos particulares en el centro”, sin que esto signifique una condena a muerte para el área.
Pagani es ingeniera civil y está al frente de un organismo interdisciplinario que desarrolla actividades académicas y de investigación en temas relacionados con el transporte. El instituto, que depende de la Facultad de Ingeniería de la UNR, actuó como asesor del Plan Integral de la Movilidad que desde 2011 desarrolla el municipio.

La problemática del área central rosarina volvió a ganar atención ayer al conocerse algunos datos que forman parte del monitoreo permanente que realiza el Ente de la Movilidad. Diariamente, cerca de 300 mil vehículos ingresan al centro de la ciudad. Y un quinto de este tráfico se produce en sólo tres horas, entre las 7.30 y las 10.30, cuando un promedio de 54 mil coches se agolpan para circular por las estrechas calles de la zona de Oroño, Pellegrini y el río.

Como reconocen taxistas y colectiveros, circular por el centro en horas pico puede resultar un verdadero ejercicio de paciencia para quienes pretenden llegar a horario a escuelas, bancos, consultorios médicos y oficinas públicas. Un fenómeno estrechamente relacionado al crecimiento del parque automotor (en los últimos años se incrementó un 24 por ciento el patentamiento de vehículos) y un trazado urbano de calles angostas y pocas avenidas rápidas.

Desde hace siete años, la Municipalidad puso en marcha un plan de movilidad que prioriza formas de transporte más sustentables que el auto particular, aún así el 30 por ciento de los traslados de la región se concretan en automóvil, de acuerdo a la última encuesta de origen y destino.

—Comúnmente se dice que circular por el centro es “un caos” ¿Como calificaría la situación del tránsito en esta zona de la ciudad?

—Es una zona que está colapsada, lo que significa que el nivel de servicios que ofrece como vía de comunicación no da abasto. Esto sucede cuando uno no puede elegir a qué velocidad circular o cuándo hacer detenciones. Y que el tránsito resulte caótico es debido en gran parte a la gran participación de vehículos particulares. Esta situación puede revertirse, pero ninguna medida que se aplique resultará gratuita en cuanto a sus impactos.

—Este es un problema que se ha tenido que abordar en la mayoría de los grandes centros urbanos. ¿Hay alguna experiencia que podría adaptarse a la realidad de Rosario?

—Claro, las áreas centrales de los grandes centros urbanos tienen este tipo de problemática, sobre todo cuando se permite el acceso irrestricto de vehículos particulares en la zona céntrica. Creo que en Rosario se han dio tomando medias para restringir esta participación de vehículos. Un camino que se ha seguido en todas las ciudades medianas a grandes que han aplicado medidas que restringen o limitan ese ingreso vehicular. Esos son ejemplos a tomar.

—¿Recomendaría esa medidas?

—Recomendaría medidas disuasorios del ingreso y medidas alternativas para reducir el número de autos particulares. No se puede extrapolar lo que funciona en una ciudad, porque ni la ciudad, ni las actividades, ni la población culturalmente son iguales. Aquí hay mucha carga social sobre estas medidas.

—Los comerciantes no se cansan de repetir que “van a matar al centro” cada vez que se avanza en ese sentido…

—Es una opinión personal, pero estoy convencida de que las áreas centrales no van a dejar de tener afluencia de personas, trabajadores o consumidores por restringir el tránsito vehicular. Es necesario discutir y cambiar este paradigma de pensamiento, porque en realidad lo que produce el ingreso de automóviles es complicar los tiempos de traslado, afectar la performance del transporte público y contaminar más. No es sustentable mantener tal afluencia de vehículos en la zona central.

—Muchos justifican el uso del automóvil particular en las falencias del transporte público. ¿Se pueden pensar medidas restrictivas sin introducir mejoras en el sistema de colectivos?

—Debe haber un cambio en el sistema de transporte que creo que esta contemplado en la implementación del nuevo sistema. Por ejemplo, la existencia de playas de estacionamiento por fuera del área central y muy buen sistema de transporte público desde los estacionamientos al centro. Hay diferentes posibilidades, una medida lleva a la otra y ninguna puede proyectarse en forma individual porque estos desfasajes hacen sobresalir las deficiencias, en este caso del sistema de colectivos.