El fútbol argentino apunta con su modelo cortoplacista y exportador en dirección al Hemisferio Norte. Así, Joaquín Arzura dejó River para su primera experiencia en el exterior, en el Osasuna de España. Una historia de pérdida y superación deportiva, desde los inicios deportivos en su Campana. Nos juntamos en el barrio de Palermo pocas horas antes de que emprendiera el viaje a Europa. Se lo notaba entusiasmado. También, algo ansioso. Lógico en un joven de 24 años que deja a su familia para irse lejos, a vivir sólo en una ciudad que desconoce.

¿Cómo te preparás para tu primera experiencia fuera del país?
-Lo vivo como un nuevo desafío. Me voy a vivir a otro continente y es algo que me llama la atención. No conozco Pamplona, pero estuve mirando en internet el lugar y me gustó. Por suerte mi hermana vive en Madrid y eso me da tranquilidad.

-Ahora que te vas a Europa, ¿qué ves al mirar hacia atrás?

-No fue fácil llegar hasta acá. Mi papa murió cuando yo tenía siete años. Empecé a jugar con mis amigos del barrio en Villa Dálmine; vivía al lado de la cancha con mi mama y mis hermanas. Después me fui a probar a San Lorenzo, pero no quedé. Lo mismo en Lanús y en Central. Hasta que a los 14 años hice un nuevo intento y probé en Tigre. Estaban Fabio Radaelli, como coordinador, y Pobersnik y me ficharon para la novena.

-Así que empezaste a viajar diariamente de Campana a Victoria…

-Era un viaje eterno; mínimo dos horas de ida y dos de vuelta. Salía a las 7:00 para ir al colegio y mi vieja me pasaba a buscar una hora antes de terminar para acercarme a la Terminal o me alcanzaba hasta Escobar. Almorzaba y me cambiaba en el auto. De Escobar me tomaba la línea 60 y de vuelta un ómnibus de larga distancia por la Panamericana.

-Esas historias de esfuerzo sostenido son un factor común en el futbolista, y finalmente terminan dando su fruto.

-En mi caso fue duro porque debuté en Primera (N. de R.: por Copa Argentina, ante Defensa y Justicia, en noviembre de 2011) y a los pocos meses me bajaron a inferiores. Un año después, volví a subir y otra vez a bajar. En un momento pensé que no iba llegar, porque con edad de cuarta división comencé el año con mi categoría. Lo común es llegar a Primera antes y afianzarse, pocos quedan de los que empiezan el año en Cuarta. En la pretemporada me dije “es ahora o nunca”. Finalmente Gorosito, un par de meses después, me subió a Primera, arranqué a jugar y ya no salí.

-¿Cómo es el Mundo River?

-River es único. Entrar a jugar en el Monumental es especial. Es lo máximo que me pasó en el fútbol. En River crecí mucho como persona y como jugador. Estás en un lugar donde no falta nada: ropa, pelotas y canchas perfectas. Pero River es un lugar de mucha exposición y al tener acceso a muchas cosas te podés confundir. Hay que tener los pies sobre la tierra.

-Se destaca mucho a Gallardo en su rol de conductor. ¿Cuál es su virtud?

-Marcelo es un gran cabeza de grupo porque logra que todos estemos, todo el tiempo, al nivel máximo que podemos dar. En actitud, en concentración, en preparación. No deja nada librado al azar, está en todo.

-Estuviste un año y medio en River pero tuviste continuidad, ¿se te hizo difícil de sobrellevar?

-Sí, cuando llegaba por Whatsapp la lista de concentrados y yo no estaba me sentía muy mal. Entrenar y no jugar es muy difícil, me afectaba bastante.

¿Cómo viviste la situación del doping de Mayada y Martínez Cuarta? Incluso se mencionó tu nombre.

-Fue una situación muy fea. A todos nos dolió mucho y ponemos las manos en el fuego que no quisieron sacar ventaja. No sé bien qué pasó. Nos dijeron que un producto estaba contaminado y que le podía haber tocado a cualquiera. Me asusté porque no sabía si habíamos tomado lo mismo y como también había estado en los controles podía quedar involucrado. Era una pastilla de cafeína, por sí te sentías “medio para abajo”, optativa para el que la quería la tomaba. Me dijeron que la usaban desde hacía tres años. Cuando saltó a la luz el incidente, el cuerpo médico nos juntó a todos y nos comunicó que algo se había hecho mal en el laboratorio. Esa fue la explicación.

-“Me quedo en River a pelearla”, habías dicho a hace seis meses. ¿Qué te hizo cambiar de opinión ahora?

-El entrenador, que me recomendó que buscara continuidad en otro lado porque en River me iba a costar jugar. Me dijo que era joven y que no me convenía seguir en el club, jugando poco y sin poder demostrar lo que me esforzaba en la semana. Obviamente que la decisión de irme es mía, pero las palabras de Gallardo fueron determinantes para que aceptara la oferta del Osasuna.

-Toda una decisión. Hay gente que en tu situación preferiría quedarse.

-Con dos años de contrato lo más sencillo para mí hubiese sido quedarme o buscar un club en Argentina. Me fui de River a España porque busco salir de la zona de confort y quiero hacer las cosas bien para volver.