Homilía de la Santa Misa Crismal celebrada el miércoles por la noche en la Iglesia Catedral.

“La Iglesia hoy es cuestionada con y sin fundamentos, los cristianos debemos reconocernos frágiles y pecadores y asumir nuestras debilidades, pero de ninguna manera alejarnos de la capilla, la comunidad, la Iglesia. Hoy se escucha con mucha frecuencia “yo creo en Cristo pero no en la Iglesia”, no se puede concebir seguir a Cristo y no ser Iglesia. Es por su esposa la Iglesia que Cristo dio la vida. Esto no nos debe encerrarnos en nosotros mismos, por el contrario debemos abrirnos al dialogo y actuar con mansedumbre, humildad y valentía. Quiero una Iglesia Diocesana que tenga una opción de trabajo por los pobres”, señalo Monseñor Macín ante una Catedral colmada con laicos de toda la Diócesis.

En esta celebración se consagró el Santo Crisma, aceite que es materia esencial del sacramento de la Confirmación, también es utilizado en el Sacramento del Bautismo, en las ordenaciones de los obispos en la cabeza y de los presbíteros en las plantas de las manos, en la bendición y consagración de los templos y del altar; igualmente se bendijo el Óleo de los Catecúmenos usado especialmente en el Sacramento del Bautismo para fortalecer al bautizado en la lucha de la vida cristiana; y el Óleo de los Enfermos para implorar el remedio en la enfermedad para que los fieles sean aliviados físicamente y les sea restituida la salud. Los sacerdotes renovaron las promesas sacerdotales, que ha de ser tenida como una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo y como un signo de la unión estrecha de los presbíteros con él.