“Hoy comimos empanadas de “dientudos” que pescamos en la zanja acá del otro lado de la ruta”, nos comentaba Marcos (12 años) que cursa el tercer grado en la Escuela Nº 6338 de Campo Mejías, ubicada a unos 3 km de donde está su precaria vivienda, construida con plásticos, atados a 4 postes de madera.

Luis Chamorro y Patricia son la pareja; sus hijos:

-Rosa de 14 años cursa el sétimo grado.

-Marcos de 12 cursa tercer grado.

-Luis Miguel (8) cursa segundo grado.

-Bella (6) primer grado.

-Ana Paula (5) en Preescolar.

Todos alumnos de la Escuela Nº 6338 de Campo Mejías ubicada al este de su vivienda a unos 3 km aproximadamente, donde concurren yendo en dos bicicletas.

INTENTO DE DESALOJO

“Llegaron dos camionetas y un camión de la Municipalidad por la ruta y por detrás –por el pajonal- llegó una motoniveladora y nos dijo que iban a derribar nuestra casa” nos comentaba Luis Chamorro.

“Después de muerto le dije y mi mujer le preguntó: Tenemos 5 chicos ¿Usted tiene criaturas? Y me contestó que sí, tomó el celular habló con alguien y me contestó, no va a pasar nada, quédense tranquilos. En poco minutos se fueron todos.”

“Nos dijeron que nos daban un terreno pero ¿Y qué vamos hacer? No tenemos nada…vamos a dormir en el suelo? Nos decía acongojada Patricia, la madre de los niños.

“Tenemos que traer agua de muy lejos, por eso los chicos se bañan cada dos días más o menos”…finalizó diciendo Patricia.

NO TIENEN NADA

Dos camas: Una de dos plazas y otra de una donde duermen los 7 integrantes de la familia. Sólo hay una cocina a gas, no hay mesa, un pequeño aparador donde guardan algunas cosas: “Acá guardamos la linterna (la única iluminación para la noche), una silla plástica a la que le falta una pata, un reloj…” nos comentaba Marcos el más locuaz de los hermanitos, a los que a pesar de la extrema indigencia, se los nota sanos, vivarachos y felices.

El único ingreso genuino es la asignación familiar por hijo a la que complementan vendiendo carnadas que sacan de los zanjones que hay a la vera de la Ruta 11.

La Municipalidad no sólo tiene que darles un terreno para que salgan de ese lugar –muy cercano a una de las estaciones de verificación de la red de gas- sino como mínimo hacerles una vivienda con las mínimas comodidades; por lo menos un techo seguro donde puedan vivir.

Dar una mano, hacer un favor, son actitudes que implican una apertura hacia los otros, una clara demostración de que somos humanos que realmente nos importa el otro.

No nos tiene que importar si vienen de San Antonio, que se tienen que hacer la ligadura para tener tantos hijos y otro tipo de justificaciones que circulan en las redes sociales: HOY en plena SEMANA SANTA demostremos que somos humanos y que nuestra Municipalidad, las que nos representa institucionalmente, de una solución a estos niños.